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Guillermo Vargas Roldán

El fútbol nacional perdió al papá de Ramonense

Actualizado el 22 de abril de 2014 a las 12:00 am

Falleció a los 82 años el Viernes Santo y dejó legado de excelencia en dirigencia deportiva

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Los equipos y árbitros cumplieron el fin de semana y guardaron un minuto de silencio en los estadios, para rendir un tributo póstumo a Guillermo Vargas Roldán, ilustre dirigente que dejó huella en el país.

El josefino afincado desde los años 50 en San Ramón, donde brilló como el presidente sempiterno de la Asociación Deportiva Ramonense, falleció a los 82 años el Viernes Santo, en el hospital de ese cantón.

“Su nombre evoca viejas épocas de nuestro balompié, un dirigente apasionado y entregado al 100% a la causa que defendía, en su caso, a su amado equipo Ramonense”, resaltó la Unafut en su sitio web .

Nacido en Barrio México, San José, fue hijo de un chofer de tranvía, Guillermo Vargas, y una portera escolar, Graciela Roldán.

Sus comienzos como futbolista fueron en los años 30, en el Ramiro Aguilar, que luego se llamó Nicolás Marín y hoy es el Barrio México.

Estudió contabilidad y fue oficinista en la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, y en el Banco Nacional; aquí en sucursales de Tobosi de El Guarco, Belén, Tilarán, Guápiles, Quepos y San Ramón, como asistente de contador y cajero.

A la ciudad poeta había llegado en 1952 y no la dejó más. Allí se casó en marzo de 1953 con María Hortensia Acosta y fue padre de diez hijos.

“Soy monchego de corazón. Me involucré en lo referente al bien social y entregué todos los esfuerzos. Estoy muy agradecido con el pueblo, que me dio esposa e hijos”, dijo a La Nación Alajuela en el 2006.

Polifacético. Hace 61 años se integró al equipo de tenis de mesa de Ramonense y desde 1954 atendió cargos de prosecretario, tesorero y la presidencia del club, puesto que ejerció por 22 años, de 1956 a 1988.

Los mayores logros bajo su mandato fueron el tercer lugar en Primera (1973), los cetros de Segunda (1967) y Quinta (1981), y avanzar a dos pentagonales (1976 y 1978).

El club bajó de categoría en 1974, pero una campaña suya para modificar los estatutos le frenó esa vez el descenso. En esa época fue vocal y vicepresidente en la Fedefútbol.

En San Ramón detentó puestos municipales, culturales, educativos y hasta de justicia y seguridad pública, que le valieron para ser electo hijo predilecto del cantón.

Por siete años fue el director ejecutivo de la Cámara Ramonense de Comercio, Industria y Turismo.

Laboró en la contaduría de la firma Francisco J. Orlich, de 1955 a 1987, y fue Oficial Mayor de Gobernación, hasta pensionarse en 1990 y dedicarse a su propia empresa, el Hotel El Jardín, en San Ramón.

El estadio poeta lleva su nombre desde el 5 de diciembre de 1978. Y la Unafut le dedicó el anterior certamen de Invierno, en el 2013.

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