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Demócratas llegan rezagados a las legislativas en los Estados Unidos

Actualizado el 14 de octubre de 2014 a las 11:42 am

Los republicanos aspiran a tomar el control del Senado

La elección de medio periodo será el 4 de noviembre

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Demócratas llegan rezagados a las legislativas en los Estados Unidos

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La caída en la popularidad de Obama afectaría al partido en las elecciones
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La caída en la popularidad de Obama afectaría al partido en las elecciones (AP)

Sterling

A tres semanas de las elecciones legislativas en los Estados Unidos, el pesimismo se adueña del Partido Demócrata de Barack Obama. La economía crece y el paro baja, pero la mayoría de los norteamericanos no atribuye el mérito a Obama.

Además,  la primera potencia, en retirada durante los últimos años, encabeza una coalición internacional contra los insurgentes suníes en Oriente Próximo, pero aliados y adversarios del presidente arrojan dudas sobre su liderazgo.

El Partido Republicano, mayoritario en la Cámara de Representantes, aspira a hacerse con el control, tras las elecciones del 4 de noviembre, del Senado, ahora de mayoría demócrata.

Si lo logra y las probabilidades son altas, según los sondeos, los republicanos dominarán las dos Cámaras del Congreso durante los dos últimos años de la presidencia de Obama, que en 2009 llegó a la Casa Blanca con la promesa de unir a los norteamericanos y transformar la manera de hacer política en Washington.

Las elecciones son la última ocasión de los republicanos para doblegar al presidente antes de que abandone el poder y convertirlo definitivamente en un pato cojo, un líder sin capacidad de acción y con poco más poder que el de sus discursos.

Los republicanos cargan en la campaña contra el presidente demócrata: hasta aquí, nada inusual. Lo llamativo es que los demócratas le esconden y evitan que se les asocie con sus políticas. Norma número uno para todo candidato del Partido Demócrata: conviene mantenerse lejos del presidente. Como mínimo, cuando los focos estén cerca. Y número dos: nada de reivindicar los éxitos de Obama como los datos económicos y la ampliación de la cobertura sanitaria a millones de personas que carecían de seguro médico. Cuanto más lejos, mejor.

John Foust, de 63 años, es uno de los candidatos del Partido Demócrata con posibilidades de ganar un escaño en la Cámara de Representantes. Hay pocos como él en este año adverso. Es viernes por la noche y Foust acaba de dirigirse a un grupo de simpatizantes en una vivienda en un barrio de Sterling, un pueblo en el disputado distrito 10 de Virginia, a 45 kilómetros de Washington.

A la pregunta de si le gustaría que Obama hiciera campaña para él, responde: "Sí. Pero no creo que lo haga". ¿Por qué? "No debería decir que no creo que lo haga. Diré solo que no veo motivo alguno para creer que lo haga. Está bastante ocupado. Ha hecho algunos actos para recaudar fondos, creo. Pero venir a hacer campaña para un escaño en particular del Congreso... Me encantaría que viniera Bill Clinton, por ejemplo". Mientras que nadie reclama a Obama si no es para recaudar fondos en actos privados, Clinton es uno de los teloneros más requeridos en los mítines de los candidatos.

Los números favorecen al Partido Republicano. El partido de la oposición suele partir con ventaja en las midterms: estas elecciones, que se celebran a medio mandato presidencial, no son solo al Congreso: también se eligen, entre otros cargos, 36 gobernadores. La impopularidad de Obama y la desmovilización en las legislativas de las minorías y jóvenes ayuda a la derecha.

La configuración de los distritos y una fuerte concentración del voto demócrata en las ciudades dispara el valor del voto republicano: en 2012 los candidatos demócratas recogieron 1,4 millones de votos más que los republicanos en las elecciones a la Cámara de Representantes, pero estos lograron 33 escaños más.

Para los republicanos, el 4 de noviembre es una ocasión de castigar al presidente. "Estas elecciones son un referendo sobre la expansión del tamaño del Estado con la administración Obama y con el Congreso del demócrata Obama", dice Michael Barone, coautor del exhaustivo Almanaque de la política americana y adscrito al laboratorio de ideas conservador American Enterprise Institute. "Este es el tema republicano".

Para los demócratas es más complicado. El aumento del salario mínimo o la defensa de los derechos reproductivos de las mujeres son argumentos de los demócratas ante un Partido Republicano bajo el influjo del movimiento populista Tea Party. Para candidatos como Foust, el tema es la parálisis desde que en 2011 los republicanos se hicieron con la mayoría en la Cámara de Representantes.

"El Congreso de EE. UU. solía funcionar muy bien", dice Foust. "Elecciones como esta son una oportunidad para enviar a Washington a alguien que ha demostrado capacidad para resolver los problemas con sentido común". Sentido común frente a ideología: este, y no Obama, es el argumento central de su partido.

En una época de desigualdades crecientes y miedos globales el ébola o el yihadismo nadie, ni los suyos, se atreve a exhibir al presidente. El aura se ha marchitado.Muchos candidatos simplemente no quieren que se les vea cerca de él. "En algunas campañas sospecho que debe ocurrir", admite el candidato Foust en Virginia. "Yo no tendría ningún problema. Le daría la bienvenida si quisiera venir a mi distrito".

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