
El nombre del niño no aparece en un reportaje de la BCC que recopila testimonios sobre niños soldados, lo único que se sabe es que tenía 13 años cuando fue reclutado en la República Democrática del Congo (RDC).
Tras el fallo histórico de la Corte Penal Internacional , que condenó a Thomas Lubanda por crímenes de guerra por reclutar niños para que pelearan con sus fuerzas armadas en la RDC, el problema sobre la participación de menores de edad en conflictos bélicos vuelve a evidenciar otro tipo de horror en la opinión pública.
Conforme estadísticas de la ONU, en el 2000, había alrededor de 300.000 niños, entre 7 y 18 años, combatiendo en diferentes grupos armados de varias naciones. No obstante la cifra es difícil de calcular y se estima que, aunque sigue siendo alta, en los últimos años ha disminuido.
Radhika Coomaraswamy, representante especial de la ONU para la cuestión de los niños y los conflictos armados, tras el fallo de la CPI le atribuyó la baja en las cifras a las amenazas de sanciones por parte del Consejo de Seguridad de la ONU contra países que se niegan a acatar las medidas.
Sin embargo, a pesar de que 126 países han ratificado el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, la existencia de menores soldados permanece como una verdad silenciosa entre uniformes de camuflaje, balas y sangre derramada.
En el más reciente informe de la ONU sobre niños en conflictos armados (de abril de este año ), se señala que fuerzas militares (rebeldes o gubernamentales) en más de 15 países usan menores.
Afganistán, Birmania (Myanmar), Chad, Colombia, Libia, Líbano, Irak, RDC, Somalia, Sudán, Territorios Palestinos Ocupados, Uganda y Siria , presentan las mayores incidencia de casos . Es decir, a pesar de la alta atención internacional al problema, este persiste.
Darles un rifle y ordenarlos a matar, no son las únicas funciones que cumplen estos menores.
Las labores dentro de los ejércitos van desde manejo de artillería y acción en combate, hasta trabajos como mensajeros, espías, cocineros y esclavos sexuales, ya sea siendo abusados o perpetuando ellos mismos violaciones.
Además, les administran drogas y viven con la constante amenaza de castigos, torturas o hasta la muerte si desobedecen órdenes.
Peter, quien tenía diez años cuando lo reclutaron en Sierra Leona, decidió narrar sus recuerdos en un libro
“Cuando estábamos en primera línea de fuego y atacábamos por sorpresa, si nos encontrábamos con mujeres civiles las violábamos”, relata en sus páginas.
Respirar violencia constantemente hace del aire un veneno que deshumaniza por dentro, que va matando su infancia. La violación sistemática a derechos como educación, recreación y libre desarrollo de la personalidad, se convierte en un arma letal para el futuro desarrollo de estos menores.
Además, a raíz de la condena de la CPI, el crimen por reclutar y usar niños como soldados “está ahora gravado en piedra, nadie podrá decir que lo desconocía”, explicó Coomaraswamy a la agencia AFP.
Sin embargo, la tarea está lejos de ser simple.
Países que critican esta práctica, como Estados Unidos, destinan millones de dólares para financiar programas de entrenamiento militar en colegios, donde enseñan a los adolescentes a disparar y actuar como soldados.
A su vez, Reino Unido fue acusado de enviar soldados de 17 años a pelear en la guerra de Irak.
Los organismos de derechos humanos tienen una larga tarea por delante, sacar del oscuro túnel de la violencia a miles de niños que han sido tragados por la guerra y probado su sabor amargo.
China Keitetsi, de Uganda, describe muy bien la situación en su libro de memorias cuando fue una niña soldado: “imagino que así debe ser el infierno, ¿dónde, si no, se encontraría tanta acumulación de dolor?”, escribió.