Economía

El falso factor miedo en la crisis

Actualizado el 12 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Vivimos una era dorada en cuanto al descrédito de afirmaciones en economía: las doctrinas falaces han estado cayendo como moscas. No, la expansión monetaria no causa hiperinflación. No, los déficits presupuestarios en una economía deprimida no causan elevación de las tasas de interés. No, recortar el gasto no crea empleos. No, el crecimiento económico no colapsa cuando la deuda excede el 90% de producto interno bruto (PIB).

Robert y Patricia Castillo  frente a su casa en Richmond, California, por la cual pagaron $420.000 y hoy  vale $125.000. La lenta recuperación es secuela normal de una burbuja de activos alimentada por deuda.  | PETER DA SILVA/NYT
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Robert y Patricia Castillo frente a su casa en Richmond, California, por la cual pagaron $420.000 y hoy vale $125.000. La lenta recuperación es secuela normal de una burbuja de activos alimentada por deuda. | PETER DA SILVA/NYT

Y ahora el mito más reciente muerde el polvo: No, “la incertidumbre en política económica” –creada, no hay necesidad de decirlo, por Aquel Hombre de la Casa Blanca– no está reprimiendo la recuperación.

Me referiré a la doctrina y su refutación en un momento. Primero, sin embargo, quiero recomendar un ensayo muy viejo que explica mucho respecto a la era que estamos viviendo.

El economista polaco Michal Kalecki publicó Aspectos políticos del pleno empleo hace 70 años. Las ideas keynesianas estaban en auge; una “sólida mayoría” de los economistas creía que el empleo pleno se podía asegurar con el gasto gubernamental. Sin embargo, Kalecki predijo que, no obstante, tal gasto enfrentaría fiera oposición de las empresas y de los ricos, incluso en tiempos de depresión. ¿Por qué?

La respuesta, sugería él, era el papel de la “confianza” como una herramienta de intimidación. Si el gobierno no puede estimular el empleo de forma directa, a cambio tiene que promover el gasto privado; sin embargo, cualquier cosa que pueda lastimar a los privilegiados, tales como impuestos más altos o regulación financiera, se puede denunciar como una asesina de empleos porque mina la confianza y por tanto la inversión. Pero si el gobierno puede crear empleos, la confianza se vuelve menos importante y los intereses creados pierden su poder de veto.

La recuperación se ha visto entrabada por recortes en el gasto, que fueron motivados por lo que ahora sabemos que fue un pánico deficitario completamente erróneo.

Kalecki argumentaba que los “capitanes de la industria” entienden este punto y que se oponen a las políticas de creación de empleo porque esas políticas precisamente minarían su influencia política. “De ahí que los déficits presupuestarios que se necesitan para llevar a cabo la intervención gubernamental tienen que ser considerados peligrosos”.

¿Kalecki Radical? Cuando leí ese ensayo por primera vez, pensé que era desmesurado. Kalecki, después de todo, era un marxista declarado (aunque no veo mucho de Marx en sus escritos). Pero, si a uno no lo han radicalizado eventos recientes es porque no ha estado poniendo atención, toda vez que desde el 2008 el discurso político ha seguido exactamente los lineamientos que Kalecki predijo.

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Primero vino el “pivote”: el inesperado cambio hacia el punto de vista de que los déficits presupuestarios, no el desempleo masivo, eran el asunto crucial. Luego vino el Gran Lloriqueo: la declaración de un líder empresarial tras otro respecto a que el presidente Obama estaba minando la confianza al decir cosas infames respecto a los empresarios y hacer cosas indignantes como ayudar a los que no tienen seguros. Finalmente, igual que sucedió con las afirmaciones de que recortar el gasto es en realidad expansivo y que cosas terribles suceden si la deuda del gobierno aumenta, los sospechosos usuales encontraron un trabajo de investigación académica al cual adoptaron como mascota, en este caso una presentación de economistas de Stanford y Chicago que supuestamente mostraba que los niveles crecientes de “incertidumbre en política económica” estaban reteniendo a la economía.

Como dije, vivimos en una era dorada de desprestigio económico. La doctrina de la austeridad expansiva colapsó como evidencia con la llegada de los efectos reales que tiene, cuando funcionarios del Fondo Monetario Internacional hasta admitieron que habían subestimado severamente el daño que la austeridad causa. La doctrina del miedo a la deuda colapsó una vez que economistas independientes revisaron los datos. Y ahora la afirmación sobre la incertidumbre en las políticas ha seguido el mismo camino.

Incertidumbre. En realidad, esto tuvo lugar en dos etapas. Poco después de que se hiciera famosa, se mostró que la medida de incertidumbre propuesta tenía fallas que rayaban en lo cómico. Por ejemplo: dependía en parte en menciones en la prensa de “incertidumbre en política económica”, lo que significaba que el índice aumentó repentinamente una vez que la frase se convirtió en tema de conversación republicana. Después el índice mismo cayó en picada, de vuelta a niveles que no se habían visto desde el 2008, pero la economía no despegó. Resulta que la incertidumbre no era el problema.

Comprendemos bien el motivo por el que la recuperación ha sido lenta y la confianza no tiene nada que ver con eso. Lo que vemos, más bien, es la secuela normal de una burbuja de activos alimentada por deuda. La lenta recuperación de Estados Unidos desde el 2009 está más o menos alineada con muchos ejemplos históricos, que se remontan hasta el Pánico de 1893.

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Lo que es más, la recuperación se ha visto entrabada por recortes en el gasto, que fueron motivados por lo que ahora sabemos que fue un pánico deficitario completamente erróneo.

Y la moraleja de la política es clara: Necesitamos dejar de hablar de recortes en el gasto y en vez de eso empezar a hablar de aumentos en el gasto para crear empleo. Sí, sé que las políticas para hacer lo correcto van a ser muy duras pero, en lo que a la economía concierne, lo único que tenemos que temer es a la siembra del miedo como tal.

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

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