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Alejandro Morales: el chinamero que orquesta el festejo de Zapote

Actualizado el 01 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Todos los restaurantes, bares y juegos mecánicos de los festejos populares de este fin de año tienen un solo dueño. Desde que tenía 10 años, este vecino de barrio Los Ángeles, en San José, gastó suela vendiendo pejibayes, pasó a tener una venta de churros y dos décadas después pondrá el son a la fiesta.

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MARIANDREA GARCÍA

Cuando el próximo 25 de diciembre suene el ritmo de un merengue, se vendan manzanas escarchadas y camine un gentío por el campo ferial de Zapote, una sola figura será el director de orquesta del festejo: Alejandro Morales González.

Este vecino de barrio Los Ángeles, en San José, tiene dos décadas de ser chinamero y el 26 de octubre pasado se convirtió en el dueño de las fiestas de Zapote, cuando llegó al remate de chinamos, que hace la Municipalidad de San José, con ¢210 millones. Compró todos los locales de restaurantes y bares para las fiestas de este fin de año.

Después de tal acontecimiento, unos se molestaron. Hubo chinameros a los que les rechazó toda oferta de alquiler de locales y otros –dice él– le preguntaron que si era buchón o narcotraficante.

“Estoy acostumbrado a trabajar en grande. En Costa Rica, cuando alguien sobresale, hay quienes ven cómo se lo traen abajo. Si fuera narco, no sería chinamero”, dijo Morales, para quien los días de fiesta en Zapote empiezan desde las 6 a.m. hasta la madrugada.

“Esos días hay mucha emoción. La adrenalina está al tope y hay nervios de que todo salga bien. Desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero si acaso duermo cuatro horas. Hay que estar pendiente de que los proveedores traigan los productos a tiempo; que haya aseo y orden”, explicó el chinamero.

En la mesa de un bar en Zapote, del cual es propietario, Alejandro Morales conversó con BEITA La NaciónFIITA sobre su participación en el remate para comprar todos los locales del campo ferial de Zapote, el pasado 26 de octubre.“Sinceramente, yo creí que iba a tener competencia. Uno va nervioso. Desde que lo anunciaron (el 14 de octubre), hice números y sabía que quería comprar todos los locales. Cuando levanté la paleta, en el remate, me asusté. Vi para todos lados y me di cuenta que era el único”, relató Él asegura que el negocio de los chinamos no es asunto nuevo. Tiene 20 años de dedicarse a un oficio en el que no hay horarios y en el que pese a que todos se conocen, no hay amistad entre chinameros. “En el gremio de los chinameros reina la competencia; no hay amigos”.

Sobre los ¢210 millones que despertaron todo tipo de crítica, Morales asegura que provienen de “patrocinadores” con los que lleva años trabajando y que le prestan el dinero para operar las fiestas.

“Son marcas reconocidas que por respeto a ellas, no puedo revelar los nombres, pero con todas las ganancias se sale avante del negocio. Vamos a trabajar unos nueve restaurantes, tres bares y vamos a hacer sociedad con tres negocios de comidas rápidas para que se instalen en el campo ferial”, agregó.

Los churros. La afición por las ventas empezó desde que tenía 10 años, cuando gastó suela por las calles de la capital vendiendo pejibayes para ayudar a su familia.

“Desde carajillo me gustó ser comerciante. No fui a la universidad, me quedé con el colegio y lo poco que estudié me sirvió para sacarle la chispa al negocio”, dijo.

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Después de los pejibayes, se montó en la bicicleta y se dedicó al ciclismo profesional durante su juventud. Con un equipo, viajó y participó en torneos internacionales hasta que se dio cuenta que la ruta en la bicicleta no le daría de comer a su familia y algún día terminaría como pasatiempo.

“Empecé a trabajar con tía Roxana una venta de churros y teníamos una ventanita en San José. Visitábamos, escuelas, colegios y yo me levantaba de madrugada a preparar todos los días los churros para ir a vender”, recuerda Morales.

Las madrugadas lo agotaron y después de seis años de vender churros, se dio cuenta de que ya era hora de reinventar el negocio.

Fue así como hace 20 años se aventuró a participar, por primera vez, en un remate de chinamos para las fiestas de fin de año.

“Esa vez fue solo un chinamo. Vendíamos churros, algodones de azúcar y comida china. En ese entonces tenía a cinco empleados”, dijo Alejandro Morales.

Dos décadas después, su equipo de trabajo ronda entre 200 y 250 empleados, a quienes debe pagar una póliza de seguro en el Instituto Nacional de Seguro (INS). Además, debe de tener al día todos los permisos de salud para activar Zapote.

Para Morales, ser chinamero trae tantas alegrías como sacrificios. El que abre la ventana del chinamo sabe que se aventura a un puesto sin horarios, que lidia con el irrespeto y las malas mañas de los visitantes de la fiesta.

“Tratar con la gente es tarea difícil. Hay algunos que son muy vulgares La idea siempre es rescatar que Zapote es para el disfrute de la familia. De hecho, quiero que estas fiestas sean más ordenadas; que la gente tenga lugar para sentarse a comer”, dijo Morales.

Para la Comisión de Festejos Populares de la Municipalidad de San José, los cinco minutos que duró el remate de chinamos fue sorpresa.

“A nosotros nos impactó lo rápido que fue todo. El señor levantó la paleta y dijo que el compraba todo el campo ferial por los ¢210 millones, que era la base que ofertaba la Municipalidad. No hubo ninguno de los otros chinameros que le pusiera competencia y él cumplió a tiempo con el pago”, dijo Rodolfo Fonseca, presidente de la Comisión de Festejos Populares de Zapote.

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Después del remate, Morales tenía tres días para pagar el monto completo y la Comisión de Festejos asegura que el monto fue depositado con puntualidad.

“Yo solo tenía un atraso con la Caja Costarricense de Seguro Social y me puse al día. No fue cuestión de sinvergüenza, sino un descuido, pero ya estoy al día con todos los pagos. La plata no me sobra, pero si se trabaja con orden se pueden sacar ganancias. ”, dijo.

Sobre su estimación de ganancias prefirió no referirse.

Lo que Alejandro Morales sabe es que su oficio es andar de fiesta en fiesta, como director de orquesta que ordena los toldos con mesas y sillas, los restaurantes y los juegos mecánicos que le darán vida a las fiestas de este fin de año.

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