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Entrevista con el nuevo Canciller: con Nicaragua de lejitos

Actualizado el 01 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Entrevista con el nuevo Canciller: con Nicaragua de lejitos

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MARIO ROJAS

Dos semanas y media después de asumir el cargo de canciller de las República, el abogado Manuel González Sanz recibió su primer salario y recordó por qué pensaba no volver a un puesto de Gobierno .

“Esto es un sacrificio enorme. Ayer me llegó el primer pago y con eso no me alcanza casi ni para la luz, y menos que está tan cara”, dijo entre broma y seriedad.

La responsabilidad, sin embargo, la tiene asumida. Dice estar de lleno en los asuntos administrativos, preparando una gigantesca logística de la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) de enero del 2015 y atento a los embajadores que debe nombrar. Apenas ha tenido tiempo de mirar temas de fondo, pero el tema de Nicaragua lo tiene claro: nada de simpatías por ahora.

¿Qué diferencias quiere aplicar en la política con Nicaragua?

Lo que se hizo fue lo correcto: la defensa de los intereses del país y no ceder en una posición ante la amenaza ante nuestra soberanía. Nos obligaron a recurrir al derecho internacional. Esto con blablá no se iba a solucionar. Si el que invade no quiere retractarse, para eso vamos a la Corte de La Haya.

¿Hay interés o no en reactivar la agenda binacional?

Interés sí, pero con condiciones claras. Transparencia, buena fe y que no mezclen los temas. Si hablamos de los binacional, no vamos a hablar de los litigios. No vamos a negociar nada sobre los litigios. De ninguna manera un diálogo podría interpretarse como una señal de debilidad. Podemos hacer un esfuerzo de encapsular los conflictos y afrontar la realidad migratoria, de seguridad o de comercio.

¿Quién debe tener la iniciativa?

Costa Rica ha estado dispuesta. La puerta está abierta.

Pero es un nuevo gobierno.

Los acercamientos serán caso por caso. Un diálogo frecuente sobre todos los temas, que sería lo deseable entre países vecinos… no se va a dar en el corto plazo.

¿Y la Comisión Binacional que se impulsó con Óscar Arias?

Existe, pero digamos que está… no está funcionando. Se puede reactivar, pero caso por caso.

Decía don Enrique Castillo que ya no hay personal de Nicaragua en la zona del conflicto . ¿Es así?

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A ver, oficialmente no lo hay, pero los reportes que tenemos es que sí hay incursiones ocasionales.

Decía también que los problemas con Nicaragua no se van a acabar con La Haya. ¿Coincide?

Claro, probablemente más bien se acentúen.

¿Y comparte también la especial preocupación por Rusia?

Claro, se lo he dicho a varios embajadores. Nos preocupa ver que en un momento tan crítico para Rusia (con la crisis de Crimea) el Canciller se tome el tiempo casi de improvisto para visitar Nicaragua y coincida con la compra de armamento. Y tenemos un aeropuerto en San Juan del norte con capacidad militar… ¿cómo no nos va a preocupar? ¡Por supuesto que nos preocupa!

¿Qué hacer entonces?

No podemos hacer nada más que levantar nuestra voz con embajadores y en cada foro explicar nuestra preocupación. Por que si no, cuando nos llevemos una sorpresa, nadie nos oirá. Mejor prepararnos con anticipación. No hay elementos que nos den tranquilidad.

En apuros

¿Cómo encontró la Cancillería?

Recibo una institución de una gran persona a quien respeto y tengo gran cariño (Enrique Castillo). Le tocó una época dura por asuntos administrativos que le robaron atención a temas de fondo, pero aún así lo hizo muy bien. Yo me he concentrado estas semanas en cosas administrativos, que consumen muchísimo tiempo. Otro tema que nos consume mucho es el análisis de las personas que nos puede ayudar como embajadores, pero tampoco queremos hacerlo a la carrera, no hay un plazo perentorio.

¿Por qué el ex precandidato Juan Carlos Mendoza sí se anunció como embajador en la ONU desde el 14 de abril si no es urgente?

Para serle honesto, no lo sé. Yo no participé en su designación.

¿No se requiere el criterio del Canciller para elegir un embajador ante Naciones Unidas (ONU)?

La decisión es del señor Presidente. Si las valoraciones que él hizo fue que él (Mendoza) podía acompañar mejor la agenda del país en ese foro, claro que lo respeto y lo apoyo. Ocurre también que la Asamblea General de la ONU es en setiembre y hay una logística que se debe preparar pronto.

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¿Cuáles son las virtudes de don Juan Carlos Mendoza para ser embajador en Naciones Unidas?

Ha tenido alguna experiencia en Ginebra (voluntario en centro del Consejo Mundial de Iglesias, según el currículo ). En su paso por la Asamblea Legislativa (asesor, diputado y presidente) le tocó negociar mucho. El trabajo en ese cargo es muy político, no tanto técnico.

Hubo gente que lo criticó como un nombramiento muy político.

Cualquier cosa que diga sería una especulación e injusto con Juan Carlos y con el Presidente. Yo no estuve involucrado; mi decisión personal de aceptar este puesto se dio al final, fue difícil, yo no quería volver. Es un sacrificio enorme.

Dice usted que viene un trabajo enorme por tener Costa Rica la presidencia de la Celac en 2014.

Es un trabajo grande de coordinación con 33 países. Hay que llevar un balance muy delicado. Tenemos la cumbre en enero del 2015 y la logística es enorme, sin precedentes en organización de reuniones de presidentes.

¿No es demasiada carga para el país presidir ahora la Celac?

Por supuesto. Lo es, lo es. No critico la decisión que se tomó en su momento de asumir la Presidencia de la CELAC (2013), yo no conozco las razones de ese momento, pero teniendo un cambio de gobierno, implica para Costa Rica un esfuerzo adicional. Lo óptimo hubiera sido tener esta presidencia después, tal vez ni siquiera en el 2015. Trasladarle esta responsabilidad a un nuevo gobierno, con una agenda pesada… pues sí, implica una sobrecarga de voltaje. Los recursos económicos y humanos para esta coordinación, en un marco de austeridad, nos ponen en una situación comprometida.

¿Cuánto costará esto?

Estamos en eso. Esto hay que contratarlo. No es de una comisión que consigue unos carritos y ya. Esto no es una tomada de café. Lo tenemos que hacer con modestia, pero con un mínimo de decencia.

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