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Se prevé victoria de la premio Nobel

Suu Kyi: el sacrificio para llegar a las puertas del poder en Birmania

Actualizado el 09 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Férrea positora del régimen militar, Suu Kyi encarna las esperanzas de la democracia en su país

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Suu Kyi: el sacrificio para llegar a las puertas del poder en Birmania

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La premio Nobel y líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND), Aung San Suu Kyi, emitió su voto el domingo en Rangún, en las históricas elecciones legislativas de Birmania (AFP)

Rangún

En las últimas y cuestionadas elecciones de Birmania,  Aung San Suu Kyi estaba en arresto domiciliario. Un cuarto de siglo después, esa líder opositora está convencida de que conseguirá una victoria histórica.

Esta diputada de 70 años, vestida con el color rojo de su partido, Liga Nacional para la Democracia (LND), atrae a las masas en las remotas regiones al norte de Rangún. El rojo también es el color que vestía este domingo cuando votó en una escuela del centro de Rangún, aclamada por una muchedumbre de partidarios al grito de "victoria". Aquellas eran las primeras votaciones bajo un gobierno democrático en Birmania desde 1960.

Suu Kyi sueña con ver Birmania alejarse definitivamente del período de la junta militar, que dejó el país en ruinas, oprimió a la población durante décadas y la puso durante 15 años en arresto domiciliario.

"En caso de victoria, dirigiré el gobierno y estaré por encima del presidente escogido por los parlamentarios", advirtió Suu Kyi el jueves ante la prensa internacional, desafiando así las leyes impuestas por la junta. En virtud de la Constitución vigente, la líder opositora no puede convertirse en presidenta, ya que un artículo bloquea el acceso a este cargo a las personas con hijos de nacionalidad extranjera. Ella tiene dos hijos británicos.

"Esta elección es una gran oportunidad de cambio para nuestro país. El tipo de oportunidad que sólo llega una o dos veces en la Historia", confesó algunos días antes la premio Nobel de la Paz durante un gran mitin en Rangún. Para los birmanos que sufrieron la crudeza de la vida bajo una junta que aisló al país del mundo, Suu Kyi encarna aún hoy "sus esperanzas de un regreso a la democracia", estima Phil Robertson, representante de la ONG Human Rights Watch.

Birmania ha experimentado grandes cambios desde la apertura del país en 2011, pero "dos grandes factores no han cambiado: el aura carismática de  Suu Kyi y la influencia duradera de la élite militar", explica el politólogo Nicholas Farrelly. "Para muchos electores de Birmania, ella es la figura de la lucha contra el autoritarismo en su país. Ellos imaginan que el destino democrático interrumpido en los años 1990 está ahora al alcance de la mano", añade.

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Figura polémica. La llegada de Suu Kyi al parlamento en 2012 durante las elecciones legislativas parciales ha empañado, sin embargo, su reputación de símbolo de los derechos humanos, especialmente en el extranjero.

De carácter pragmático, Suu Kyi evita pronunciarse sobre la suerte de los rohingyas, una minoría musulmana perseguida en Birmania. En el seno de su partido, algunos le reprochan también su autoritarismo y el poco espacio dejado a los jóvenes.

La entrada en política de Suu Kyi no estaba programada: tras la muerte de su padre, el general Aung San, héroe de la independencia birmana asesinado en 1947 cuando ella tenía dos años, la primera parte de su vida la pasó en el exilio, primero en India y después en Reino Unido. Allí, llevó una vida de ama de casa, esposa de un profesor universitario especialista del Tibet en Oxford y madre.

Sin embargo, en 1988, cuando viajó a Birmania para estar junto a su madre, llegó en pleno levantamiento contra el régimen, cuya represión se convirtió en un baño de sangre, por lo que decidió implicarse en el destino de su país. "No podía, como hija de mi padre, mantenerme indiferente a todo lo que pasaba", dijo durante su primer discurso, en la pagoda de Shwedagon en 1988. En ese momento nació el símbolo Suu Kyi.

Aunque la junta la autorizó a formar la LND, rápidamente pasó a arresto domiciliario. A distancia, asistió la victoria de su partido en las elecciones de 1990, cuyos resultados la junta rechaza reconocer. Así pasó los años, encerrada en su casa situada al borde de un lago en pleno Rangún, donde recibía la visita de pocas personas autorizadas, así como de sus dos hijos y su esposo. Este último murió de cáncer en Inglaterra, sin que su esposa pudiera ir a darle el último adiós, por temor a no poder regresar a Birmania.

En 2010, Aung San Suu Kyi fue liberada tras 15 años en arresto domiciliario, siete de ellos consecutivos, durante los cuales mostró siempre una firme determinación que podría llevar ahora a su partido a gobernar Birmania.

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