Economía

Proliferan Ventas de casas y restaurantes privados

Por todo Cuba hay señales del despertar

Actualizado el 19 de enero de 2015 a las 12:00 am

Hace cinco años la gente hablaba de política. Lo que Fidel decía. Lo que Raúl iba a hacer. Hoy se habla de dinero y negocios.

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La Habana.- Las señales de los tiempos hablan en voz alta en Cuba, a veces a través de su silencio. Un viaje de 17 horas por el corazón de la Isla en una maltratada Ford Fairlane 1956, incluyó largos tramos en los que sorprendentemente había muy poca ideología a la vista.

Cerca del final del viaje, Julio César López revisa el motor de su Ford de 1956 en las afueras de Santiago, Cuba.  |  WILLIAM NEUMAN/THE NEW YORK
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Cerca del final del viaje, Julio César López revisa el motor de su Ford de 1956 en las afueras de Santiago, Cuba. | WILLIAM NEUMAN/THE NEW YORK

Enviado a Cuba en diciembre tras el sorpresivo anuncio del presidente Barack Obama de que iba a renovar plenas relaciones diplomáticas con este país, partí en un viaje por carretera desde La Habana hasta Guantánamo.

La gráfica en mi mapa decía que la distancia era de 910 kilómetros. Se sintió mucho más largo sentado en el asiento de vinilo acolchado de la Ford, que había perdido mucho de su muelle en los años desde que Fidel Castro llegó al poder.

En el camino, se reveló una Cuba que cambiaba poco a poco. Una señal de los tiempos: “Esta casa en venta”. Ese concepto no existía legalmente, antes de 2011, cuando las ventas de casas se permitieron por primera vez bajo cambios diseñados para inyectar algo de vida capitalista en la economía socialista.

Ahora, letreros de “Se Vende” son una vista común. Aún más comunes son los letreros de cientos de restaurantes privados, llamados paladares, que operaban en gran medida en las sombras hasta el 2010, cuando se expandieron después de que el Gobierno permitió a algunas personas montar un negocio.

También había señales desalentadoras. Una de ellas fue la falta de pequeñas barras en mi teléfono, que marcaba que no había cobertura celular, una indicación de la retrasada red de telecomunicaciones de Cuba.

Había una ausencia casi total de camiones de mercancías o productos agrícolas, un signo de una economía que apenas se mueve.

Si bien había poco tráfico de automóviles y camiones, había un montón de todo lo demás.

Transitábamos en coche con las ventanas bajadas, balanceándonos sobre el asfalto. El gran motor zumbaba. El odómetro estaba atorado en 26,948.0. ¿Cuántas veces había dado la vuelta antes de congelarse? Este coche es hermoso y está viejo y cansado.

Cuba es todas esas cosas. Pese a eso, un periodista cubano me comentó lo mucho que el país ha cambiado desde que un enfermo Fidel Castro se hizo a un lado en 2006 y su hermano Raúl asumió la presidencia y comenzó sus reformas económicas graduales.

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Hace cinco años, según manifestó, la gente hablaba de política. Lo que Fidel decía. Lo que Raúl iba a hacer. Hoy se habla de dinero y negocios.

El salario promedio en 2013 era de aproximadamente $20 al mes, según el Gobierno. La gente me dijo que eso podía ser consumido por facturas mensuales de un teléfono celular, y electricidad, aunque otros gastos, como educación y atención médica, están cubiertos por el Estado.

La brecha entre lo que la gente gana y lo que cuestan las cosas fue un constante tema de conversación. Muchos dependen del dinero enviado por familiares en el extranjero.

Mi chofer Julio César López, que tiene casi la mitad de la edad de su Ford, es un conductor precavido. El coche es su sustento. “Si tuviera la opción, escogería un auto moderno”, dijo. “Con un auto moderno, lo que estamos haciendo en 12 horas podríamos hacerlo en nueve”. Pero alegó que el tener al menos un coche era una bendición, ya que le daba una forma de ganarse la vida.

Le conté que la gente en el extranjero veía los coches viejos como el suyo como un símbolo pintoresco de la Cuba revolucionaria. Le pregunté qué simbolizaba el coche para él. “Dinero”, dijo.

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