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Fiadores sufren depresión y hambre por deudas ajenas

Actualizado el 22 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Experto dice que personas ignoran las consecuencias de aceptar fianza

Víctimas solo pueden demandar a deudor, una vez cancelado crédito

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Fiadores sufren depresión y hambre por deudas ajenas

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Testimonios de fiadores estafados (René Valenzuela)

“Yo le creí. Ella me pidió que le fiara porque necesitaba dinero para su mamá enferma, yo accedí y ella me quedó mal. La encaré y me dijo que no le importaba si mis hijos no tenían qué comer mientras los de ella estuvieran bien”.

Fue hace cinco años que Hilda León, vecina de Escazú de 44 años, puso su firma para fiar a una compañera de trabajo por casi ¢3 millones. Desde entonces, su vida se resume en desesperación, hambre y hasta deseos de morir.

Su situación se volvió más angustiante cuando otro compañero, a quien ayudó como fiadora en un crédito por ¢2 millones, tampoco pagó y le tocó hacerse cargo de esa deuda.

Como Hilda, muchos ticos aceptan fiar a un allegado sin conocer los riesgos de esta decisión, afirmó Mario Gómez, asesor legal de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).

Gómez explicó que no existen en el país datos globales del porcentaje de préstamos fiduciarios que terminan siendo pagados por el fiador. Pero las malas experiencias abundan.

En el caso de Hilda, de su pago quincenal, de ¢225.000, la asociación solidarista le rebaja ¢94.000 por las dos fianzas. Además, le descuentan un préstamo personal, por lo cual solo le quedan ¢60.000 para cubrir sus necesidades y las de dos hijos.

“La primera compañera se pensionó y desapareció. El otro deudor envió una carta diciendo que era de bajos recursos. La asociación me rebajó todo a mí”, contó León.

Una fianza implica que el garante se compromete a pagar al acreedor en caso de que el deudor no cumpla.

Si ninguno paga, se procede al embargo de salarios y bienes contra ambos. El monto de embargo del salario depende de cuánto gana la persona de acuerdo a ley, explicó Gómez.

El Banco Popular, por ejemplo, otorgó el año pasado 20.392 créditos fiduciarios, el 7% del total de préstamos aprobados.

Se solicitó información a dos entidades bancarias más sin obtener respuesta.

“La persona que fía puede ver afectada su capacidad de pago. Además, se pude manchar su récord crediticio si no le hace frente a la deuda.

”En el caso de las cooperativas o asociaciones, ellos tienen una legislación especial que les permite deducir del salario las mensualidades”, añadió Gómez.

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Agregó que dicha obligación es tan seria que hasta la Biblia, en el libro de Proverbios. advierte sobre sus consecuencias: “Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño, pero el que odia salir fiador está seguro”.

Además del deterioro de su condición económica, el fiador que enfrenta las deudas sufre un desgaste emocional y se culpa por la situación en la que cayó por sus propias decisiones.

“Se pueden sentir como víctimas de abuso porque les prometieron algo y les fallaron”, manifestó la psicóloga Ana Yendry Morales.

Derechos. Para el fiador, la única posibilidad de recuperar su dinero se presenta cuando termina de cancelar el préstamo ajeno. En ese momento, puede acudir a los tribunales civiles a gestionar un cobro contra el deudor.

En el caso de León, ese ansiado momento todavía no llega. Ella buscó apoyó en su amiga Olga Quirós, vecina de Aserrí, quien pasa la misma situación.

Quirós paga desde hace dos años el préstamo de casi ¢4 millones de una compañera de trabajo. La deudora no canceló ninguna cuota y entonces ella tuvo que utilizar sus ahorros.

Muchos ticos aceptan fiar a un allegado sin conocer los riesgos de esta decisión.
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Muchos ticos aceptan fiar a un allegado sin conocer los riesgos de esta decisión. (Archivo.)

“Quería construir mi casa y estudiar pero no pude hacer nada ya que de mi salario de ¢390.000 me rebajan ¢122.000 por mes para pagar esta deuda. Muchas veces tengo que pedir prestado para los pasajes”, relató la aserriceña.

Quirós explicó que la asociación no le pudo cobrar a la deudora porque ella mantiene un salario inferior al mínimo embargable y no tiene bienes.

“Yo la veo en el trabajo y le reclamo, pero lo que hace es gritarme o no me habla”, dijo Quirós.

Ni León ni Quirós se asesoraron legalmente antes de aceptar convertirse en garantes, porque no sabían de las consecuencias.

Después, cuando les cobraron las deudas, tampoco lo hicieron debido al costo de los abogados.

Sin embargo, cuando los préstamos se tramitan en un banco, los afectados pueden acudir a la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).

Esta dependencia de la ABC abrió hace cuatro meses (teléfono 2524-0604) y brinda ayuda gratuita para buscar arreglos de pago con las entidades y aclarar dudas sobre trámites.

Sin embargo, personas como Hilda León y Olga Quirós saben ahora que un oportuno “no” es la mejor forma de evitar ser víctima de la buena voluntad.

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Daniela Cerdas E.

daniela.cerdas@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina. Escribre sobre vivienda, trabajo, municipalidades, Iglesia, niñez y diversidad sexual.

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