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Mujeres hicieron fila por ayudas de ¢100.000 a cambio de obras en su comunidad

Jefas de hogar sin empleo recibieron empujón estatal

Actualizado el 04 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Madres realizaron trabajo comunitario, como limpiar y pintar, para lograr subsidio

Programa de IMAS dio opción de capacitarse para salir de la pobreza

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Surley Fonseca dice que de seguro por la edad (35 años) no le dan trabajo y que ha caminado 7,8 kilómetros de Tobosi a El Tejar (porque no hay plata para los pases) para ver si en alguna fábrica la contratan... pero nada.

Sharon Ortega alega que es por no tener estudios que pasó un año tocando puertas en busca de empleo, pero tampoco.

Lo mismo afirman las otras cinco mujeres que están un lunes sentadas en un salón comunal. Son madres solas, jóvenes y no tan jóvenes, todas de Tobosi, un distrito de El Guarco de Cartago donde la lluvia es indecisa.

Algunas se separaron del esposo, otras son madres adolescentes, y están las que han tenido que cargar sin ayuda de nadie con la crianza de hasta cuatro hijos.

María Lourdes Trejos (izq.), Jammy Cedeño y Surley Fonseca son parte del grupo de  Manos a la Obra en Tobosi de Cartago.  Ellas reciben ¢100.000 al mes y a cambio hacen trabajo comunal y van a  capacitaciones.   | MARCELA BERTOZZI
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María Lourdes Trejos (izq.), Jammy Cedeño y Surley Fonseca son parte del grupo de Manos a la Obra en Tobosi de Cartago. Ellas reciben ¢100.000 al mes y a cambio hacen trabajo comunal y van a capacitaciones. | MARCELA BERTOZZI

A falta de empleo y como la pensión (para las que tienen) no les alcanza, todas ellas solicitaron ayuda al Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS). Algo así como un empujón, porque la comida para los hijos no sale gratis.

Tras hacer el papeleo y filas largas, la institución dio el visto bueno e incluyó a las mujeres en el programa Manos a la Obra, que les da un subsidio mensual de ¢100.000 a cambio de 100 horas de trabajo comunal y 40 para estudios o capacitaciones.

“No es un salario, sino un subsidio con póliza del INS (Instituto Nacional de Seguros) y con seguro social, que ha venido a traer una tranquilidad a la población más vulnerable porque ahora el plato básico no falta en la mesa de estas familias”, explicó Gerardina Cordero, vicealcaldesa de El Guarco, quién echó a andar este proyecto en su cantón.

Las cifras del IMAS dicen que este año 6.692 familias se han beneficiado del plan. De ellas un 41% son lideradas por una mujer.

Se trata de 2.743 hogares que viven con ¢100.000 al mes. Este dinero les sirve para comprar comida y, a veces, hasta para pagar un alquiler de una casa.

“Mi hijo mayor tiene 16 años y él no pide un fresco por semana, mi hijo pide mucho, no se le puede dar mucho, pero le doy lo que puedo, uno no puede dar más de lo que tiene. Esto es un respiro”, manifestó Maribel Román, con una sonrisa que es cualquier cosa menos ensayada.

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El trabajo. A las 11 de la mañana de un lunes, cinco mujeres están pintando un puente de amarillo. Jammy Cedeño, coordinadora del grupo de Manos a la Obra de Tobosi, viene a saludar con los guantes llenos de pintura.

“Nos estamos apurando porque ahorita llueve”, contó.

Cedeño explicó que de lunes a viernes, de 7 a. m. a 2 p. m. las 13 mujeres que integran el grupo se uniforman de anaranjado y salen a hacer el trabajo comunal.

En los dos meses que llevan trabajando han sembrado una huerta en la escuela local, pintado pupitres, reforestado la zona, limpiado caños, chapeado lotes y puesto en marcha la separación de residuos en la comunidad.

“Uno también aprende a cuidar el medio ambiente porque antes uno botaba todo a la basura, yo ahora tengo una bolsa en el patio y ya mis hijos saben separar. Uno sabe que está ayudando a la comunidad”, dijo Cedeño.

A su lado, Maribel Román está separando desechos con Sharon Ortega. “He aprendido mucho, porque uno hace cosas que antes nunca hacía. Lo bueno es que se educa uno y a los hijos”, aseguró.

Todas se sienten agradecidas y orgullosas de ayudar a una comunidad que al fin de cuentas les tendió la mano.

“Si no fuera por esto, estaríamos en la casa de brazos cruzados a ver dónde y en cuál fábrica nos llaman para ir a trabajar, mientras que aquí aunque sea un ratito uno sabe que se ganó algo al día”, aseguró Ortega, quien tiene un hijo esperándola en la casa.

Dar el salto. De todo el programa de ayuda, a Lidieth Hidalgo hay una cosa que la emociona más. “Nos van a dar cursos, entonces uno va a ir poco a poco superándose”, dijo.

“El INA (Instituto Nacional de Aprendizaje) da cursos de repostería, costura, manipulación de alimentos, computación”, precisó Jammy Cedeño, quien ya pasó el básico de belleza y espera poder abrir un salón en la casa pronto.

“Les llevo capacitaciones para que se sientan importantes, se les suba la autoestima, para que se preparen para conseguir una idea productiva o ayudarles con infraestructura. Yo quiero que se sientan muy seguras de sí mismas, muy empoderadas y con la autoestima muy alta”, comentó la vicealcaldesa Gerardina Cordero.

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Sin embargo, cuando termine diciembre, ni Cedeño, ni Fonseca, ni María Lourdes Trejos, ni ninguna de las demás mujeres que están en este programa saben si va a haber plata para renovar la ayuda.

Tampoco saben si de la tierra húmeda y fría de Tobosi van a brotar empleos para lo que resta de este año.

Pero tal vez, a finales de diciembre, estas mujeres habrán aprendido algún oficio, algo que las ayude a defenderse, que haga la búsqueda de empleo menos dolorosa y les permita darle de comer a sus hijos.

Lo que sí es cierto es que otras mujeres alrededor del país van a estar haciendo fila en el IMAS para recibir esos ¢100.000 y, de paso, van a estar cruzando los dedos para que la plata no se les acabe.

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