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Anonimato e impunidad propician agresiones en Internet

Cyberbullying en Facebook: fuente de acoso e insultos contra adolescentes

Actualizado el 06 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Administradores comparten fotos ajenas e invitan a otros a ofender OIJ depende de firma Facebook para rastrear quién está detrás de las páginas

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Cyberbullying en Facebook: fuente de acoso e insultos contra adolescentes

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El perfil en Facebook se llama Basuriando Chiviz y en él un administrador anónimo invita a sus seguidores a “molestar a los bastardos” cuyas fotos comparte sin la autorización de sus víctimas.

Esa es una de decenas de páginas nacidas en Costa Rica en los últimos meses para burlarse o insultar a jóvenes colegiales por su apariencia o forma de ser.

La Nación detectó, al menos, medio centenar de publicaciones activas con esas características, pero pueden ser muchas más.

Las hay por etiquetas (“chivis”, “brazas”, “chatas”, “swag”), por región del país, colegio y hasta hay páginas dedicadas a “basurear” a una sola persona.

Algunas reúnen cientos de seguidores y otras miles, por lo que bastan unos cuantos minutos con una foto en línea para que lluevan los comentarios denigrantes.

“Ahí subiré fotos de todo tipo, quemaré zorras, lagartos...”. Es lo que dice el administrador de una página para promocionar su perfil.

Existen publicaciones en el otro extremo, donde se despliegan fotos de los “guapos y guapas”. Ahí se excluye a quienes no tienen los estándares de belleza requeridos.

“Hay fotos mías en un montón de páginas y es feo ver que están circulando. Me ponen tonteras. Tengo una amiga a quien le subieron fotos desnuda. La mamá se dio cuenta y ella tuvo muchos problemas”, relató una víctima de cyberbullying , cuya identidad se reserva.

Los comentarios a estas fotografías incluyen a menudo profanidades y chismes. Es el caso de una muchacha de quien se dijo que había quedado embarazada “1.000 veces” y que había abortado otras tantas.

Difícil contención. Los jóvenes de colegio son los blancos más frecuentes de este tipo de ataques.

En el matonismo cibernético ( cyberbullying ) los más vulnerables del ‘cole’ son las víctimas preferidas. Los ataques más comunes por medio de estas vías (Facebook, principalmente) tienen tono homofóbico, racista o clasista.

Para uniformar el tratamiento de la violencia en los centros educativos –incluida la cibernética–, el Ministerio de Educación Pública (MEP) divulgó dos protocolos .

Las guías parten de dos supuestos que rara vez se cumplen en espacios virtuales: que los adultos saben qué está sucediendo con sus hijos y que se conoce al agresor.

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“Muchas veces, los jóvenes ni siquiera reconocen los ataques como violencia y se quedan callados por temor a las represalias sociales”, explicó Wálter Esquivel, de la Unidad de Iniciativas Tecnológicas, de la Fundación Paniamor .

“El anonimato es muy complicado porque genera impunidad y no siempre se tienen los elementos para saber quién es (el agresor)”, añadió Esquivel.

Quienes administran estas páginas de Facebook se reservan, en su mayoría, la identidad y reciben aportes de seguidores en mensajes privados. Podrían ser compañeros de las víctimas o gente completamente extraña; incluso, adultos.

¿Cómo intervenir? Según el MEP, los docentes deben acudir a las autoridades cuando hay un delito, lo cual implica poner una denuncia formal en la Fiscalía.

Pero las dificultades para identificar a estos agresores persisten en el sistema judicial. Érick Lewis, de la oficina de asuntos informáticos del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), admitió que se depende de la ayuda de la firma Facebook para hallar a los responsables.

“Se hace un trámite internacional para que nos envíen la información, pero los tratados actuales, lamentablemente, no son tan expeditos. Puede tardar meses, si es que hay respuesta”, admitió Lewis. Este funcionario manifestó que, en la práctica, le llegan pocas denuncias por cyberbullying .

El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) ha promovido en redes sociales un sistema de denuncia de páginas dañinas, mediante el cual se han cerrado más de 60.

Aunque esta estrategia elimina la amenaza inmediata, no resuelve la impunidad ni impide que las imágenes circulen nuevamente.

“Tengo un montón de amigos fiebres para ‘quemar’ gente. Suben una foto y todo el mundo la guarda y se vuelve a publicar en otras páginas. O sea, esto nunca se acaba, va a andar en todos lados”.

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