Así, el político sella su tercer ascenso a la presidencia del país.
Su rival comunista, Guennadi Ziuganov, obtuvo la segunda posición con el 17% de votos. En tercer lugar quedó el millonario Mijaíl Projorov con 7,29% casi empatado con el populista Vladimir Jirinovski quien recibió 7,19%.
Putin, primer ministro desde el 2008, abandonó el Kremlin ese año al no poder optar por un tercer mandato consecutivo por impedimento constitucional. Antes, fue presidente en dos períodos, entre el 2000 y el 2008.
Justamente en el 2008, impulsó políticamente a su subordinado, Dimitri Medvedev, el actual presidente ruso, y quien voluntariamente desapareció de la escena política desde setiembre para dejarle el protagonismo a su mentor de cara a las presidenciales.
Además, una reforma constitucional amplió de cuatro a seis los años de mandato presidencial ruso. Eso supone que Putin podría aún perseguir a la reelección en el 2018 y seguir teóricamente en el poder hasta el año 2024.
Ayer, justo después de anunciarse los resultados parciales, el hombre proclamó su victoria.
“Hemos ganado en una batalla abierta y honesta”, declaró Putin mientras se le salían algunas lágrimas, evidenciaron imágenes en vivo de la televisión rusa.
“Gracias a todos los que han dicho sí a la gran Rusia”, lanzó a sus seguidores retomando el lema de su campaña al lado de Medvedev, quien lo acompañó en el acto.
Putin estimó que los electores no dejaron “destruir el Estado ruso” ante más de 110.000 personas, según la Policía, que se concentraron cerca de la Plaza Roja a festejar la victoria del político.
“Nuestros electores saben diferenciar entre el deseo de renovación y las provocaciones políticas cuyo objetivo es destruir nuestro Estado y usurpar el poder”, dijo en referencia a opositores que protestan desde hace tres meses.
Medvedev, quien renunció a su propia oportunidad de reelección para permitir a su padrino el regreso al Kremlin, señaló: “El país y cada uno de nosotros necesitábamos esta victoria”.
La oposición se ha manifestado masivamente desde las elecciones legislativas en diciembre que considera fraudulentas y prevé una nueva concentración hoy en el centro de la capital rusa: uno de los principales adversarios del presidente es el descontento general por su estilo de gobierno autoritario.
Además, según analistas, su permanencia en el poder está hoy amenazada por un estancamiento de la economía como el que se conoció en la Unión Soviética durante la época de Leónidas Brezhnev.
“No es hacia la estabilidad adonde nos dirigimos, sino hacia el estancamiento: la economía no se desarrolla y el sistema no es eficaz”, estima el politólogo Alexander Konovalov, del Instituto de Estudios Estratégicos de Moscú.
Su opinión la comparte Mark Urnov, de la Escuela Superior de Economía: “el sistema necesita profundas reformas políticas y económicas, pero no hay ni los recursos financieros ni los recursos políticos para hacerlo.
Urnov pone de ejemplo la lucha a la corrupción, una plaga denunciada por Putin y la oposición, pero contra la cual el futuro presidente “no puede luchar”.
“Le obligaría a actuar contra su entorno. Y como su popularidad desciende, no puede hacer guerra en su propio bando”, cree Urnov.
Konovalov agregó que otro de los principales desafíos a los que se enfrenta Putin es que “todo está relacionado con el precio del petróleo. Si el precio del barril es inferior a los $130, le será imposible cumplir sus promesas y equilibrar el presupuesto”.