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Una tranquila velada con Angie

Actualizado el 22 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Una tranquila velada con Angie

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Hamburgo. Los alemanes no se caracterizan por su espontaneidad. Les cuesta expresar sus emociones y levantan la ceja cuando alguien hace mucho ruido. Así también es en la política. No son de abrazar al candidato, o no se lo permiten aunque lo quieran.

Durante las semanas previas a las elecciones, en la ciudad portuaria de Hamburgo, al norte de Alemania, los únicos signos visibles de la campana electoral son las fotos de los candidatos montadas en marcos de madera y esparcidas en las aceras y plazas de la ciudad ante la mirada silenciosa de los hamburgeses.

No hay banderas ni carros con stickers ni vehículos con parlantes recorriendo las avenidas, vendiendo a los candidatos. Es una campaña moderada que se sigue en los debates televisivos y las páginas de la empresa.

El miércoles pasado la canciller Ángela Merkel visitó Hamburgo, la ciudad en la que nació hace 59 años. Fue recibida por casi 4.000 personas en un icónico y viejo salón de subastas de pescado construido con hierro y ladrillos a finales del siglo XIX en la orilla del rio Elba.

Mutti (‘mami’), como le llaman cariñosamente los alemanes, fue recibida por una banda local que tocaba música de afuera: The Best , de Tina Turner, y (I Can't Get No) Satisfaction, de The Rolling Stones.

No hubo desorden ni gritos estridentes o grandes filas. La gente esperó con calma sin siquiera responder a la petición casi desesperada del cantante para que lo acompañaran en una canción. Nadie le hizo caso hasta que se rindió.

Las únicas emociones que mostró la audiencia llegaron con la entrada al salón de Angie, que ciertamente transmite un aire maternal que despierta simpatías. Lo demás fue un discurso de 45 minutos con algunas notas de humor y un recuento de sus logros y promesas, mientras levantaba su puño cerrado cuando quería enfatizar algún tema.

La nota de color la pusieron tres bellas jóvenes tan rubias como la cerveza, que subieron a la tarima vestidas con trajes típicos del norte del Hamburgo, quienes le obsequiaron a Merkel canastas con flores y fresas.

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