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Graça Foster, una ‘mano de hierro’ en entredicho

Actualizado el 05 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Graça Foster, una ‘mano de hierro’ en entredicho

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Río de Janeiro. AFP. En la favela en la que creció, Graça Foster buscaba entre la basura botellas y latas para costear sus estudios y llegar lejos. Los años y el esfuerzo la hicieron la primera presidenta de Petrobrás, cargo que ahora abandona en medio de un escándalo de corrupción.

Foster tenía 20 años cuando comenzó a labrar su carrera en Petrobrás, subió cada escalón hasta el mando de la empresa, que asumió hace tres años.

Maria das Graças Foster prefiere que la llamen Graça. A sus 61 años, es casada y tiene dos hijos. Es amante del rock de The Beatles y Janis Joplin, hincha del club Botafogo y ya desfiló varias veces en el carnaval de Río de Janeiro.

Dice tener tatuajes “en lugares que la ropa impide mostrar”. Hay quien dice que tiene en el brazo tres grandes estrellas del Partido de los Trabajadores (PT, izquierdista), el grupo de la presidenta Dilma Rousseff .

Fue Dilma, su amiga de años, quien la colocó en el cargo en el 2012 y es ahora quien le informó de su salida, un mes luego de ratificarla exaltando su “ética”.

Foster ingresó en Petrobrás en 1978 como pasante.   | AP
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Foster ingresó en Petrobrás en 1978 como pasante. | AP

El nuevo presidente de Petrobrás, una firma de capital abierto bajo control estatal, se definirá mañana cuando se reúna el Consejo de Administración.

Firme. Foster, una ingeniera química con estudios en Economía, asumió en febrero del 2012 como la primera mujer que presidía Petrobrás, el más alto escalón en su carrera que inició como pasante en 1978.

Conocida por su fuerte temperamento (llegó a ser comparada por esto con Rousseff) y su fama de trabajadora infatigable, Foster se preciaba de conocer al dedillo Petrobrás gracias a su larga trayectoria en la empresa.

Llegaba muy temprano a su oficina y salía muy tarde, incluyendo fines de semana. Lejos de ser una espectadora, centralizaba buena parte de las operaciones de la mayor empresa de Brasil.

Por eso, el mercado exigió, desde que se destapó la olla de corrupción, la cabeza de Foster, cuya su “mano de hierro” quedó en entredicho.

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