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Cómo operan los reclutadores del Estado Islámico en Molenbeek, Bélgica

Actualizado el 02 de abril de 2016 a las 11:34 am

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Manifestantes de derecha cantan consignas al lado de uno de los monumentos a las víctimas de los recientes ataques de Bruselas, en la plaza de la Bolsa. (AP)

Molenbeek, Bélgica

Se confunden entre la multitud y fichan en la calle aprovechando las "frustraciones" latentes en el barrio: los reclutadores del grupo yihadista Estado Islámico (EI) siguen embaucando a los jóvenes de Molenbeek, en Bruselas, pese a haber perdido terreno en los últimos dos años.

Bélgica, un país de 11 millones de habitantes, tiene en proporción el mayor número de jóvenes que han pasado a engrosar las filas del Estado Islámico en Siria (más de 500 desde 2011) y Molenbeek, barrio de clase trabajadora del que procedían algunos de los kamikazes y organizadores de los atentados de París, fue rápidamente señalado como un vivero de yihadistas.

A los 18 años, Sofian, que busca empleo como agente de seguridad, jamás ha sido abordado por un de estos reclutadores, pero sí varios de sus amigos, en un parque o en un portal de Molenbeek.

"Al principio, nos decíamos 'son chicos como los otros que pueden ser simpáticos', pero al final veíamos que tenían ideas bastante extremas. Te das cuenta bastante rápido, te dicen 'vente conmigo a Siria, aquí tienes una vida de mierda'", explicó el joven.

"Y en Internet es igual, no se esconden, ya sea en Facebook con las fotos o con mensajes que dejan, e incluso con videos que comparten", agregó.

Para Olivier Vanderhaeghen, funcionario encargado de la prevención contra el radicalismo, "existe una sociología particular que hace que los reclutadores puedan actuar más fácilmente, sin ser molestados, en Molenbeek antes que en otros barrios".

Aquí "hay una comunidad arabo-musulmana mayor, que concentra toda una serie de dificultades", con una tasa de desempleo del 40% entre los menores de 25 años. "Juegan con la angustia de los jóvenes", añade.

Y cuando "los policías entran en Molenbeek para intentan localizarlos, ellos mismos son identificados en 30 minutos" por los habitantes", lamenta. "Es muy difícil hacer vigilancia aquí, los reclutadores lo han entendido bien".

Pese a ello, "a Dáesh (acrónimo en árabe del EI) cada vez le cuesta más reclutar en los barrios", asegura el funcionario. Las autoridades se han hecho conscientes del fenómeno hace dos años y han detenido a ciertos predicadores carismáticos vinculados a redes de reclutamiento.

Frente a la decena de jóvenes belgas que viajaban a Siria cada mes en 2013 y 2014, en 2015 se redujeron a cinco al mes.

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Desde 2011, Molebeek ha aportado a las filas del EI 24 combatientes, según el Centro Internacional de Contraterrorismo, un think thank basado en La Haya.

Sarah Turine, alcaldesa adjunta y responsable de la juventud, opina que, como respuesta a la reacción de las autoridades belgas, los reclutadores han "puesto en marcha un tipo de captación más 'underground', más camuflada".

De hecho, varios de los atacantes de los atentados de París en noviembre, jamás pasaron por Siria, recuerda la edil.

Su punto en común es más bien un pasado de delincuencia, criminalidad y prisión, como en el caso de los hermanos Brahim y Salah Abdeslam, originarios de Molenbeek.

"La lección que debemos extraer de los atentados es que Dáesh consigue movilizar redes criminales que no tienen por qué estar ligadas (al grupo yihadista) ideológicamente, redes que aceptan participar en la organización de atentados", considera.

A fin de evitar que los jóvenes de zonas deprimidas se marchen a Siria, los trabajadores sociales en Bélgica están siendo formados para detectar las señales que delatan una radicalización, que pasa progresivamente por abandonar los estudios, su club de fútbol o su grupo de amigos y acabar, en último término, contestando las prácticas familiares del islam o la autoridad de sus padres.

"Son los más frágiles, los más débiles de espíritu los que caen", considera Sofian.

Chicos como Anis, un chico inadaptado e idealista que lamentó muy rápido haber viajado a Siria a los 18 años, según su madre. En febrero de 2015 moriría en un bombardeo de la coalición contra el EI.

LEA: Tercer sospechoso de atentado en aeropuerto de Bruselas fue liberado por falta de pruebas

Su madre, Géraldine Henneghien, creó la asociación "Los padres involucrados", fundada por familias que han visto a algún hijo partir a Siria.

"Sin duda, hay que trabajar con la juventud, decirles con fuerza que tienen un lugar en la sociedad belga", explica esta habitante de Molenbeek.

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