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Román Villalobos: La promesa que cambió la bici por una caja registradora

Actualizado el 02 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Román Villalobos: La promesa que cambió la bici por una caja registradora

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Román Villalobos cumple una sanción de dos años.
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Román Villalobos cumple una sanción de dos años. (Diana Méndez)

El mejor ciclista costarricense en la pasada Vuelta a Costa Rica ve pasar sus días detrás del mostrados de un minisuper, sumido en el anonimato para aquellos que no saben que ese que los atiende fue el único tico que le plantó cara al poderío colombiano hace un año.

Ahí, frente a la caja registradora del minisuper Herradura, en Barva de Heredia, encontró refugio Román Villalobos , hasta hace muy poco el corredor con mejor proyección que tenía el pelotón nacional en la actualidad.

“El mundo se me vino abajo, es un cambio total en salario y en rutina, hay que acostumbrarse a otro rol, a tener un horario, a otra vida... Mi proyección también cambió, hice una Vuelta para mí excelente, tenía planes de ganar una, de dar el salto a profesional y ahora todo eso tendrá que esperar”.

Su sanción de dos años hoy hace que Villalobos se debata entre otras prioridades, todas tan lejos del ciclismo como sea posible.

“No quería algo en lo que tuviera que estar abriendo esa herida, a mí se me dio mucho todo porque para mí esa sanción sigue siendo injusta y lo intentaré demostrar.

“Por eso es que quise buscar un trabajo aparte, con amigos ajenos a ese mundo para hablar de otras cosas, desconectarme un poco de todo por lo menos por un rato”, afirmó.

Sin embargo, nunca falta quien le reconozca esa otra identidad y termine por sacarlo de ese trance que es ahora su rol de “pulpero”.

“Han llegado personas que me ven y al rato salen con el “qué olor a medicina”, gracias a Dios Él me ha dado mucha madurez en estos meses para no dejarme llevar por eso, termino por no darles “bola” o simplemente pedirles respeto”, dijo.

Vuelco. Si dos años alejado de lo único que sabe hacer son duros, lo es más la realidad que afronta, esa que lo hizo cambiar las pasantías por Europa o Suramérica para meterse en el exilio de un horario de ocho horas sobre un banco.

“Mientras uno tenga un trabajo honrado está bien, en esta vida no todo es fácil, pero no deja de ser drástico, pasar de ser un ciclista y de viajar y conocer a trabajar en un súper es duro, aún así tengo que agradecer a los amigos que me tendieron la mano”, aseguró.

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El 2013 también tendrá que recordarlo como el año que jugó con su ilusión de ser padre, una prueba más que le trajo el destino.

“Es un año para no recordar, tenía la ilusión de un año próspero en victorias pero en lugar de eso mi imagen salió manchada y junto a mí pareja perdí mí bebé, emocionalmente es difícil, todo ha sido frustrante, pero creo que Dios todo lo hace por un motivo y que al final Él tiene un plan para mí”.

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