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Los supervivientes del tifón en Filipinas, desesperados por la lentitud de la ayuda

Actualizado el 13 de noviembre de 2013 a las 06:24 am

Cinco días después del paso del tifón Haiyan, uno de los más potentes de la historia con vientos de 300 km por hora y olas de más de cinco metros, los supervivientes de Tacoblan buscan desesperadamente huir del desastre.

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Miles de personas forman interminables colas para recibir la ración de arroz y agua que las autoridades locales han establecido para cada afectado en los lugares habilitados para el reparto.
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Miles de personas forman interminables colas para recibir la ración de arroz y agua que las autoridades locales han establecido para cada afectado en los lugares habilitados para el reparto.
Miles de supervivientes, desesperados y furiosos por la lentitud de la ayuda, intentaban este miércoles tomar uno de los pocos vuelos disponibles para huir de las zonas más afectadas por el paso del tifón Haiyán en Filipinas.Las autoridades, que temen que el balance total de víctimas sea de varios miles de personas, anunciaron este miércoles la muerte de ocho personas cuando se vino abajo un depósito de arroz que estaba siendo saqueado por la muchedumbre en la ciudad de Alangalang, a 17 kilómetros de Tacloban, una de las ciudades más afectadas por el temporal.Los saqueadores se llevaron más de 100.000 sacos de 50 kilos de arroz cada uno, indicó Rex Estoperez, portavoz de la Autoridad Nacional de la Alimentación.Cinco días después del paso del tifón Haiyán, uno de los más potentes de la historia con vientos de 300 km por hora y olas de más de cinco metros, los supervivientes de Tacoblan buscan desesperadamente huir del desastre.Algunos, agotados, traumatizados y hambrientos, provocaron una avalancha el miércoles por la mañana en el aeropuerto en ruinas de la ciudad para intentar subirse a alguno de los aviones militares que traen ayuda humanitaria."Todo el mundo está aterrorizado. Dicen que no hay comida ni agua, quieren irse" explica el capitán Emily Chang, un médico militar que se ocupa como puede de los heridos en el aeropuerto."Llevamos tres días aquí pero no hemos conseguido tomar un avión. Quizás vamos a morir de hambre", explica Angeline, la madre de una niña de siete años que se desmayó entre la multitud.Los vuelos que despegan y aterrizan en Tacloban todavía son muy "limitados" y los ferrys están abarrotados, admite Patrick Fuller, el portavoz de la Cruz Roja Internacional en la región Asia-Pacífico.La ayuda internacional y los navíos militares occidentales tardarán días en llegar y por el momento la ayuda llega muy lentamente, a pesar de que las autoridades dijeron este miércoles que vuelven a ser accesibles todas las carreteras de las dos islas más afectadas por el tifón, Leyte y Samar.El balance de víctimas sigue siendo difícil de establecer. La ONU, que el martes pidió 301 millones de dólares (225 millones de euros) para ayudar a las víctimas, habló de 10.000 muertos en Tacloban, pero el presidente filipino, Benigno Aquino, considera la cifra es "demasiado elevada" e indicó por su parte entre "2.000 y 2.500" muertos.El último balance provisional del gobierno filipino es de 2.275 muertos y 80 desaparecidos, aunque miles de cuerpos en descomposición siguen todavía esparcidos por las ciudades devastadas por el tifón.El secretario del gobierno, Rene Almendras, reconoció este miércoles que las autoridades están desbordadas por el número de muertos. "La razón por la que dejamos de recoger cadáveres es que ya no nos quedaban sudarios pero ahora tenemos 4.000" indicó.En total, la ONU calcula que más de 11 millones de personas, el 10% de la población de Filipinas, se han visto afectadas por la catástrofe, y hay 673.000 desplazados.Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cerca de tres millones de personas han perdido temporal o definitivamente sus medios de subsistencia.Mientras tanto siguen llegando nuevas promesas de ayuda. El portaaviones George Washington con 7.000 marinos a bordo y otros navíos de la marina estadounidense salieron el martes de Hong Kong hacia Filipinas. Washington anunció además el miércoles el envío de otros dos navíos con capacidad para desalar agua de mar.Ante la incapacidad de los autoridades para proporcionar agua, comida, medicamentos y refugio, supervivientes armados saquearon los edificios de Tacloban que todavía siguen en pie, a pesar del toque de queda impuesto por las autoridades.También preocupa la situación en otras islas filipinas aunque todavía harán falta "semanas" para tener una visión de conjunto de la situación, según el portavoz de la Cruz Roja internacional.

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