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Víctimas alabaron el fallo del juez

Actualizado el 24 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Víctimas alabaron el fallo del juez

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Richmond, Virginia. La imagen era tan chocante como entendible: mientras en un lado de la Corte Minor Vargas y sus hijos se despedían entre lágrimas, en el otro un numeroso grupo de afectados celebraba la condena del tico.

A la sentencia llegaron unas 22 víctimas por bonos reasegurados mediante PCI –la empresa del costarricense–, una cifra minúscula para los 3.500 que, se estima, fueron defraudados.

Todos llevaban un discurso en común: nunca hubiera invertido si no hubiera sido por la confianza que les daba la presencia de la empresa del tico en el negocio.

Siete de ellos además tuvieron la oportunidad de despedir al tico con sus desgarradores testimonios, tres de ellos acompañados por lágrimas.

El primero fue el de Therese Giger, una ciudadana de Chicago quien llegó junto a su hija y la foto de su esposo, muerto por un cáncer que, según ella, fue acelerado por la desesperación.

“Vivimos una vida de ahorro para para que él (Vargas) disfrutara de nuestro dinero ($500.000). Pudimos haber tenido una vida mucho más acomodada, pero escogimos dejarle algo a nuestros hijos y ahora eso no será posible.

“Mi esposo pasó sus últimos días culpándose por haber perdido todos nuestros ahorros cuando fue el señor Vargas quien debería sentirse culpable”, añadió mientras señalaba a Vargas entre lágrimas.

Crudo. Pero las historias que siguieron no fueron mejores.

Paula Whitaker, de Houston, indicó que perdió $1 millón y a su único hijo en el proceso.

“El sufría de depresión y ansiedad. Todos mis ahorros estaban enfocados en dejarle algo si yo no estaba. Cuando murió, mi idea fue honrar su memoria creando una clínica para otros como él, pero no solo me quitaron su legado, sino que además me condenaron a trabajar toda mi vida”, señaló Whitaker.

Finalmente compareció Kimberly Holland, de Virginia, quien contó que sus padres perdieron $600.000 en un instante.

“Mi padre murió de cáncer, avergonzado por haberlo perdido todo y dejarme sola a cargo de mi madre, que sufre demencia.

“Él murió sin tener una honra fúnebre o siquiera flores porque se sentía demasiado responsable para hacerme gastar dinero en él. Eso es algo que nunca podré perdonarle a Vargas”, dijo Holland en medio de lágrimas.

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