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Los cambios de piel del artista

Actualizado el 25 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Adrián Arguedas El artista reflexiona sobre su proceso creativo mientras prepara una nueva serie de cuadros

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Adrián Arguedas –dice– se ve a sí mismo como una serpiente: cambia de piel cada cierto tiempo, sin dejar de ser serpiente. Así, se desliza entre el grabado, el óleo y la acuarela con una facilidad envidiable, y no falla en llamar la atención. Hoy, la Galería D’Art ofrece la muestra Adrián Arguedas, artista en el Restaurante Bacchus (San Ana). Es una selección de la labor reciente del creador, galardonado con tres premios Aquileo Echeverría, docente con extensa trayectoria e investigador de la materia.

Colección temporal. Encontramos al artista en medio del proceso de elaboración de una nueva serie. Para Adrián Arguedas, la reflexión y la investigación que forman parte de la creación de cada serie de obras, y presentan los puntos de mayor interés.

“Siento que estoy entrando a un cambio, natural en mi caso cada diez años, en el que modifico procesos, técnicas y , sobre todo, motivos; pero la esencia es un trabajo crítico, sarcástico. Permanece el énfasis en la relación del ser humano con los demás y con el entorno. Esta es mi inquietud”, explica el artista herediano.

Esta selección de 29 de sus obras está conformada, principalmente, por cuadros de su serie Copistas , exhibida en el Museo Calderón Guardia en el 2011, y por acuarelas de Estudios , expuestas en Punta Islita, así como por grabados.

Como una muestra de la magnitud del trabajo realizado para cada serie, para Copistas Arguedas creó cerca de 90 obras. Muchas no se exhibieron en la primera exposición y aparecen ahora por primera vez.

Adrián explica que ha procurado “hablar desde la materialidad y desde recursos estrictamente pictóricos”, un deseo del que sus Estudios son la prueba. En este caso son exploraciones de la técnica de la acuarela a través de escenas de bañistas; este trabajo lo sedujo por las cualidades pictóricas del agua.

“El agua obliga a sintetizar muchísimo y, por otro lado, aleja de lo estrictamente perceptual. Trabajo con cierto tipo de representación, pero, cuanto más se acerca el espectador, más aparece la abstracción. Aunque utilizo elementos reconocibles, la mancha es lo que construye el trabajo, junto con el juego gestual y expresivo”, añade.

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Arguedas considera que el espacio del restaurante permite una interacción diferente con el público pues este no viene a apreciar su obra; así, no se establece un recorrido específico, sino que cada obra ocupa un espacio determinado y llama la atención sobre sí misma. Dos series dialogan y coinciden en los elementos que han caracterizado la creación del artista.

Lo que somos. “Hay muchas inquietudes que han sido constantes en mi trabajo, relacionadas con el ser humano y su condición”, reflexiona Adrián. En este pensamiento coinciden series como los Estudios y otros trabajos, como 360 ° y Superhéroes .

Ese interés alimenta la preparación de la serie que vendrá, Narcisos , cuya pintura La hamaca es un atisbo inicial. “Tengo un año de trabajar en ella, pero considero que apenas estoy iniciándola”, cuenta el artista sobre la serie. “Formé una familia hace tres años y después de ese primer impacto del matrimonio aparecieron los hijos y se volvieron un tema en mis cuadros, como los bañistas”.

El agua reaparece en la figura de Narciso, personaje mítico que, por admirarse en el agua, se ahogó. Se conecta con las preocupaciones de Arguedas sobre el devenir de la sociedad y las transformaciones producidas por la transculturación.

Narcisos se vincula con situaciones actuales, que no son nuevas y me preocupan muchísimo. Primero, se relaciona con lo propio y lo ajeno: qué somos y de qué estamos hechos. Son retratos del costarricense a partir de motivos relacionados con mi familia”, adelanta.

Ya en Las cualidades del blanco y Superhéroes se había preguntado por la cuestión central de sus obras: “Qué somos, cómo nos vemos con respecto al otro, cómo dejamos que el proceso de transculturación se dé sin confrontaciones”, describe.

Esa inquietud se repite en obras como La verdadera virtud y El gringo , de la serie Copistas . La identidad y el poder se entremezclan en figuras metafóricas construidas con varios niveles de lectura.

Las 29 piezas forman un retrato transitorio del artista y resaltan su invitación a observar de forma crítica sus piezas. “Me interesa que a la gente le parezca placentero el trabajo, pero por debajo viene lo amargo: vienen la ironía, la carcajada, la burla”.

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“Lo que sucede en la política del país nos hace pensar que el arte es una herramienta que puede servir, aunque tiene limitaciones, como cualquier herramienta de comunicación”, explica Arguedas.

“No me definiría como pintor: he hecho dibujo, grabado, pintura, video, y no sé qué vendrá... Me perdería si me ato: perdería la motivación de ser”, confiesa. Arguedas ha probado el grabado, la pintura, la acuarela y el video, y a cada técnica le ha dedicado amplia reflexión.

“Mantengo la serie en proceso dos o tres años hasta estar seguro. Eso me permite confrontar el trabajo con otra gente en el contexto del estudio y crear una discusión”, un proceso que el artista considera vital para el arte.

Mesa de diálogo. Arguedas es docente, una labor que ha influido en su interés por la reflexión sobre la historia del arte y la discusión acerca de la creación plástica y visual.

Empero, una preocupación suya es la ausencia de discusión en el ámbito nacional.

“Al no haber espacios críticos, uno busca gente que le dé feedback . En las artes visuales desapareció la crítica: nadie quiere hacerla; implica una confrontación, una fricción y un compromiso. Nadie quiere ser enemigo de nadie porque así se toma la crítica aquí. La crítica es sobre el trabajo, no sobre la persona, y mucha gente no entiende esa diferencia”, lamenta.

Según Arguedas, parte del proceso de crecimiento de los artistas se da en la discusión. Uno de los debates más actuales está en la predominancia de discursos de la filosofía y la sociología sobre la creación de arte. “Es uno de los debates más complejos: ¿cómo continuar abordando las ideas desde el texto o desde el objeto?”, se pregunta.

Para Arguedas, la respuesta es clara y práctica: “A mí me interesa el objeto artístico también, con el bagaje de lo estético y el aura del objeto, que para algunos es una problemática. No tiene que haber fricción si hay suficientes herramientas en la parte discursiva”.

Así, Adrián reivindica la pintura, un medio “tan explorado, probado y asesinado en diferentes momentos de la historia”, y continúa investigando su forma.

Como la serpiente, Arguedas cambia de piel, pero no pierde su mordida. Sus cuadros, mordaces y de mensajes críticos, se mantendrán en el Restaurante Bacchus hasta el 21 de diciembre.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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