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Observador natural

El dibujante de la ciencia

Actualizado el 03 de junio de 2012 a las 12:00 am

Observador natural José Fernando Zeledón demostró en sus ilustraciones científicas maestría y cuidadoso empeño

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El dibujante de la ciencia

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La familia se reunió esa mañana en torno al televisor para ver la presentación del talentoso muchacho en un programa dominical. De apenas ocho años de edad, el pequeño José Fernando exhibiría a la teleaudiencia unos innatos dotes artísticos que, desde sus primeros años, causaban el asombro y la admiración de familiares y profesores.

La presentación consistía en que una de las presentadoras del programa contaba un cuento del Tío Coyote, y el pequeño Fernando lo iba ilustrando “sobre la marcha”. Sus firmes y definidos trazos se ganaron esa vez el aplauso del público y, del otro lado de la pantalla, llenaron de emoción a sus padres y hermanos. Se adivinaba ya el gran artista que el niño llegaría a ser con el paso de los años.

Una herencia familiar. Nieto del destacado escultor Néstor Zeledón Varela, sobrino del premio magón Néstor Zeledón Guzmán e hijo del caricaturista Fernando Zeledón Guzmán, el joven José Fernando tuvo acceso desde muy chico a un especial ambiente artístico que fue estimulando y definiendo su destino hacia el dibujo y la ilustración. Había nacido en la ciudad de San José el 18 de marzo de 1968.

De nacionalidad tico-nicaraguense, su vida estuvo ligada desde muy temprano a Nicaragua, país natal de su progenitora, Soledad García, quien fue una gran activista en el proceso revolucionario que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979. El joven Fernando se integró con entusiasmo a este proceso a través del movimiento de la Juventud Sandinista, colaborando con su talento en la realización de murales.

También publicó sus dibujos y caricaturas en el periódico Barricada y en el semanario humorístico La Semana Cómica.

Gracias a ello, Fernando obtuvo una beca del gobierno sandinista y, a mediados de los años 80, se marchó a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas a estudiar arte y fotografía en el instituto Surikov, de Moscú, donde se impartía una instrucción estrictamente académica basada en el realismo socialista de esa época.

La férrea disciplina “realística” aprendida en este instituto, influiría decisivamente en el estilo artístico que, años más tarde, haría de José Fernando el ilustrador científico sin parangón que llegó a ser.

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En sus vacaciones, el artista realizó muchos viajes por el extenso territorio soviético. Visitó Siberia, Kazakstan, Uzbekistan, y Azerbaijan, y varios países europeos, con lo que logró aumentar su bagaje cultural y artístico.

Tiempo después se fue a estudiar a la ciudad de Minsk, donde lo sorprendió la gran tragedia del reactor nuclear de Chernobyl. En 1991 se derrumbó la URSS y, con ella, desaparecieron los recursos que Fernando recibía por la beca. En 1994 regresó a Costa Rica gracias a la ayuda de su madre. Mucho más maduro y formado, llega a San José con el firme propósito de iniciarse profesionalmente en los campos del diseño, el dibujo y la ilustración.

Los primeros pasos. A diferencia de muchos jóvenes que nacen con vocación artística y presumen de sus supuestos talentos, el joven Fernando presentaba un perfil bajo, pese a sus altas dotes artísticas. Él era muy exigente en cada trabajo que llevaba a cabo, con los cuales casi nunca quedaba del todo satisfecho. Esto le permitió pulir la técnica en el trazo y el acabado de sus dibujos como muy pocos ilustradores nacionales lo han logrado.

Comenzó su labor profesional ilustrando libros de educación primaria para la editorial Norma en Costa Rica y la editorial de la Universidad Nacional (EUNA).

Hacia 1997, y por recomendación de la ilustradora Vicky Ramos, José Fernando es solicitado por el entomólogo Manuel Zumbado Arrieta, del INBio, para ilustrar un juego de mesa llamado Dipteromzum . Según cuenta el científico, este juego se basaba en imágenes de moscas que, para atraer la atención del público, debía presentar dibujos de estos insectos con una calidad excepcional. El trabajo de Zeledón resultó tan fuera de serie que la editorial del INBio lo llamó de nuevo para realizar todas las ilustraciones de la guía de campo Dípteros de Costa Rica , publicada en 1999. Poco después preparó ilustraciones adicionales para la segunda versión de esta guía, ahora bajo el título Dípteros de Costa Rica y la América Tropical , publicada en el 2006.

Reconocido ya su talento entre el gremio de biólogos como un ilustrador capaz de registrar las características de cada especie en sus más mínimos detalles, realizó ilustraciones de aves, mamíferos y otros vertebrados para personas y organizaciones vinculadas con el INBio. Uno de sus trabajos más representativos fue la ilustración del libro Aves de Tapanti, del ornitólogo Julio Sánchez.

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El refinado y preciso dibujo del ilustrador se fue enfocando entonces hacia ilustraciones científicas en un estilo tan exquisito que recuerda al del gran artista y naturalista norteamericano John James Audubon. Tal labor lo llevó a ser calificado por expertos taxónomos y biólogos de Costa Rica y el exterior como “uno de los mejores ilustradores científicos en el mundo”.

Reconocimiento internacional. En junio del 2007 la editorial Published Ducks Unlimited, de Memphis, EE.UU., publicó un libro sobre los patos migratorios de la región neotropical, con dibujos de José Fernando Zeledón y de los norteamericanos Bob Hines y Tracy Pederson.

Pese a su brillante talento (y por lo que cuenta su madre, Soledad García, y su hermano Gustavo), los honorarios que percibía por sus excepcionales ilustraciones no le aportaban lo suficiente para vivir. Por ello, Fernando alternaba su labor de ilustrador con la pintura al óleo.

Entre sus últimos grandes trabajos se cuentan los dibujos de la flora y la fauna nacional que aparecen en los nuevos billetes de 1.000, 2.000, 10.000, 20.000 y 50.000.Tímido y retraído por naturaleza, José Fernando nunca buscó la fama ni el reconocimiento.

En los últimos años se retiró a vivir a la cuidad de La Cruz, donde radica su progenitora. Como resultado de sus limitadas condiciones económicas, su salud se fue minando y así, el 24 de marzo del año 2011, murió en un hospital de la cuidad de Managua, a la edad de 43 años. Su deceso causó el dolor y la consternación entre el gremio de científicos nacionales y extranjeros que valoraban en gran medida su excepcional e insustituible labor artística.Quizás pase mucho tiempo antes de que vuelva a surgir en el país un ilustrador científico de tan altos dotes artísticos.

EL AUTOR ES DIRECTOR DE LOS MOVIMIENTOS ARTISTICOS 'LA PLUMA SONRIENTE' Y 'LA PLUMA CÓMIC'.

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