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Elecciones retan hegemonía de partidos Liberal y Nacional

El siglo del bipartidismo tiembla en Honduras

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Libre, la fuerza surgida tras el golpe de Estado, amenaza con llegar al poder

Plan de ‘socialismo democrático’ lleva como candidata a esposa de Zelaya

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El siglo del bipartidismo tiembla en Honduras

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Ambiente previo a las elecciones en Honduras (Olman Hernández)
Tras el derrumbe del Partido Liberal después del golpe, Libre y el oficialista Nacional aparecen con las mayores posibilidades de llegar al poder.
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Tras el derrumbe del Partido Liberal después del golpe, Libre y el oficialista Nacional aparecen con las mayores posibilidades de llegar al poder. (Marco Hernández)

Tegucigalpa. En su primer encuentro con una urna electoral, Carlos Medina debería marcar con una equis la casilla del Partido Liberal. Así lo dicta la tradición en su familia, un argumento muy fuerte cada vez que Honduras sale a elegir presidente.

Pero Medina, estudiante de Ciencias Naturales, ha decidido soltar esa soga en los comicios del 24 de noviembre. Tenía 16 años cuando José Manuel Zelaya aterrizó en pijamas en suelo costarricense, después de que las Fuerzas Armadas asaltaron su casa y le impidieran culminar su mandato.

Cuatro años después, dice que su primer voto será para Libertad y Refundación (Libre) , que tiene por candidata a Xiomara Castro , esposa de Zelaya, y que aglutina las fuerzas que se opusieron al golpe del 28 de junio del 2009 .

Esa es la imagen general de las elecciones en Honduras: una nueva y multiforme fuerza política –que habla de “socialismo democrático”– raspa votos del bipartidismo y atrae a indecisos con tal de sacar del poder a los peces gordos de la política: los partidos Liberal y Nacional , que gobiernan este país centroamericano desde 1902.

Para ello, Libre se enfrenta a quienes temen de cualquier impulso socialista o simplemente optan por seguir empujando la tradición. Recostada a un muro en el parque El Picacho, desde donde se miran todas las latas y el concreto de Tegucigalpa, Feliciana Artiaga, vendedora de golosinas, dice que su padre fue militante del Partido Nacional y que por eso les dará el voto.

A unos cuantos kilómetros, Óscar Ávila viste el color azul del Partido Nacional bajo un toldo de campaña que ameniza la mañana con música reguetón. “Mi abuela es salvadoreña y se vino aquí sin papeles, y fue el Nacional el que le dio la ciudadanía; uno, por agradecimiento empieza a tomar sendas en el camino de la política y de la tradición del partido”, reconoce .

Xiomara Castro estuvo el domingo anterior en Lempira, a 200 kilómetros de Tegucigalpa. | AFP.
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Xiomara Castro estuvo el domingo anterior en Lempira, a 200 kilómetros de Tegucigalpa. | AFP.

Nuevos tiempos. ¿Cómo en un país de raigambre conservadora se abrió paso un partido que usa retratos de Hugo Chávez y el Che Guevara en su campaña? La respuesta hay que buscarla en los lastres que arrastra el país y, especialmente, en el golpe de Estado contra Zelaya, cuyas heridas siguen frescas y atizan esta hirviente campaña.

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Las encuestas dicen que Xiomara Castro y Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional, se disputarán la presidencia. Atrás vienen Mauricio Villeda, del Liberal, –antigua casa de Zelaya severamente golpeada tras el socollón del golpe– y Salvador Nasralla, una popular estrella de la televisión.

Sin embargo, los ataques contra las casas encuestadoras son frecuentes y cada partido está seguro de la victoria. El mismo Nasralla dice que seis de cada diez hondureños votarán por su Partido Anticorrupción (PAC).

“Hasta el 2009, 14 de cada 15 hondureños votaba por el Nacional y el Liberal”, explica Darío Cruz, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. En estas elecciones esa abismal diferencia desaparecerá, pero la posibilidad de que un nuevo partido tome el poder depende, asegura Cruz, de que la gente salga a votar y de un proceso transparente.

“Al abstencionismo le han sacado provecho los partidos tradicionales. ¿Por qué ganó el Partido Nacional las elecciones del 2009? Porque los liberales no fueron a votar. La diferencia es que ahora hay dos opciones nuevas y fuertes”, apunta Cruz en referencia a Libre y PAC.

Además de esos nuevos contrincantes, Juan Orlando Hernández también debe vérselas con la baja popularidad que exhibe hoy el gobierno nacionalista de Porfirio Lobo. Honduras sigue siendo el país más violento del mundo que no está en guerra y el segundo más pobre de América, solo arriba de Haití.

Hernández es presidente del Congreso Nacional y encabezó procesos plagados de polémica, como la destitución de cuatro magistrados y la aprobación del salario por hora. También fue el impulsor de la nueva Policía Militar, su proyecto estrella y que usa en cada anuncio de la campaña, pese a críticas de grupos de derechos humanos.

“El gobierno aparece muy mal valorado ante la opinión pública y las encuestas dicen que el 87% de los hondureños creen que estas elecciones deben generar un cambio, y el cambio lo representan las otras opciones”, sostiene Julio César Navarro, sociólogo y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Así, los nacionalistas dirigen su campaña especialmente a los “cachurecos” –como se llama popularmente al voto duro del partido– y no llaman tanto a los indecisos o a los independientes. También acusan a Libre de querer perpetuarse en el poder y llevar al país a una situación como la de Venezuela.

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Las autoridades de Libre se sacuden hablando de un socialismo a la hondureña. “Nosotros estamos apoyando un proyecto socialista de acuerdo con nuestras necesidades, sin ponerle membrete o copia”, dice Juan Barahona, histórico líder sindical y primer designado presidencial del partido, quien no niega la inspiración en los proyectos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Libre se compone en su mayoría por miembros del Partido Liberal que se fueron con Zelaya, así como de grupos sindicalistas, campesinos y de izquierda. Es, entonces, un coctel en el que conviven figuras tradicionales de la derecha, junto con dirigentes que alguna vez protestaron contra las políticas de sus ahora compañeros.

Su principal propuesta es convocar una asamblea constituyente para que redacte una nueva constitución política .En ese foro se plantearán temas como la nacionalización de algunos servicios que han sido privatizados, la elección democrática de magistrados e incluso la reelección presidencial.

El candidato oficialista, Juan Orlando Hernández, visitó el domingo anterior Azacualpa, a unos 300 kilómetros de la capital.  | AFP.
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El candidato oficialista, Juan Orlando Hernández, visitó el domingo anterior Azacualpa, a unos 300 kilómetros de la capital. | AFP.

Otro Congreso. En las elecciones también se renovarán los 128 diputados del Congreso –que se eligen directamente y no por proporción, como sucede en Costa Rica– y los 298 alcaldes.

Con tantos nombres, los postes de luz en todas las calles de Tegucigalpa lucen tapizados con rostros y rostros de candidatos. La mayoría provienen de los partidos tradicionales, pues las reglas dicen que solo tienen derecho a deuda política las agrupaciones que participaron en las últimas elecciones.

Para los analistas, sea cual sea la fuerza ganadora, lo cierto es que Honduras se despertará el 25 de noviembre sabiendo que, por primera vez en su historia democrática, tendrá un Congreso dividido donde la negociación será inevitable.

“Habrá algo que no se ha experimentado en el país: un Congreso con tres bancadas fuertes, y no dos bancadas que se han entendido muy bien. Las encuestas dicen que ninguna fracción tendrá la mayoría absoluta”, apunta Navarro.

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