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Miguel no cambia, por nada, su ‘apartamento’ en la alcantarilla

Actualizado el 09 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Tiene televisor, radio, cocina y abanico para sortear el calor subterráneo

Pese a múltiples ofertas, rehúsa ir a vivir a otra parte, y se confiesa feliz

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Miguel no cambia, por nada, su ‘apartamento’ en la alcantarilla

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Medellín, Colombia. AFP. Desde hace más de 20 años, Miguel Restrepo vive orgulloso en un “apartamento” con cocina, televisor y suelo de baldosas que cualquiera puede curiosear si se asoma a una de las alcantarillas de la ciudad colombiana de Medellín.

Apenas tiene una superficie de 3x2 metros cuadrados y una altura de 1,4 metros, pero Miguel asegura que no cambia su vivienda por otra convencional y que bajo tierra vive “mejor que el presidente”.

“No cambio esto por una casa porque si me voy de aquí tendría muchas necesidades como pagar los servicios públicos, impuestos, pasajes para conseguir comida”, explica el colombiano, de 62 años, quien tuvo que dejar su trabajo informal de reciclador por una enfermedad pulmonar.

Miguel Restrepo y su esposa, María García, viven ahora de la caridad de sus vecinos, aunque de vez en cuando le dan trabajo como cuidador de vehículos.

“Hay días que tenemos comida de sobra y otros no, pero uno se va acostumbrando”, expresa.

Vida subterránea. María se fue a vivir con su esposo hace cinco años y juntos han hecho de un simple hueco un hogar.

Ni siquiera alcanzan a ponerse de pie en la vivienda, pero ambos han conseguido aislarse del resto del subsuelo de Medellín con paredes de cemento y se han equipado con un armario, una radio y un ventilador, que les ayuda a soportar el fuerte calor que sufren bajo tierra.

No tienen ducha, pero llenan cubos con agua para lavarse. Cuando llueve colocan rápidamente plásticos en la boca de la alcantarilla para evitar que se inunde.

“Vivimos en un apartamento, para mí es un apartamento”, manifiesta sin dudar Miguel mientras acaricia a su perra Blackie, que también vive con ellos.

Cerca de la alcantarilla crearon otro espacio para plantar un pequeño jardín en el que cultivan flores y que ya muestra incluso un árbol de Navidad, que han adornado con las tradicionales luces. Miguel siempre agradece la buena acogida que les han dado los vecinos de esta zona industrial de Medellín, departamento de Antioquia.

“Hay que sembrar para poder recoger. Si uno se maneja bien, le va bien. Si se maneja mal le va mal”, afirma, como si fuera su secreto.

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Miguel no nació en Medellín –ubicada a 400 km al noroeste de la capital y donde viven alrededor de 2,4 millones de habitantes–, sino en el cercano municipio de Amaga. De joven, se marchó a buscar trabajo a la segunda ciudad más poblada de Colombia, pero acabó atrapado en las calles y con problemas de drogadicción.

Ahora se muestra satisfecho con su situación y no se cansa de rechazar los consejos de los funcionarios municipales que insisten en que se traslade a una residencia.

“Yo vivo mejor que el presidente de la República”, asegura. “Él tiene muchos problemas y yo no tengo ninguno”.

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