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El coro del tiempo

Nos hicimos uno al otro

Actualizado el 11 de septiembre de 2011 a las 12:00 am

El coro del tiempo Un personaje de la Nueva Canción de Costa Rica recuerda a Fidel Gamboa y toda una época

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Eran como las 2 ó 3 de la madrugada. Nosotros seguíamos con la charla, guitarra en mano y con un vinito Viña Canuto, de los más baratos de aquellos tiempos. Los vecinos de mi casa de Los Yoses tosían a manera de protesta para que nos callásemos de una vez. Yo le hice un gesto a Fidel como de “Bajemos la voz, que nos matan”. Mis hijos pequeños también dormían (y tosían), y él arrancó suavecito con una especie de habanera guanacasteca, y a media voz cantó: “Anoche fui a Liberia / a eso de las dos. / Por todo mundo se oía: / ‘Cos, cos’, la maldita tos, / ‘Cos cos, cos cos, cos cos’, / la maldita tos”.

Yo exploté en risotadas y sorpresa de la buena por la ocurrencia de Fidel y por la belleza naïf de esa joyita folclórica; o sea, la cosa fue peor para los vecinos, pero para nosotros fue un momento pleno, de descubrimiento y alegría. Allí nomás le dije: “Eso debemos incorporarlo al Experimental”, y él respondió cantando: “¡Ay, llorar, llorar! / ¡Ay, llorar mis penas! / ¡Ay, llorar mis ojos, / que lloran por ella!”. La canción del perrito la llamábamos, y poco tiempo después ya era parte del repertorio del Grupo.

Fusión.  Una nueva etapa empezaba así, a mitad del camino, incorporando esas raíces del frondoso guanacaste a la Nueva Canción costarricense, a la que llevábamos entre lo latinoamericano, el jazz y el Caribe desde hacía bastante tiempo. Sembrada la semilla, germinó muy rápidamente en las canciones de Fidelito, cumpliéndose así, de manera espontánea y necesaria, con el principio fundamental de la Nueva Canción: construir un canto de proyección folclórica con una temática y una propuesta musical auténticas y propias de cada país, con las que se identifiquen las nuevas generaciones y las anteriores que perdieron el camino de lo que somos y de lo que debemos y queremos ser como nación, región y continente.

Ese canto vivía y se construía desde hacía años en Costa Rica. Recordemos al grupo Tayacán, con Luis Enrique Mejía, Rigo Salas, Quincho Rodríguez y Orlando Gamboa (el Macho, tío de Fidel y Jaime). Tayacán le había impregnado una mezcla de altiplano y Limón, asentándose genuinamente en la Centroamérica de luchas y razones. Viva Voz –con Dionisio Cabal, Marisol Carballo y los hermanos Mena– ponía en polifonía el rescate meseteño de la inmensa Emilia Prieto, viva, aportando antes y después de su muerte. Erome –con Ernesto Raabe, Manuel y Bernal Monestel– encontraba nuevos aires mezclando charangos con voces, cuatros y quenas.

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Nuestro incipiente proyecto estaba aún en calidad de exilio, apoyado por Rafa Acosta, Rigo Salas, Chiqui Ortiz, Jordi Antich y otros, con el sur dolido vibrando en las cuerdas y la garganta, aportando arreglos y aprendiendo los nuevos ritmos para históricas causas compartidas e incorporando pensamientos brechtianos de la pluma y la pasión de Virginia Grutter.

Inti Huasi era Carlos Saavedra y Pedrito Arce (otro ausente). Se oía la dulce trova de Juan Carlos Ureña, solo o con el dúo Octubre, junto a Paulina Chaverri o Marisol Antillón. Vivía el Arauco poético y sangrante de Víctor Canifrú y Alejandra Acuña, y quién sabe cuántos más que por mi injusta inmemoria no nombro, haciendo y creyendo desde la vieja casona del CECUPO (Centro de Cultura Popular) en San Pedro de Montes de Oca.

Alta voz. Era el final de los años 70 y se presagiaban los movidos 80, que traerían nuevos colores, estilos, reacomodos de músicos y arribo de tantos otros a esta Nueva Canción, que ya se transformaba en movimiento latinoamericano.

En el 79 se había fundado oficialmente el Grupo Experimental. Desde el principio invité a participar a un flaco alto, desgarbado, callado e inquieto, a quien había conocido en el Castella en clases de música y tocando el saxo alto de maravilla en el Grupo de Jazz del Conservatorio: Fidel Gamboa era su nombre.

Él se incorporó de a poquito, con la timidez y la cautela de siempre, porque, desde el debut, el Experimental tenía una base al estilo de música de cámara: Rafa Chinchilla (piano), Carlos Silesky (viola), Willie Víquez (cello), Roberto Huertas (flauta), Leo Sánchez (bajo) y Chizco Castillo (oboe). En el transcurso del show se iban sumando el jazz y la “loquera”. Rafa agarraba el “sinte” micromoog, algo nunca oído en la Nueva Canción, como la batería de Rigo Salas o Carlos Saavedra; Bernal mezclaba la quena, el cuatro y el charango

Allí irrumpía el saxo salvaje de Fidel, como un grito en la selva, como una llamada de la tierra, con una rítmica abrumadora y con escalas sabiamente construidas que conducían inexorablemente al infinito, con un pitazo al límite del grito que llamaba al combate.

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A todo esto, las cuerdas desesperaban por respirar en medio de la descarga, hasta que volvía el arreglo orquestal, clave distintiva del Experimental, y cada cosa volvía a su lugar para que la poesía y el mensaje retomasen la palabra.

Es justo decir que lo conceptual de la propuesta se manifestaba y se manifiesta también en el lenguaje de cada instrumento porque ¿quién podría decir que Federico (tema que compuse para la escenificación de Murámonos, Federico, de Joaquín Gutiérrez) no hablaba y luchaba a través del saxo de Fidel?  Los conciertos habían salido ya del CECUPO para ganar la calle, los teatros, las universidades y cada acto de solidaridad con Centro y Sudamérica.

Buen país. Con pujanza y gran reconocimiento, nuevos grupos y solistas se sumaban a las filas de este movimiento de música e ideas. Cantares profundizaba y recreaba el folclore meseteño, Cantoamérica le daba por fin paso al tren para que el Caribe nos inundara “fergusianamente” de los ritmos limonenses y para seguir afirmando que más allá de Turrialba también es Costa Rica.

Rubén Pagura, presente desde los inicios del movimiento, arrancaba fuerte con La Oveja Negra, llevando y trayendo la barriada con su riqueza urbana y su día a día. Lo acompañaban Juan Carlos Ureña, María Pretiz, Bernal Villegas y otros de los buenos músicos del momento.

Los 80 florecían para los nuevos cantos y hasta se formó una “nuevita canción”. Gracias a este género, Costa Rica empezó a interactuar, dentro y fuera de las fronteras, con los más grandes del continente: Silvio Rodríguez, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarroza, Amparo Ochoa, Inti Illimani, Quilapayún, Mercedes Sosa, Pete Seeger, León Gieco y Tania Libertad más tarde, siempre Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy y tantos otros.

El Experimental le daba la vuelta al mundo, hasta el punto de que, cuando nos presentaban en algún concierto, el locutor decía: “Han tocado en Norte, Centro y Suramérica, islas del Caribe, Europa y Medio Oriente”. Esto último le causaba gracia a Fidelito, y tenía razón: era exagerado y rimbombante.

Allí estábamos todos, juntos en una época de luz y sin sombras: Iván Rodríguez al violín, Jaime Gamboa en el bajo, Kin Rivera en la batería, Berni Monestel en la percu, Gaby Alfaro en el cello, Jorge Rodríguez en el oboe; antes, Manuel Rojas' Tantos nombres, tanta historia' Guadalupe Urbina nos mostraba de dónde eramos, como María Pretiz, con piano y canciones que siempre nos hablan.

Así pasamos de década sin darnos cuenta, a puro canto y razones. Dimos la bienvenida a Editus con su esencia instrumental poética y con sus logros internacionales conjugando el ser costarricense.

La cronología del nuevo canto no cabe en estas páginas ni en muchas más. Llegaron “los trovadores”: Humberto Vargas, con su naturalidad triunfadora, poniendo en canto alto al país; Bernardo Quesada, Allan Guzmán, Esteban Monge y tantos otros. Llegó el presente colectivo en el nuevo Malpaís.

Fidel, creando y cantando; Manuel Obregón y sus musas flotando en las escaramuzas de Tapado Vargas, y Jarquín, con la sabia savia de Jaime e Iván.

Ellos eran el paso siguiente; lo sabía muy bien Fidel, quien había sembrado y recogido en cada surco: sacar el alma de la tierra, poner lo de aquí allá y en el más allá, contar las historias de ellos porque eran las nuestras, historias de un buen país, “antipódico” Malpaís.

El autor es músico argentino-costarricense; fundó el Grupo Experimental

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