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Crónica

Los verdes caminos de la marihuana

Actualizado el 18 de junio de 2013 a las 10:49 am

Las montañas de Alto Telire no tienen calles ni trochas, pero se abren para los traficantes de droga

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Los verdes caminos de la marihuana

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En estos cerros y montañas los indígenas sacan la marihuana en sacos a la libre y sin restricciones.

Solo dos o tres veces a año, los equipos policiales entran a la reserva indígena de Telire, pues no hay un grupo permanente que pueda vigilar la

Alta Talamanca ni helicópteros exclusivos para esta tarea a pesar deque las autoridades saben que la siembra se hace de forma permanente.

Un equipo de La Nación acompañó la semana pasada a un equipo de policías en una operación de erradicación de droga. Los oficiales habían salido en parejas desde el aeropuerto de Pandora en las afueras del valle de la Estrella, en Limón.

En pocos minutos el helicóptero remontó las plantaciones de banano que rodean la estación aérea y se internó en territorio cabécar a la altura de Vesta, el último lugar donde hay algo llamado calle en la ruta a la reserva Telire.

Los agentes de la Fuerza Pública entran a la reserva Telire en Alto Talamanca solo tres veces al año.
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Los agentes de la Fuerza Pública entran a la reserva Telire en Alto Talamanca solo tres veces al año. (Esteban Mata)
La cordillera dejaba ver en todo su esplendor a "las dos tetas", un par de cerros conocidos así por su forma cónica y que sirven a pobladores, oficiales y pilotos del Servicio de Vigilancia Aérea para determinar en buena parte si se puede o no entrar o no a la zona de Alto Telire.

Si desde Pandora no se ven los cerros, no se vuela, se quede quien se quede. Lo mismo pasa desde las montañas de Telire, si las dos tetas no son visibles desde allí, los indígenas y policías saben que no entrará ninguna aeronave.

Esta es una ventaja para los indígenas que siembran droga, pues los helicópteros que sirven a la policía para llegar a los plantío de droga, también son la alerta a los indígenas que participan en el trasiego de droga, para tener tiempo de ocultarse.

En tierra. Una vez en el campamento, basado en el cerro de Piedra Mesa, los oficiales se trasladan a pie hasta los sembradíos de droga previamente visualizados en otros sobrevuelos. En caso de no tener helicóptero para salir, como sucedió el pasado lunes, el caudaloso río Telire marca la salida, pero los oficiales saben que esta es solo una de miles de salidas de la reserva.

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Una vez destruida la marihuana, la vuelta al campamento puede tardar unos minutos en helicóptero, o exigir un fuerte gasto de tiempo y energías si se hace a pie. Todo depende de que tan nubladas se vean los cerros de las dos tetas.

Las quemas de marihuna en Alto Telire, en Talamanca, se hacen a días de distancia del Valle de la Estrella.
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Las quemas de marihuna en Alto Telire, en Talamanca, se hacen a días de distancia del Valle de la Estrella. (Esteban Mata)

Las quemas de marihuana en Alto Telire, Talamanca, se hacen tres veces por año.

Así sucedió esa tarde. A la columna de 14 oficiales no les quedó más que machacar el barro bajo la lluvia que se colaba entre los gigantescos ceibos. Buscaban la salida. Atrás quedaron chamuscados cuatro plantíos de marihuana que se suman a los quemados a principios de año, para acumular una cifra que ya supera las 500.000 plantas.Al no poder entrar helicóptero, los oficiales tenían por delante una caminata de cuatro horas.Para los indígenas eso es una cosa de nada, pues caminan rápido, saben rutas y no se pierden en la montaña. Si un buen caminador hace el recorrido del cerro Arcoiris a Piedra Mesa en cuatro horas, un indígena cabécar lo hace sin agitarse mucho, en la mitad del tiempo.

En esta misma operación, el oficial Díaz, un guanacasteco que vive en el Valle de la Estrella y que está casado con una indígena, lleva la prueba de la ventaja de los indígenas ante la policía. Camina como los demás, en silencio, con su fusil galil de 36 tiros colgado al hombro y en una mano una bolsa de marihuana seca y lista para el consumo.

Tres horas antes, Díaz y seis de sus compañeros habían bajado al cañón del río a quemar una plantación y de vuelta, se toparon a un indígena que venía tranquilo con el paquete en la mano.

-¡Alto policía!-, gritó uno de los oficiales y otro pegó dos tiros al aire. Del indígena no quedó ni un rastro. Se internó en la maleza antes de que pudieran siquiera acercarse, pero el paquete de marihuana había quedado en el suelo.

Así se mueve la marihuana acá, como si fuera lana para el portal. Los indígenas esperan a que se vayan los policías y vuelven a sembrar sus plantas, y cuando suena el helicóptero, saben que se deben esconder. Mientras tanto, alto Telire sigue siendo un laberinto verde donde la marihuana fluye a Limón y de allí, al valle Central "para venderse en escuelas y colegios", se lamenta Díaz.

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Mientras tanto, los policías siguen batiendo barro.

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Esteban Mata

emata@nacion.com

Periodista de Política

Periodista de Política. Bachiller en Periodismo por la Universidad Latina. Cronista parlamentario y reportero de investigación premiado por el TSE, la Defensoría de los Habitantes y colaborador de medios internacionales.

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