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Reacciones en bares y restaurantes

Alegría a medias entre jarras y bocas

Actualizado el 13 de octubre de 2012 a las 12:00 am

La afición agradeció el triunfo de una ‘Sele’ que no termina de convencerla

Seguidores destacaron la labor de Álvaro Saborío y de José Miguel Cubero

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El partido no había iniciado y un comensal ya comentaba escéptico: “Si perdemos el partido, esto se acaba rápido; si no, solo vamos a alargar un poco más el sufrimiento”.

A la postre, la victoria tricolor deparó sonrisas en las caras de muchos, pero no son todos los seguidores que manifiestan estar encantados con la “Sele” que vieron ayer por televisión.

Frente a la pantalla unos se comían las uñas. Otros, se comían los muslos, o los chicharrones... dependiendo de las bocas que ofrecieran en el bar o la cantina donde vieron el encuentro de anoche.

En Hooters, en San Pedro de Montes de Oca, las reservaciones anticipadas se encargaron de atiborrar el local de clientes encamisados de rojo.

El barullo no era suficiente para disimular los reiterativos “madrazos”. A veces iban dirigidos hacia el árbitro, en otras oportunidades a los jugadores salvadoreños y en unas cuantas hacia Álvaro Saborío, quien pareciera ser el objetivo por defecto del enojo intermitente de la afición tica.

Bastó con que llegara la anotación tricolor para cambiar el panorama. El júbilo se apoderó del negocio no una sino cuatro veces, pues con cada repetición de la jugada del gol volvían los abrazos, aplausos y unos cuantos improperios, aunque ahora con una connotación más amable que antes.

El segundo tiempo deparó menos jugadas de peligro y, por lo tanto, menos oportunidades apropiadas para emocionarse.

“¡Uuuuuuy!”, espetaban en la barra del bar La Flota, en barrio La California. Una veintena de personas era suficiente para armar el ambiente en el local esquinero.

Los remates que ameritaban un “casi, casi” y las jugadas arteras de la selección salvadoreña parecían ser las únicas motivaciones de peso para ordenar más cervezas y yucas con mayonesa.

El partido se acababa tanto como el líquido en las botellas. “¡Traiga otra para celebrar por Saborío!”, gritó un presente.

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