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Ministro de Defensa prevé ardua tarea

Desminar Colombia tomará una generación

Actualizado el 30 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Fuerzas armadas entrenarán a 10.000 soldados para esa labor en el 2016

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Ministro de Defensa: Desminar Colombia tomará una generación (AFP)

Bogotá. AFP. Desminar Colombia, segundo país más afectado por minas antipersona después de Afganistán, “tomará una generación”, dice en entrevista con la AFP el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien reveló que 10.000 soldados estarán entrenados para esa labor en el primer semestre de 2016.

Con cerca de 11.000 víctimas de estos artefactos desde 1990 y más de la mitad de los municipios del país contaminados, las minas “son el gran reto del posconflicto” en Colombia, afectada por más de medio siglo de conflagración interna, afirma el titular de Defensa.

Por eso, en 2016 las fuerzas militares redoblarán esfuerzos en el desmonte de artefactos explosivos, asegura Villegas, exdelegado del gobierno en los diálogos que se desarrollan desde hace más de tres años con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas) en Cuba.

Entrenados. “Vamos a pasar de 600 soldados que tenemos hoy entrenados a 10.000 en el primer semestre del año entrante” para el desminado, un tema en el que la mesa de negociación llegó a un acuerdo en marzo para operaciones conjuntas.

En ese contexto, las partes iniciaron con un proyecto piloto en el municipio de Briceño, departamento de Antioquia (noroeste), ahora libre de minas.

Según el ministro, vendrán más operativos de este tipo una vez se firme la paz, a más tardar el 23 de marzo de 2016.

La semana pasada, los negociadores en La Habana cerraron el punto de las víctimas del conflicto armado, que contempla un sistema especial de justicia para excombatientes. Este plantea como posible castigo su participación en el desminado.

El proceso de paz transcurre sin una tregua en el terreno, pese a que las FARC adelantan un alto el fuego unilateral desde julio.

Villegas, quien durante 17 años presidió el gremio industrial en Colombia y fue embajador en Estados Unidos, concibe el cese bilateral -el nuevo eje de las pláticas-, con “zonas de focalización” para los guerrilleros y un “componente internacional para las zonas de verificación y monitoreo”, “una coordinación”, por mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Al cese bilateral podría entrar el Ejército de Liberación Nacional (ELN), segunda guerrilla de Colombia, con la que el Gobierno inició diálogos exploratorios a comienzos de 2014 para instalar una mesa formal de paz.

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“Pues ojalá (entre el ELN), si se cumplen los requisitos necesarios para ese cese al fuego, que son muchos”, afirma Villegas. "El dónde, cuándo, por cuánto tiempo (...). Si copa esos detalles, por supuesto que estamos listos a tener también ese cese al fuego", señala.

“Espero que el ELN entre también a las negociaciones lo más rápido posible”, subraya.

En una entrevista al diario español Gara , el máximo líder del ELN, Gabino (Nicolás Rodríguez Bautista), reveló que la agenda de negociación ya está acordada y que esperaba el inicio de las conversaciones de paz en 2016.

Tras el fin del conflicto armado, Villegas augura unas “fuerzas armadas preparándose para esa nueva etapa”, aunque sin disminuir su número (unos 500.000 efectivos), ni su presupuesto (un 3,5% del PIB en 2014, según el Banco Mundial).

Con la ONU. Así, la prioridad para el 2016, dijo el ministro, será el crimen organizado. Además, Colombia se comprometerá con 5.000 efectivos, en un lapso de cinco años para el mantenimiento de la paz de la ONU.

Dos bases de entrenamiento en el norte del país se preparan para ello, aunque un centenar de policías ya están en “misiones coordinadas en Haití, Sierra Leona y al menos dos o tres destinos” más, agrega Villegas.

Los militares colombianos son apetecidos igualmente por empresas de seguridad extranjeras que contratan mercenarios para gobiernos del Oriente Medio. Irónicamente, Villegas califica el “drenaje” como un “honor, pensando que somos muy buenos”, pero pide reglas de juego.

“Hemos invertido mucho en nuestras fuerzas especiales. Las necesitamos porque tenemos amenazas internas muy grandes, pero no podemos competir con los países petroleros por los sueldos que les pagan”, afirma.

El ministro pretende que se firmen tratados que regulen ese intercambio de fuerzas.

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