El líder de al-Qaeda y organizador de los atentados del 2001 contra Estados Unidos que dejaron casi 3.000 muertos, fue ultimado la noche de domingo en una operación de las fuerzas especiales de Estados Unidos en Abbottabad, una localidad de Pakistán donde tenía su escondite.
“Creo que todos estaremos de acuerdo en que este es un buen día para Estados Unidos. Nuestro país mantuvo su compromiso de que se hiciera justicia”, dijo el presidente Barack Obama.
El hombre más buscado del mundo murió a unos 80 km al norte de la capital pakistaní de Islamabad, de un balazo en la cabeza por miembros de las fuerzas especiales de la Marina estadounidense, los
Las fuerzas estadounidenses dijeron haber realizado una ceremonia funeraria según la tradición musulmana, en el norte del mar arábigo.
Autoridades suníes en El Cairo cuestionaron el procedimiento. “El islam no acepta la inmersión en el mar, solo el entierro”, dijo Mahmud Azab, consejero del gran imán Ahmad al Tayeb para el diálogo interreligioso.
“Muy probablemente, los terroristas intentarán vengarse”, opinó Leon Panetta, el director de la CIA, quien deberá tomar las riendas del Pentágono en próximos meses.
La ministra de Seguridad interior, Janet Napolitano, precisó que ninguna amenaza inminente de atentado era palpable en Estados Unidos y por eso no se aumentaba el nivel de alerta.
Las autoridades de Pakistán, cuyos líderes no fueron enterados con antelación, confirmaron que la muerte de bin-Laden se produjo en un asalto dirigido “directamente” por los estadounidenses.
El embajador de Pakistán en Estados Unidos anunció que Islamabad lanzará una “investigación a fondo” sobre las fallas de los servicios de inteligencia en su búsqueda de Osama bin-Laden.
Los talibanes pakistaníes aliados de al-Qaeda juraron vengar a Osama bin-Laden, con ataques a intereses estadounidenses y al Gobierno de Islamabad. En los foros yihadistas las reacciones pasaban de la incredulidad a la cólera.
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