No preocuparse, tener amigos, comer de todo y hacer ejercicio son parte de sus consejos

Por: Irene Rodríguez 25 julio, 2015

Guanacaste no solo es noticia por haberse anexado a territorio costarricense un 25 de julio como hoy.

La longevidad en la península de Nicoya resalta a nivel mundial. Investigadores de la prestigiosa National Geographic “pintaron de azul” a esta zona por considerarla de longevidad. Este título lo comparten con zonas como la isla de Cerdeña, en Italia; la de Okinawa, en Japón; Loma Linda, en California (EE. UU.), e Ikaría, en Grecia.

En estos lugares, llegar a 90 años es común. Las personas que alcanzan esas edades tienen una buena alimentación, actividad física, una relación fuerte con familiares y amigos, un proyecto de vida y mucha espiritualidad.

Costa Rica posee la zona azul más amplia.

La Nación ha visitado Nicoya en varias ocasiones para conversar con las personas más longevas. Ellas han compartido diferentes consejos para mantenerse con vitalidad, a pesar del paso de los años.

“Yo nunca he hecho nada por llegar a esta edad. Ahora todo lo que hago es comer y hablar (ríe), y como lo que me den. Antes sí trabajaba mucho en el corral y haciendo oficio”, relató a La Nación María Francisca Castillo, conocida como Panchita, en enero del 2014, cuando tenía 107 años.

Al igual que Panchita, nadie habla de una receta específica y reconocen que no están seguros del secreto de su longevidad, pero todos tienen algo para compartir con los más jóvenes.

“Parte del secreto también es vivir las diferentes épocas y ser feliz en cada una, respetar a las personas como son y sonreír siempre, además de la fe en Dios”, añadió , por su parte, doña Teresita Solano, de 88 años.

El mantenerse siempre activo, haciendo lo que uno ama, es una de las cosas que más destacan ellos.

En enero del año 2014, los guanacastecos María Francisca Castillo Carrillo, en ese entonces de 107 años, se reunió con su hijo Pablo, de 91, para hablar de sus “chiquilladas”. | ARCHIVO
En enero del año 2014, los guanacastecos María Francisca Castillo Carrillo, en ese entonces de 107 años, se reunió con su hijo Pablo, de 91, para hablar de sus “chiquilladas”. | ARCHIVO

“Yo sigo aquí porque Dios quiere, pero yo también he ayudado. De chiquillo, me levantaba a la una de la mañana, le daba de comer a los animales y volaba machete antes de ir a la escuela. Y sigo trabajando. Hay que moverse para que Dios vea que uno quiere seguir viviendo”, expresó en el 2010 Humberto Angulo, a sus 98 años.

“Yo vivo sola, soy viuda desde hace siete años. Vivo divertida porque paso tejiendo todo el tiempo. Y si Dios me da vida hasta regalarme los 100 años, yo contenta. ¡Es tan bonito estar viva!”, expresó doña Sara Briceño, de 93 años, en mayo del presente año.

Compañía. El tener cerca a personas queridas y una espiritualidad fuerte también son rasgos comunes de estas personas.

Eda Hernández, de 83, opinó en mayo del 2015: “Si usted se queda solita en la casa, más bien se va a poner más triste y más enferma, y eso no se vale”.

Otilia Arguedas, quien en enero del 2014 tenía 100 años, también citó la necesidad de tener seres queridos que le acompañen, para lograr una larga vida.

“No sé... ¿será que lo cuiden mucho a uno? Uno de chiquillo tiene a los papás, después al esposo y luego a las hijas que lo cuidan a uno. Yo creo que es importante que lo cuiden a uno”, expresó.

Sin embargo, todos los entrevistados aseguran que lo más importante para una vida longeva es tener un buen motivo para seguir vivo. Y aconsejan a los jóvenes buscar esa motivación para hacer interesantes sus vidas.