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Salud las obliga a piso de cemento y techo de zinc

Coyoleras de Nambí están en riesgo de desaparecer

Actualizado el 06 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Tampoco pueden funcionar con los fogones para cocinar gallinas achiotadas

Ministerio insiste en que locales deben cumplir con todos los reglamentos

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Coyoleras de Nambí están en riesgo de desaparecer

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                         Esta es la palma de la cual sale el vino que ha hecho famosa a Nambí de Nicoya. | ALONSO TENORIO.
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Esta es la palma de la cual sale el vino que ha hecho famosa a Nambí de Nicoya. | ALONSO TENORIO.

Nicoya. Las coyoleras son parte de los escenarios guanacastecos, especialmente en Nambí de Nicoya, donde usted las puede ver desde la carretera, con sus ranchos de techo de palma y piso de tierra.

Esa imagen característica, que quizá muchos conservan en fotografías podría desaparecer.

Una orden sanitaria obliga a cuatro dueños de estos locales, donde se vende el tradicional vino de coyol, a cambiar el piso de tierra por cemento, y la palma de coco por láminas de zinc.

La orden salió el 11 de marzo de la oficina regional del Ministerio de Salud, en Nicoya.

Quienes habitan en Nambí –conocida como la capital del vino de coyol– están muy molestos con esa directriz pues consideran que sus coyoleras son de interés cultural.

Antonio Muñoz, dueño de la Coyolera Tony, está muy indignado. Según él, con todos los cambios las coyoleras dejarían de existir.

Muñoz interpreta la orden sanitaria como una transformación de su rancho en un local tipo soda. Según dijo, esto deja de lado el hecho de que las coyoleras se han distinguido por su estilo tradicional, un atractivo para los turistas.

“Para poder abrir antes de la Semana Santa, invertí ¢700.000 en el piso de cemento. Quieren que sea un restaurante y nos dan tiempo para el 31 de mayo. Debo invertir ¢6 millones que no sé de dónde los voy a sacar”, relató Muñoz.

Las épocas de mayor demanda del vino de coyol son Semana Santa y diciembre. Este vino se extrae de una palma, y su elaboración es toda una ciencia.

Por salud. La directora del Área de Salud de Nicoya, Xinia Cordero, aclaró que “nadie le está quitando el coyol al pueblo. La tradición no obliga que uno se haga de la vista gorda con lo insalubre”.

Cordero insistió en que, por más tradicional que sea la actividad, esta debe cumplir con la ley.

Las personas afectadas y amantes del coyol pidieron al Ministerio un estudio para ver cuántas personas han muerto por tomarse un vino de las coyoleras, las cuales tienen más de cien años en ranchos de palma con fresco piso de tierra.

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Jams Rodríguez, conocido como Macho, a quien también le cerraron su puesto, defiende la tradición guanacasteca.

“Nosotros somos pobres que luchamos por nuestras familias, trabajando de sol a sol honradamente. Con tantos requisitos con qué plata voy a hacer eso que ellos exigen”, dice Rodríguez.

Salud también obliga a las coyoleras a quitar los fogones donde preparan las sabrosas gallinas achiotadas.

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