Economía

Los consumidores muestran signos claros de cansancio ante la inflación que enfrenta el país

Estímulos en Japón reciben críticas

Actualizado el 24 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Estímulos en Japón reciben críticas

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Hiroyuki Hara atiende una floristería en Tokio. La campaña de Japón para revitalizar su economía está entrando en una fase decisiva; el aumento en los precios lo evidencia. | KENTARO TAKAHASHI/ THE NEW YORK TIMES

Hiroyuki Hara aumentó los precios en su floristería en meses recientes, como parte de una amplia reversión de la deflación que ha plagado a la economía de Japón. Elevar los precios es un objetivo nacional, pero Hara no está seguro de que el nuevo panorama sea más dinámico.

“Antes recibíamos a muchos oficinistas aquí, pero ahora son principalmente personas mayores, gente que tiene ahorros”, dice. Las ventas han bajado este año y culpa al cada vez más reducido poder adquisitivo de los salarios de sus clientes.

Los propios costos de Hara también están aumentando, a medida que una abrupta declinación en el valor de la moneda de Japón ha hecho las flores importadas más caras. Y aunque él está cobrando más, el dinero extra va a parar al Gobierno, el cual aumentó los impuestos a las ventas en abril.

La audaz campaña de Japón para revitalizar su economía está entrando en una fase decisiva. Tras casi dos años de estímulo agresivo bajo el gobierno del primer ministro, Shinzo Abe, el desempleo se ha desplomado, las grandes compañías como Toyota están registrando utilidades récord, y las caídas de precios han sido reemplazadas por algo que Japón rara vez ha visto en décadas: inflación.

Los beneficios de la Abenomía, como se conoce al programa, han sido distribuidos de manera poco uniforme.

El problema amenaza con socavar el apoyo para el esfuerzo en un momento crítico. La producción económica cayó significativamente en el segundo trimestre, inmediatamente después del aumento al impuesto sobre las ventas, lo que evidencia que la confianza de los consumidores sigue siendo frágil.

Economía deprimida. Que los precios suban no es malo en sí mismo, sino lo contrario: el Gobierno y la mayoría de los economistas lo ven como preferible a la deflación que asola a Japón desde fines de los años 90.

“Hay una extendida sensación de decepción con la Abenomía”, dice Masazumi Wakatabe, profesor de Economía en la Universidad Waseda en Tokio.

Cuando los precios caen, esto manda un mensaje a las familias y las empresas a guardar el efectivo, lo que refrena el crecimiento. La deflación también dificulta que los bancos centrales ayuden a la recuperación de una economía recortando las tasas de interés, que en Japón han estado estancadas en cero por años.

Sin embargo, el público está mostrando signos claros de cansancio ante la inflación. En un sondeo publicado en noviembre por el Sistema de Difusión de Tokio, una cadena televisiva nacional, nueve de cada 10 encuestados dijeron que no tenían una “sensación real” de que las iniciativas del Gobierno estuvieran mejorando los niveles de vida.

En vez del aumento equilibrado de precios y salarios que Abe prometió, los salarios se estancaron, empobreciendo a los trabajadores. Ajustados a los cambios en los precios, los ingresos familiares cayeron 6% en setiembre, comparado con un año antes.

Y es que en vez de relajar los esfuerzos para crear inflación, el banco central los redobló. En una decisión inesperada, el Banco de Japón anunció recientemente que ampliaría su programa de compra de bonos gubernamentales y otros activos al equivalente de más de $700.000 millones al año. La medida, destinada a estimular el endeudamiento y el gasto, provocó una recuperación en las acciones mundialmente.

“Estamos en un punto crítico para escapar de la deflación”, dijo Haruhiko Kuroda, el gobernador del banco central, y añadió que con medidas parciales regresaría la mentalidad deflacionaria.

Pero el estímulo agresivo, que ha hecho bajar el valor del yen, solo está complicando las cosas. Al principio, el retroceso de la moneda fue bien recibido universalmente como un alivio para muchos exportadores de Japón. Ahora está avivando la preocupación de que las importaciones sean demasiado caras.

El valor del yen ha bajado más de 30% frente al dólar desde el 2012. Se supone que las exportaciones florecerían en respuesta, pero la balanza comercial más bien se ha aferrado al déficit.

El alza del tributo a las ventas también provocó oposición. El incremento en dos etapas fue autorizado por un Gobierno anterior como medio para afrontar la enorme deuda pública. La segunda parte, que está programada para octubre del 2015, elevará la tasa al 10%, el doble de lo que era antes del primer aumento.

Algunos legisladores y economistas cercanos al Gobierno han instado al primer ministro a postergarlo, quizá por 18 meses, dando a que los salarios alcancen a los precios y creen un tipo de inflación menos doloroso.

Pero la mayoría de los líderes de negocios y políticos de Japón se han alineado al otro lado del debate, citando el potencial peligro para la dignidad de crédito del país si los mercados financieros concluyen que la nación está apartándose de la disciplina fiscal. El poderoso ministerio de finanzas, ejecutivos, banqueros e incluso el partido de oposición más grande favorecen seguir adelante con lo planeado.

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