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Entrevista con Iván Barrantes, exconsejero de Luis Guillermo Solís: ‘Nadie sabe bien qué es el cambio’ político.

Actualizado el 28 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Entrevista con Iván Barrantes, exconsejero de Luis Guillermo Solís: ‘Nadie sabe bien qué es el cambio’ político.

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Un año atrás, Iván Barrantes iba de traje y corbata a su oficina en la Casa Presidencial, para diseñar una estrategia de comunicación del Gobierno, que apenas gateaba. Era un asesor ad honorem , categoría que ahora él reconoce como un eufemismo, para referirse a su intención de dar servicios impagables para la administración pública, pero sin privarse de trabajar en proyectos privados.

Ahora, casi un año después de haber protagonizado la primera baja de los hombres de confianza de Luis Guillermo Solís, Barrantes concluye que jamás debió haber estado ahí. Lo dice vestido con jeans , camisa tipo polo y barba a medio crecer, en una entrevista sobre la imagen del Gobierno.

“Era un proyecto que no estaba preparado para ganar y que nunca había sido gobierno. Eso era un coctel molotov y creo que recién ahora, después de un año, está preparado para hacerlo”, dice Barrantes.

También ve deficitaria la estrategia del mensaje de Solís. Dice que no hay un hilo conductor sobre lo que se quiere proyectar y eso deja el espacio abierto a los impulsos. Por ejemplo, el episodio de los aguacates que fue a dejar el ministro de Comunicación, Mauricio Herrera, a un restaurante de la cadena Subway.

Ahora es consultor de un candidato presidencial en Guatemala, de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol) y posee tres opciones de meterse en la política municipal de cara al 2016, no necesariamente con el PAC.

Dice que la campaña de Luis Guillermo le marcó la vida, que el mandatario fue “un advenedizo” en el PAC y que Ottón Solís es una piedra en el zapato. Así habla Barrantes en una de las mesas del café Ruiseñor (Los Yoses, San José), donde los políticos son clientes frecuentes. Y él también.

Ve lo que pasa con la imagen en el Gobierno ¿y qué piensa?

Es que yo me quedé más en un proceso de acomodo. Este era un partido que nunca había gobernado y entraba en curva de aprendizaje muy fuerte. Ahora, hay mucha inmediatez y exceso de información, lo que aumenta el riesgo de cometer errores.

¿Dónde están los errores?

Yo insisto en que hay que construir un relato propio. Si no se tiene, es difícil que la gente entienda. Es como leer un libro. Si no hay un buen relato, usted no acaba el libro. El negocio de la comunicación parte mucho del relato.

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¿No lo tiene el Gobierno?

Sí tiene relato, pero ha gastado mucho tiempo en el capítulo 1, el de no ser corrupto. En eso ha sido exitoso, pero eso no es el relato total. La gente lo que quiere ver son obras, ver hacer.

¿Dice que ya deberían percibirse productos tangibles?

Correcto. Lo he visto en encuestas privadas. Cuando a la gente se le pregunta qué obras hace este Gobierno, las respuestas son dispersas. Se demuestra que no hay un relato claro.

¿Se percibe a este gobierno como incapaz de hacer obra?

El problema es más con las cosas que no suceden, para concretar el cambio prometido. Ahí hay un gap (una brecha) grande.

¿Le queda capital político?

Depende de a qué se llame “capital político”. Recibir 1,3 millones de votos no es capital político, sino resultado de una campaña exitosa en construir expectativas e imágenes, en una campaña en que él acabó corriendo solo.

Expectativas bumerán, ¿no?

Total. Como todo en la vida. Crear expectativas es crear un hoyo difícil de llenar, más cuando se llega al Gobierno y se da con un diseño complejo del Estado. Por eso, es cierta la frase de verla venir y bailar con ella. Solo estando ahí, uno se da cuenta del montón de trabas, para que las cosas fluyan. Aquí no hay supermanes.

Parece que se vendieron falsas expectativas.

Hay que ver primero por qué votó la gente. Yo hice esa campaña y sé que la gente votó por dos cosas: por sacar al Partido Liberación Nacional (PLN) y por confiar en alguien, aunque a ese alguien lo conocía poco. Lo de votar por un cambio... es que nadie sabe bien qué es el cambio.

Pregunto entonces, ¿qué es ese “cambio”?

Está asociado a la acción de movimiento, a que las cosas suceden, pero en este país estamos más preocupados por cuidarnos las espaldas, por evitar que alguien robe. Entonces, el funcionario público prefiere no tomar riesgos. Y nada exitoso se construye sin tomar riesgos.

Decía que se generó una energía negativa sobre el Gobierno.

Es que como el relato no está claro y se quedó en el capítulo 1, la especulación es la protagonista. Eso es peligroso porque se forma imagen de que no hay rumbo, aunque sí lo haya. Lo ideal es construir un relato sencillo, aunque sea con información compleja. Es como lo que hizo Dan Brown con el Código Da Vinci ; su virtud fue tomar información que solo llegaba a los que nos gusta el esoterismo y construir una historia para el público masivo.

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¿Alguien hace en el Gobierno la tarea que usted iba a hacer?

No. Yo soy un bicho raro y no creo en la figura del Ministerio de Comunicación. Puede haber 10 comunicados de prensa en un día, pero las imágenes hablan mucho más. Hay exceso de información y un concepto brutal de inmediatez que le tocó a este Gobierno. El manejo estratégico es indispensable. Debe monitorearse cada semana, para entender por dónde va el pulso de la ciudadanía. Se sigue pensando de manera tradicional y yo estoy en contra de eso. Creo en el márketin político, aunque para muchos, sea una palabra prohibida.

¿Aconseja al presidente?

Soy un amigo que da su opinión cuando se la piden. Hay un vínculo umbilical con este Gobierno. El presidente es una persona que escucha mucho, y esa es una gran virtud, que puede ser también su gran defecto.

¿Por qué un defecto?

Porque en ciertas situaciones se debe actuar más que escuchar o reflexionar. Se ha visto en algunos casos, pero son estilos, y no juzgo, puede ser un sesgo mío.

¿Fue error llevar a Melvin Jiménez, amigo suyo, a Zapote?

Él fue un chivo expiatorio. A él no le gusta tener relación con ustedes los periodistas. El estilo de management (gerencia) de Melvin, viniendo de una estructura cerrada como iglesia, es hermético y controlador. Creo que eso le pasó la factura. Habría sido mejor no colocarlo como vocero. ¿Dónde dice que el ministro de Presidencia debe ser vocero? Siempre dije que debía existir un vocero, un escudero, para golpear o defender cuando es necesario, pero no todos sirven para eso. Hay, además, una trampa con el simbolismo de “casa de cristal”, que sube las expectativas, de que siempre habrá respuestas.

¿Se puede tener un buen relato si no hay obras?

Es que el márketin no es ficticio. Se crea una historia sobre un producto real.

¿Está ahora sobreexpuesto el presidente Solís?

Sí. Él tiene un don de comunicar bien y, es más, le gusta. Él ha subvencionado la deficiencia de comunicación y eso genera desgaste. Él debe salir en momento oportuno, no siempre, para no minar su imagen de autoridad.

Mauricio Herrera, ministro de Comunicación.

Es poco tiempo para juzgarlo. Él es un buen periodista, pero vuelvo a lo mío: lo importante es tener investigación para tomar decisiones calculadas. Por ejemplo, ver cómo se percibe el caso de los aguacates y salir a explicarlo con base en eso.

Pero él prefirió hacerlo personalmente yendo a Subway.

Para mí, eso fue un impulso de él, molesto por lo que pasaba. Ante la ausencia de guion, los actores improvisan y eso tiene sus consecuencias.

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