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Opinión: La Selección de Costa Rica vende ilusión al por mayor ¿y cómo no?

Actualizado el 17 de noviembre de 2016 a las 09:42 pm

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Este presente perfecto de la Sele en la hexagonal no tiene antecedentes; por eso lo vemos con orgullo y una buena dosis de cautela a la espera de más partidos para confirmarlo.

Es como cuando un padre va al colegio y la profesora guía lo felicita por las primeras calificaciones del hijo: el hombre saca pecho, pero en el fondo sabe que el curso lectivo dura 200 días y vendrán muchas pruebas.

Un buen segundo tiempo ante Trinidad y Tobago, y 30 minutos de esplendor para llevarse por delante a Estados Unidos con la magia de Campbell, nos encumbraron muy rápido.

Pero como le dijo Celso Borges a un periodista desbordado por la pasión el martes, “con seis puntos no se clasifica a nada”, de ahí que lo mejor sea tomar estas victorias como lo que son: un indicador de que vamos por la senda correcta; nada más.

La Tricolor vende ilusión al por mayor con razones sobradas: un técnico que lee bien los juegos y los planifica con escrúpulo, un equipo maduro y con recursos, respuestas individuales y colectivas, y el apoyo incondicional de la gente. Esto último es clave porque es un valor relativamente nuevo y lo digo con conocimiento de causa, pues puedo dar fe de que no fue así antes, al extremo de que antaño bastaba con que un periodista empírico cuestionara al entrenador para que la Selección entrara en crisis.

Tampoco existían el sentido de pertenencia ni la militancia nacional con el equipo.

Había mucho sectarismo; prensa, dirigentes, jugadores y afición andaban por caminos separados y teníamos la malsana costumbre de ensalzar más al rival que a los nuestros.

Bendito sea: ahora la Sele es de todos, el pueblo se viste con la misma camiseta que usan los jugadores, la gente va al Nacional como ir a misa, llena de fe y espiritualmente fuerte, y ay de aquel que dañe el equipo, como aquella matráfula en la nieve de Denver, Colorado, cuyas consecuencias aún sufren los gringos.

Me ilusiona el presente: el desequilibrio de Venegas, delantero completo jugando por afuera o como “9”, la magia de Joel cuando entra de relevo, la seguridad de Waston, arriba y abajo, el reencuentro de Bolaños con su mejor versión, la sapiencia de Bryan para ser el “10 moderno”.

Pero nos faltan 12 puntos todavía y solo tenemos el 33,33% de la tarea hecha, como razona Celso con sabiduría.

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