La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, banco central) de no subir sus tasas de interés, como se esperaba, da un respiro a Costa Rica, coinciden analistas.

La Reserva Federal mantiene sus tasas en un rango de entre 0% y 0,25% desde diciembre del 2008, para sacar de la recesión a Estados Unidos.
Si estas tasas hubieran subido, presionarían al alza los intereses en Costa Rica en dólares y en colones, lo cual hubiera golpeado a los deudores y a los productores.
Es por eso que el hecho de que no aumenten le da un espacio a Costa Rica para prepararse pues se prevé que en el futuro sí se incrementen.
“Yo lo veo como una oportunidad que tenemos de repensar muchas cosas de política macroeconómica, porque cada vez los márgenes de maniobra se nos están acortando”, comentó Dónald Miranda, investigador del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional.
El economista Alberto Franco, de Ecoanálisis, coincidió con Miranda en que la decisión podría dar un poco de espacio para enfrentar el problema fiscal.
“Creo que (la decisión de la FED) lo que no da es tiempo para poder realizar acciones internas concretas y poder reactivar la economía, sin tener que sumarle un problema más a la ecuación”, opinó la economista Shirley Saborío.
El experto Luis Mesalles coincidió en que la decisión es un respiro, pero cree que probablemente implicará que el país seguirá “pateando la bola”, sin tomar las medidas necesarias para resolver los problemas.
El especialista Douglas Montero, cree, eso sí, que antes de fin de año la Reserva debería subir las tasas al menos un cuarto de punto porcentual.
“A partir de ese primer movimiento el FED será muy cuidadoso en aumentos siguientes y eso sí le puede dar una ventaja al país para que pueda ordenadamente administrar la deuda barata antes de que se encarezca”, opinó.
Para el analista Andrés Volio, sería insensato no aprovechar el respiro para prepararse, apuntalando las reservas, poniendo el déficit fiscal en una trayectoria sostenible, y, sobre todo, modificar el régimen que ancló el tipo de cambio y transmitió a la gente una idea falsa sobre la magnitud del riesgo cambiario.
