En contexto

México, el país que desconfía

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El 22 de febrero del 2014, Enrique Peña Nieto evitó los triunfalismos. El presidente mexicano confirmó la tarde de ese día, sin mayores aspavientos, la captura de Joaquín El Chapo Guzmán, el narcotraficante más buscado del mundo.

La noticia le daba un respiro al gobierno que estaba perdiendo credibilidad y que empezaba a enfrentar críticas por su ineficacia ante los problemas de seguridad, una economía estancada y un grupo de reformas relacionadas con educación, telecomunicaciones y apertura energética que no mostraban resultados. En ese entonces, los homicidios dejaron de aumentar, pero había desconfianza, porque la cifra de secuestros, extorsiones y robos se disparó. Empezaba así a complicarse el segundo año del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder, pero la detención del capo más poderoso le estaba dando al gobierno un margen para que las dudas se disiparan, al menos por un tiempo.

¿Qué puede ser peor que el revés de un logro?

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