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Juan Orlando Hernández

El controvertido abogado que manejó el Congreso de Honduras

Actualizado el 28 de enero de 2014 a las 12:00 am

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El controvertido abogado que manejó el Congreso de Honduras

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Tegucigalpa. AFP. Juan Orlando Hernández, el nuevo presidente de Honduras, es un abogado de 45 años, pragmático y de corte autoritario según sus críticos, abanderado de la militarización de la lucha contra el crimen organizado y la delincuencia.

De baja estatura, cabello bien recortado y sonrisa amplia, Hernández, del Partido Nacional (PN, gobernante), se ciñó la banda que deja Porfirio Lobo y prometió el combate militarizado contra el narcotráfico y las pandillas.

El expresidente del Congreso ganó la presidencia a Xiomara Castro, esposa del derrocado Manuel Zelaya y candidata del izquierdista Libre, quienes alegaron fraude.

Hernández, casado con la abogada Ana García, con quien tiene cuatro hijos, nació en 1968, en el seno de una familia rural de clase media en la ciudad de Gracias, departamento de Lempira, donde es empresario agrícola y dueño de un hotel, una radio y un canal de TV.

Cursó estudios secundarios en la ciudad de San Pedro Sula, en el Liceo Militar del Norte, donde obtuvo el grado de subteniente de Infantería. Se graduó de abogado en la Universidad Nacional, en Tegucigalpa, e hizo en Nueva York una maestría en Administración Pública. Incursionó en política en 1990 como asistente en la Secretaría del Congreso y desde 1998 fue diputado en cuatro periodos.

Durante el golpe de Estado de junio del 2009, participó como diputado en la separación del mandatario Zelaya y en la designación del presidente de facto Roberto Micheletti. Fue clave para el gobierno de Porfirio Lobo desde su cargo como presidente del Congreso.

Fue allí, según sus críticos, donde desplegó su estilo autoritario. Incluso, el influyente dirigente industrial Adolfo Facussé, quien apoyó el golpe contra Zelaya, lo llamó “pequeño dictador en ciernes”.

Consiguió la aprobación de todo lo que se propuso –pese al rechazo de grupos humanitarios–, como la creación de la Policía Militar, su proyecto estrella para afrontar la criminalidad, con un cuerpo que llegará a tener 5.000 efectivos.

Logró destituir a cuatro de los cinco miembros de la Sala Constitucional que votaron contra las controvertidas “ciudades modelo” –otra de sus iniciativas– y de un plan de depuración de la Policía civil que consideraban violatorio de derechos. Alcanzó la candidatura presidencial en unas controvertidas primarias en las que su principal contendiente, el entonces alcalde capitalino, Ricardo Álvarez, lo acusó también de aprovechar el control que ejerce en el órgano central del PN para cometer fraude.

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Desde la silla parlamentaria, emprendió proyectos populistas como el de los “ecofogones” (estructuras metálicas que funcionan con poca leña) para familias pobres. De ahí le endosaron el apodo de “Juan fogón”.

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