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La linda vida de Lynda Díaz

Actualizado el 03 de octubre de 2010 a las 12:00 am

Hace 17 años llegó al país con una meta bien trazada: ser alguien. Hoy vive en la opulencia y, desde fuera, ve con desconfianza a esa “farándula” a la que alguna vez usó de trampolín.

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La primera vez que Lynda Díaz apareció en la portada de Teleguía, en enero de 1999, su carta de presentación era haber protagonizado el videoclip para la balada Honestidad, de Raúl Villalta. Hoy nadie se acuerda de un audiovisual que ni en Youtube aparece (de hecho hay que ser mayor de 30 para recordar a Villalta) pero Lynda no olvida aquella grabación. “Días antes de ese video yo había tenido un accidente feo y venía llegando del hospital y mi esposo me hizo hacerlo aunque yo no quería”, recordó la mujer a la que todo el país asocia con lujos, belleza y polémica.Y es que si bien su vida no ha sido, para nada, un valle de lágrimas, Lynda Díaz tampoco ha sido siempre la  magnate criolla que los medios se han encargado de presentar... con la venia de ella, por supuesto.

Esta puertorriqueña de belleza innegable y verbo punzante llegó hace 17 años a Costa Rica para competir por una corona de belleza (que no ganó) y se quedó para sumar dos matrimonios-divorcios y cuatro hijos.

El premio para Lynda no vino en forma de cetro, sino como exposición mediática: se tomó casi que a la fuerza las entonces limitadas pasarelas locales y reinventó el modelaje a la tica; cobró cifras absurdas para que su rostro fuera parte de eventos y fiestas; enseñó la carne y curvas que las ticas no se dejaban fotografiar; logró que Repretel la capacitara en televisión para luego darle una bofetada y aceptar el coqueto baile de billetes que le hacían desde Teletica (movida que, reconoce, fue “una ratada”) y se convirtió en la diva, ama e ideóloga de ese amorfo y banal rejuntado de bombetas y figurines que se autodenomina la “farándula” costarricense.

De su primer matrimonio no guarda los mejores recuerdos; caso contrario de su segundo y publicitado enlace con el adinerado estadounidense Gary Austin, de quien habla en los mejores términos.

Derrochadora confesa, las excentricidades y rajonadas durante su matrimonio con Austin hicieron a Díaz una figura de extremos: se le amaba o se le odiaba. Su boda a la Cenicienta le sacó las babas a la prensa de espectáculos y todos los medios de comunicación se prestaron para su muy bien calculado juego. De eso ya hace algunos años.

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El matrimonio terminó –tal y como lo vaticinaron sus detractores – en divorcio y hoy la exmodelo sostiene un noviazgo con el cirujano plástico Andrés Vargas (al menos, a la fecha de esta entrevista, dos meses atrás). Aún así, dice llevarse de maravilla con Austin, con quien comparte la crianza de los gemelos Gary y Tiffany (5 años). De su relación con Solano nacieron Lynda Liz (17) y Nicole (15).

Con la llegada de los niños, Díaz bajó su perfil mediático.

Hoy Díaz está clara en que logró de la prensa lo que ella quería, aún a costa de su intimidad y de forjarse una imagen que, según ella, no corresponde del todo con su verdadera persona. Así lo explicó durante una extensa entrevista la mujer que ardió en furia cuando el viejo verde de Julio Iglesias trató de tocarle las piernas por debajo de la mesa en una cena, la misma a la que todos tildaron de caza fortunas.

--El suyo fue de los primeros nombres en asociarse aquí con el modelaje, junto a Vica Andrade y Glenda Peraza. ¿Qué implicaba ser modelo en Costa Rica 12 años atrás?

Estaba recién divorciada y no sabía qué hacer: no tenía dinero, solo la pensión que daba mi exesposo. No quería devolverme derrotada  y comí mierda, de la más grande que te puedas imaginar. Conocí a Marvin Córdoba (empresario de espectáculos) quien me dijo que hiciéramos unas fotos para la Teleguía  y fui la primera que salió en hilo dental. De ahí en adelante me empezaron a llamar. Recuerdo que Glenda me dijo “yo cobro ¢80.000 la hora” y yo le dije que iba a cobrar ¢100.000.  A los meses ya iba por ¢200.000 la hora.

--¿Qué trabajos salían?

--Animaciones. Una vez me contrataron para llevarle un queque al dueño de un banco privado por La Sabana.  Yo les dije que para subir un queque por todas esas gradas cobraba ¢300.000: fueron 10 minutos y la plata más fácil de mi vida; me pararon a la par del viejillo, nos tomamos una foto y ciao.

--El que trabaja en televisión sabe que su vida se vuelve pública. ¿Estaba preparada para eso?

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--En ese momento me servía que hablaran, bueno o malo. Mientras más hablaban, más trabajo tenía...

--Lynda Díaz es una contradicción: alguien que defiende su ámbito privado aunque sus actividades privadas eran muy públicas, empezando por su matrimonio, la boda más publicitada hasta entonces en el país.

--Yo dejaba ver los eventos que quería que la gente viera, lo que me daba la gana para que vieran que me iba bien pero llegó el punto en que dejé de hacerlo.

--Sus fiestas de Halloween, por ejemplo, era una extravagancia...

--Eran famosas: yo compraba cajas de muertos, era una locura terrible. Invitaba 200, 300 personas, gente que no conocía... ahora a mi casa no entra nadie.

--¿Estaba rajando?

--Claro que estaba rajando.

--¿Y le parecía bien?

--No, pero era mi forma de defenderme de las críticas. Pero desde que nacieron los gemelitos dejé de darle importancia a la farándula, empecé a viajar.

--¿Montó un personaje de Lynda Díaz?

--Yo ayudé a que se montara de esa manera porque era lo quería que se viera y ya es muy tarde para quitarlo.

--¿Los medios presentaron una Lynda que no era?

--A mí nadie me conoce y la Lynda que se proyecta no soy yo: me gusta estar en mi casa, ir a actividades con mis hijos y durante el día siempre ando en buzo, tenis, no me maquillo, ando con el pelo recogido... la gente vio lo que yo proyecté y ese fue el error.

--¿Entonces esa frivolidad que vino con el cambio de estatus económico no es real?

--Cuando me casé con Gary mi vida cambió en todos los sentidos, era como un cuento de hadas o pegarte la lotería y te confundís.

--¿Él sabía lo que venía al casarse con usted?

--Cuando me conoció no sabía quién yo era. Me gustó mucho el que no tuviera noción de quién era yo. Y funcionó los años que funcionó.

--¿Y toda la gente que dijo que Lynda se casó por plata con un señor mayor?

--Tal vez sí, tal vez no. No lo veo por plata pero sí lo veo como un movimiento muy interesante, muy inteligente de mi parte el casarme con un hombre como él, un hombre inteligente, un caballero (...) Él me calmó, me dio serenidad, supo darme mi espacio y me dejaba hacer lo que me daba la gana.

--¿Fue un jaretazo?

--Yo no lo veo así, duramos muchos años.

--¿Hubo amor?

--Sí, yo amé a Gary a mi manera. Yo siempre estuve muy clara con él, él supo entenderm. El matrimonio es un negocio, es una pura negociación diaria con tu pareja en muchas cosas, todo en esta vida es una negociación. No me casé locamente enamorada y él lo sabía, todo el mundo lo sabía...

--Una mujer bonita se casa con un hombre mayor, pudiente hasta decir basta; tienen hijos y luego se divorcian. ¿Qué piensa si ve esa historia?

--Que se casó por plata...

--¿Y si esa mujer se llama Lynda Díaz?

--Si hubiese querido hacerlo así lo pude haber hecho mucho antes y no esperarme cinco años después de que los niños nacieran. Yo lo intenté, Dios sabe que lo intenté, hasta hace muy poco, inclusive después de divorciados, pero somos personas diferentes y siempre lo voy a querer, es un hombre increíble.

--¿Cambiar pañales no era etapa superada?

--Claro, pero yo siempre quise tener un varón y Gary y yo queríamos tener por lo menos un hijo juntos... no quedaba embarazada, por lo que me fui a Miami y me hice un in vitro con el doctor que le ayudó con sus hijos a Jennifer López, el doctor Jacob, y pegaron los gemelitos.

--¿Es de las mamás que limpian mocos?

--Y limpio cacas, siempre. A los gemelitos nunca dejé que me los bañaran. Cuando nacieron, Gary me tuvo siete enfermeras en la casa para que me ayudaran hasta que me quedé con una.

--¿Y guardaespaldas?

--Antes tenía dos, ahora solo uno. No quería más show

--¿Cuánta gente la ayuda en la casa?

--Tengo dos empleadas que me chinean montones. Antes sí era muy negrera, perdí cualquier cantidad de empleados por mis actitudes. Ahora jamás le haría esas cosas a una muchacha.

--¿Cómo está viviendo la adolescencia de sus hijas?

--Está dura. Lynda es una muchacha súper madura, respetuosa, buena hija y estudiante; Nicole tiene un corazón grandísimo pero es la más rebelde y la que más se parece a mí en carácter.

--Siendo alguien que se sumergió de cuerpo entero en eso que llaman farándula tica para luego salirse, ¿cree que se puede confiar en los que se hacen llamar faranduleros?

--No, no se puede confiar en nadie. Es un medio cochino. Yo fui traicionada por muchos y cuando me casé con Gary mucha gente se aprovechó de mí emocional, psicológica y económicamente.

--¿Pecó de ingenua?

Sí, claro. Todavía lo sigo haciendo. Fue una etapa de rebeldía ante cosas que vivía en mi nuevo mundo y la jaula muchas veces, aunque sea de oro, apesta.

¿Cuántos buenos amigos le quedan?

Cuatro, nada más, y aún así tengo mis reservas.

¿Le pagó a algún periodista para aparecer en publicaciones?

--Nunca pero sí hice favores. No pagué dinero pero sí otras cosas, como un viaje, regalitos, y te quedan debiendo algo...

LYNDA, LA DIVA

--¿Dónde está su vida fuera de Costa Rica?

--Tengo un condominio en Aspen, Colorado. Trato de ir unas cinco veces al año. Allá me siento muy tranquila y quiero vivir allá. Pero la vida de mis hijas está acá.

--¿Si no le aparece Gary, qué estaría haciendo?

--Me hubiera devuelto a Puerto Rico, porque qué más iba a hacer aquí: me habían presentado a todo el mundo y nadie me gustaba.

--¿Se mide con los gastos?

--Ahora sí... antes, boté mucha plata.

--¿Qué fue lo más absurdo que compró?

--Me compré un Rolls Royce que me duró tres meses... me aburrí. Pagué $380.000 y lo tenía en la casa de Miami guardando polvo.

--¿Y por qué comprar algo así, solo porque era caro?

--Por joder. Lo usé tres o cuatro veces y lo vendí. Antes todo era shopping las 24 horas. Era un mundo irreal y perdí la perspectiva en un montón de cosas.

--¿Busca ofertas?

--Los sales me desesperan. Prefiero pagar el doble por un calzón.

--¿Cuáles son sus negocios hoy?

--Empecé a construir casas, a ver cómo me va. Tengo unos lotes en La Hacienda, en Santa Ana, que es como el nuevo Lindora. Son cuatro casas costositas y es la primera vez que me lanzo sola sin ningún hombre a mi lado, así que cuando las termine voy por más.

DOÑA LYNDA

--¿Se siente doña?

--Sí, claro. Pero no cambiaría la experiencia que tengo ahora por nada... no quiero volver a tener 28 años. --¿Es feliz?

--Sí, estoy contenta, relajada, ya no me siento tratando de quedarle bien a nadie.

-- ¿Le puede llamar la atención un hombre pobre?

--En ese momento ni por aquí me pasaba. Hoy no es importante, necesito un hombre que esté para mí, viaje conmigo, me haga reír, me chinée, sea bueno en la cama y eso es todo: no ando buscando a nadie con dinero pero sí que aporte.

--¿Le quedan ganas de volver a casarse?

--Ya me he casado tantas veces que me daría pena ponerme otro vestido de novia.

--¿Le interesa que la gente sepa lo que pasa en su vida como antes?

No. Antes, cuando yo llegaba en helicóptero al Four Seasons sí llamaba para que el chisme se filtrara.

--¿Siente que tiene que ayudar a la gente?

--Siempre he dicho que uno tiene que devolver pero con medida. Tuve el caso de una señora que me pidió ayuda para comprarle los uniformes a los hijos y terminó pidiendo un televisor y una lavadora, se estaba montando. Si es comida, con mucho gusto pero no estoy para comprarle televisores a nadie.

--¿Se ha imaginado su vida sin belleza física?

--Gracias a Dios que salí mas o menos bonita, porque a una mujer fea le es más duro. Una mujer bonita con buena cabeza puede llegar a donde le dé la gana.

--¿Le importa que la gente especule sobre su físico, especialmente sobre su trasero, cuya naturaleza es una leyenda urbana?

--El trasero si me lo hubiese operado lo habría dicho pero no... más bien me hice lipo pues era más grande. Los senos sí me los operé un montón de veces –grandes, chiquitos, medianos– y volví al tamaño que tenía antes de la primera operación. Con el boom de las tetas grandes me las puse grandísimas y andaba con la espalda despedazada.

--¿Se va a dejar envejecer?

--Da miedo, aunque sé que a los 50 voy a estar muy bonita. En mi rostro me da pánico hacerme cosas, aunque sí me pongo mi poquito de Botox, muy sutil.

--¿La tratan diferente cuando va a hacer un trámite? ¿Hace fila?

--Claro que me tratan diferente... hace unos 15 años no hago fila.

--¿Es creyente?

--Sí creo mucho en Dios pero no soy de ir a la iglesia. Creo en la comunicación personal con Dios, no en ir a misa ni en confesarme, imaginate: yo para confesarme ocupo como tres horas.

--¿Siente que muchos de los que la critican envidian en el fondo su actual posición económica?

--Lo que pasa es que yo no tengo la culpa de haber tenido suerte y hay gente que te quiere culpar de eso. Solo fui una muchacha con suerte, aunque digan que se casó con un viejo, que se casó por plata...

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