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Marta Moya Bolaños se graduó de secundaria a sus 65 años, en agosto pasado

‘Gané bachillerato a puro esfuerzo; la lástima es para los mediocres’

Actualizado el 19 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Bisabuela organiza cuatro fiestas para niños pobres para la próxima Navidad

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‘Gané bachillerato a puro esfuerzo; la lástima es para los mediocres’

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Con libros prestados y sin que el cansancio venciera su meta de estudio, Marta Moya Bolaños se graduó de bachiller en secundaria, a los 65 años, el pasado 13 de agosto.

La travesía académica arrancó en el 2012; en un proceso de altos y bajos, en el que hubo esfuerzo, perseverancia y un lapso de 48 años de no poner un pie en el aula.

“Gané bachillerato a puro esfuerzo, sin arrugar la cara ante el cansancio. La lástima es para los mediocres y mata todas las metas. No se puede esperar a que todo caiga del cielo. Cada quien tiene lo que se propone”, dijo Moya.

Ella hizo la prueba de Matemáticas cuatro veces, estudió con apoyo de su nuera y, una vez que aprobó el examen , ayudó a una nieta que cursaba undécimo año en el 2013.

“Sáquense de la cabeza que Matemáticas es una materia difícil. Si presenté cuatro veces ese examen fue porque no estaba preparada. Al que estudia, le va bien. Para ganarlo, estudiaba y entendía los ejercicios hasta las 2 a. m.”, narró.

La motivación de retomar el estudio para bachillerato surgió cuando laboraba para una cooperativa y vio que las compañeras que asistían a capacitaciones y talleres eran aquellas que tenían título.

“El que no estudia en Costa Rica es porque no quiere. Con mi título cerré un ciclo que estaba inconcluso en mi vida. Me surgió la pregunta de por qué yo no tenía el título y trabajé duro por él”, afirmó Moya.

Según el Ministerio de Educación Pública (MEP), unas 7.000 personas se gradúan por año luego de realizar los exámenes de bachillerato por madurez.

“Es una oportunidad para que las personas que por alguno u otro motivo han salido de las aulas, retomen sus estudios y sigan con otros proyectos”, explicó Félix Barrantes, director de Gestión de Calidad del MEP.

Entrega. Marta Moya es madre, trabajó hasta tres turnos diarios para criar a sus seis hijos, y se forjó en la adversidad y la pobreza, sin que las barreras fuesen excusas para las vanas lamentaciones.

En su dedicación al estudio también obtuvo certificados en cursos de mecanografía, y tiene como propósito estudiar Inglés.

“Las barreras están en la cabeza. Surgí de la pobreza. No es que sea millonaria, pero soy feliz con lo que hago. Me he superado con mucho trabajo y mucho esfuerzo y con paciencia”, dijo esta bisasuela, oriunda de Heredia.

Su mayor satisfacción cada año es organizar fiestas para niños de barrios pobres y en comunidades indígenas. Esta es una tradición familiar de trabajo voluntario, que cuenta con una red de ayudantes, que donan tiempo para llevar regalos y comida en Navidad.

“Todo es un propósito. Hay que dejar de quejarse y procurar mejorar el día a otra persona porque la satisfacción es inmensa La vida es muy linda y uno puede aprender y enseñar al mismo tiempo”, concluyó doña Marta.

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