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Cooperativa de Liceo de Poás

Estudiantes administran la soda de su colegio en Alajuela

Actualizado el 10 de abril de 2016 a las 12:00 am

Alumnos hacen el menú, buscan los productos, cotizan y revisan las ganancias

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Estudiantes administran la soda de su colegio en Alajuela

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Desde enero , los estudiantes administran su propia soda en el Liceo de Poás. | COOPELIDEPO PARA LN.

Seis estudiantes del Liceo de Poás, en Alajuela, dejaron de aplicar las matemáticas solo en las aulas.

Ellos suman, multiplican, restan y dividen los ingresos de la soda del colegio pues la administra, desde hace unos meses, por medio de la Cooperativa Estudiantil del Liceo de Poás (Coopelidepo R. L.).

Los jóvenes no estaban satisfechos con los productos, precios y el servicio de la soda. Esto los motivó a participar en una licitación pública para ser los responsables de dirigir el negocio. Concursaron mediante la cooperativa estudiantil y ganaron.

Desde ese momento, los estudiantes son los responsables del menú: buscan los productos que más les gustan a sus compañeros, se preocupan por ofrecer los refrescos de mayor consumo y agregaron frutas a la oferta de la soda. Aseguran que todo lo que se vende es permitido por el Ministerio de Educación.

“Estamos pendientes de que la soda vaya bien. Si un aparato se daña, hacemos la cotización para arreglarlo o comprar uno nuevo. Pueden ser cucharas, sartenes o la refrigeradora. Llamamos a las empresas para pedir los precios y luego se los enviamos a la gerente de la cooperativa, quien escoge la mejor opción y hace las compras”, explicó Max Phillips, alumno de noveno quien participa como administrador.

Asociados. El Liceo de Poás tiene unos 1.300 estudiantes. En el 2005, los alumnos de décimo año fundaron Coopelidepo R. L., ante la necesidad de contar con una organización independiente del colegio para dar servicios a estudiantado y docentes. La cooperativa tiene 100 asociados entre estudiantes, profesores, administrativos y exalumnos.

Aparte de administrar la soda, la cooperativa se encarga de vender el uniforme, recargas telefónicas, recibir ahorros navideños y alquilar casilleros.

Grettel Bolaños, gerenta de Coopelidepo R. L., dijo que ellos están debidamente inscritos y tienen personería jurídica.

Los alumnos están muy entusiasmados porque hace unos días, el Instituto Nacional de Fomento Cooperativo (Infocoop) les otorgó un microcrédito de ¢6 millones a una tasa de interés anual del 5% y a un plazo de 7 años y 4 meses, adaptado al ciclo lectivo.

El dinero se usará para pagar los salarios de las cuatro personas que cocinan y atienden a los clientes, y para surtir más la soda y equiparla mejor.

Los alumnos que administran son de todos los niveles. “Ellos se reúnen cada semana para ver qué se necesita comprar y hacer inventario. Todos son menores de edad y están aprendiendo, pero aportan ideas para mejorar el proyecto; revisan los ingresos y su correcta distribución para cubrir todos los gastos de la soda”, relató Bolaños.

Según datos del Instituto Nacional de Fomento Cooperativo, en el país funcionan 200 cooperativas en escuelas y colegios, las cuales agrupan a cerca de 26.000 estudiantes. Su finalidad es estrictamente educativa, con pequeños emprendimientos.

“Hay que tener inteligencia para ver en qué se puede invertir y en qué no; a uno le enseñan a manejar esto. Hay una muchacha que nos ayuda con la contabilidad”, contó Max Phillips.

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Daniela Cerdas E.

daniela.cerdas@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina. Escribre sobre vivienda, trabajo, municipalidades, Iglesia, niñez y diversidad sexual.

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