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IAFA tiene saturado centro de rehabilitación de menores en la gran área metropolitana

2.000 adolescentes recurren a atención por drogas cada año

Actualizado el 26 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Mayoría comienza con adicción a la marihuana y alcohol en edad escolar

Rehabilitación tarda de 3 a 9 meses en diez centros estatales en el país

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2.000 adolescentes recurren a atención por drogas cada año

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Arturo (nombre ficticio), de 18 años, es vecino de Alajuela y recibe rehabilitación en la clínica Nueva Vida, en Santa Ana, por su adicción a la marihuana desde los 12 años. | ALBERT MARÍN

La adicción empezó a los 12 años. Cursaba el sexto grado de la escuela, cuando la curiosidad lo sedujo y terminó por arrastrarlo hasta las calles.

“Sentía que no era parte de ningún grupo y unos ‘compas’ me dijeron que fuera hombre, que probara la marihuana, que eso no era nada y que uno se pegaba un viaje buenísimo”, relata un joven a quien llamaremos con el nombre ficticio de Arturo.

Luego de consumir hierba durante cuatro años, este muchacho decidió cambiar y ahora lleva diez meses en rehabilitación en la clínica Nueva Vida, en Santa Ana.

Como Arturo, unos 2.000 adolescentes adictos llegan, cada año, a recibir tratamiento al Centro de Atención de Menores del Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), en San Pedro de Montes de Oca.

El IAFA tiene otras nueve oficinas en el país, las cuales también están saturadas por pacientes de entre 9 y 17 años, y provenientes de todos los estratos sociales.

Datos recopilados por la entidad durante los últimos dos años indican que la mayoría de estos menores se iniciaron en el mundo de las drogas, precisamente, con la marihuana y el licor.

Según la Encuesta Nacional sobre consumo de drogas en secundaria del Instituto (2012), la adicción de alcohol está presente en todos los niveles de colegio.

“Hay 32.000 estudiantes, hombres y mujeres por igual, que indicó haber abusado del alcohol (5 bebidas o más por ocasión) en al menos una oportunidad en las dos semanas antes a la realización de la encuesta”, señala el informe.

“Es un fenómeno que van en aumento. Los niños empiezan a consumir marihuana desde la escuela y esta droga se convierte en puerta para probar otras”, manifestó Marilyn Salguero, psicóloga en el Centro de Atención.

En busca del cambio. En procura de hacer un abordaje integral de la adicción, el Centro de Atención de Menores del IAFA cuenta con un equipo de psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales para atender a sus pacientes.

El ritmo de trabajo para cada profesional del IAFA es de siete menores por día.

“Se trabaja en fortalecer vínculos con la familia y en tratar trastornos de conducta. Para que el proceso funcione tiene que haber mucho compromiso de todas las partes”, agregó Salguero.

En una cita semanal, el equipo de profesionales aborda temas como autoestima, reconocimiento de la adicción y mecanismos de apoyo para que el adolescente abandone el consumo de la droga.

Al respecto, Gerardo Tálamo, médico y especialista en tratamiento del alcoholismo, coincide en que la forma de atacar una adicción en jóvenes es mediante el diálogo efectivo con los padres y el menor.

“La confrontación con el adolescentes no frena el consumo de la droga. Entre más se le prohíba, sin explicarle los daños que se está haciendo en su cuerpo, menos va a dejar la adicción, porque el joven siente que es conquistador del mundo”, manifestó Tálamo.

Deserción e internamiento. Durante el tratamiento, los especialistas del IAFA deben batallar contra el desinterés o el abandono de los jóvenes de las citas.

“En ocasiones, la pereza les gana y tenemos un porcentaje de jóvenes que desisten del tratamiento y vuelven a caer en la adicción”, añadió la psicóloga Marilyn Salguero.

Otro de los factores que origina la deserción es que los padres de familia no consiguen permiso en sus trabajos para llevar al adolescente a consulta.

Cuando la adicción mezcla trastornos de conducta y el menor se encuentra viviendo en la calle, el IAFA opta por aplicar el internamiento.

Esta medida puede durar desde tres meses hasta dos años, según el grado de dependencia del adolescente hacia la droga.

En el internamiento se mezclan sesiones de terapia individual y grupal, con actividades deportivas, musicales y de orientación, mediante un convenio con el Ministerio de Educación (MEP) .

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