
Saprissa se autocondenó a vivir un cierre de sufrimiento en su partido ante el Brujas.
Los morados erraron numerosas ocasiones para sentenciar el encuentro, y en el pecado estuvo la penitencia: tan reiterados fallos ante el arco rival tuvo su castigo en la portería de José Francisco Porras justo en el epílogo.
El cuadro tibaseño consiguió ponerse arriba gracias a la acuciosidad de Andrés Núñez, quien de nuevo explotó con acierto su productiva vena ofensiva.
Fue en los minutos finales de una primera que no presentó mayores picos de emoción.
La defensa de Brujas dejó desamparado a su arquero Álvaro Mesén tras un remate de Celso Borges. En dos ocasiones los jugadores locales tomaron el rebote, hasta que Núñez metió el pie y mandó la bola al fondo.
En un partido así, que hasta el momento tenía pocas llegadas, un gol era lo que necesitaba Saprissa para tomar la manija, controlar la pelota y ponerle ritmo al juego sin desesperarse.
Celso Borges intentó convertirse en guía de medio campo, ante la ausencia de Wálter Centeno. Aún le falta rodaje, aunque ya demuestra algo de oficio para una posición tan exigente.
Sin puntería. Los problemas de Saprissa no estuvieron ahí. Estuvieron en su línea de metralla, por la cantidad de goles cantados que dejaron ir en el segundo tiempo: uno de Jairo Arrieta al poste, dos de Alejandro Alpízar, uno de Cristian Bolaños y otro más de Celso.
Mientras, Brujas recomponía el partido desde la banca.
El técnico Carlos Restrepo utilizó a dos jugadores Sub-21 de su arsenal de reserva, Brandon Poltronieri y Josué Carrillo.
El aporte de ambos resultó vital para el cuadro de Escazú, que empezó a meter presión.
Con el pitazo final casi encima, Poltronieri le sacó una falta a Allan Alemán, quien se precipitó a la hora de marcarlo por la derecha.
El tiro libre de Rodolfo Rodríguez encontró un desvío en el área, pero no fue un cabezazo, sino un pequeño roce de Ricardo Steer que se transformó en el empate a uno.
Saprissa pagaba así, al altísimo precio de dos puntos, su falta de tino ante la portería rival. Y Brujas, una vez más, demostraba que jugar en Tibás le sienta bien.
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