
La Haya, Holanda. AFP y DPA. La Corte Penal Internacional (CPI) inició ayer el primer juicio contra el exjefe congoleño de milicia Thomas Lubanga, acusado de crímenes de guerra por utilizar niños soldados en la República Democrática del Congo (RDC).
Se juzga a Lubanga, de 48 años, casi siete años después de la creación de la CPI, el primer tribunal internacional permanente encargado de juzgar a los autores de crímenes de guerra, por crímenes contra la humanidad y genocidio.
“La milicia de Lubanga reclutó, formó y utilizó centenares de niños para que mataran, saquearan y violaran”, declaró en la apertura de la audiencia el fiscal de la CPI, el argentino Luis Moreno-Ocampo.
Casi dos horas duró la fundamentación del caso hecha por Moreno-Ocampo.
El horror casi podía palparse y parecía aumentar con cada frase del fiscal. “Una niña no solo estaba obligada a apuntar con su arma a inocentes, sino a estar disponible como esclava sexual a la voluntad de su comandante”.
“Thomas Lubanga debe responder por el continuo abuso como soldados y la violación, con una brutalidad inimaginable, de cientos de niños y niñas durante el conflicto en la región de Uturi, en el noreste de Congo”, expresó.
Marcados. “Los niños siguen padeciendo las consecuencias de los crímenes de Lubanga. No pueden olvidar lo que vivieron, ni lo que vieron. Tenían 9, 11, 13 años”.
“No pueden olvidar los golpes que recibieron, el terror que sintieron. No pueden olvidar que violaron y fueron violados”, continuó el fiscal, según el cual “ahora algunos de ellos toman drogas para sobrevivir y otros se prostituyen”.
Lubanga, trasladado a La Haya en el 2006, está acusado de haber reclutado niños de menos de 15 años y de hacerlos combatir en el brazo armado de su milicia, la Unión de Patriotas Congoleños (UPC) en la guerra civil en Ituri, entre el 2002 y el 2003, que enfrentó a la tribu Hema, de Lubanga, con la tribu Lendu.
Su abogada Catherine Mabille, de la oficina de París, anunció que se declararía no culpable.
“La milicia de Lubanga era un ejército de niños”, insistió el fiscal.
Cerca del 30% de su ejército eran “kadogo”, una palabra en suahili que significa niños soldados.
El magistrado ha presentado varios videos que muestran al acusado rodeado de niños en uniforme y armados con fusiles.
Mencionó a un testigo arrepentido de haber dado palizas de muerte a niños de su edad que intentaban escaparse de los campos de entrenamiento.
Las niñas eran las que más padecían. “Además de llevar un arma, hacían la comida y, de vez en cuando el comandante las violaba. Si oponían resistencia las mataba”, afirmó Moreno-Ocampo.
Según las organizaciones humanitarias, los enfrentamientos entre milicias apoyadas por las etnias Hema (cercanas a la UPC) y Lendu, por el control en especial de las minas de oro, han causado unos 60.000 muertos y centenares de miles de desplazados desde 1999.
“Cada familia Hema tenía que poner a disposición al menos a un niño, quien se negaba era tiroteado o apaleado hasta la muerte”, dijo el fiscal. Niños y niñas menores de 15 años, algunos de ellos de ni siquiera 12, fueron llevados a los pueblos de los Lendu donde, bajo amenaza de muerte, debían saquear, incendiar y matar, agregó.
La acusación piensa llamar al estrado a 34 testigos, entre ellos nueve niños soldados y tres expertos. Está previsto que el juicio, presidido por el británico Adrian Fulford, dure de seis a nueve meses.