12 junio, 2012

Me dolió profundamente leer el artículo publicado por mi hijo Juan Diego Castro el día 7 de junio en este periódico y observar el vídeo que ha colocado en Internet. Me cuesta mucho entender cómo me ataca, me perturba y hace manifestaciones públicas de un conflicto privado.

Lamentablemente me vi obligada el día 29 de mayo pasado a pedir medidas cautelares en su contra, cosa que la jueza ordenó por un año en la causa que se tramita en el Juzgado de Violencia Doméstica de Cartago, bajo el expediente número 12-001333-0650-VD, luego de que me lastimara físicamente el día anterior en el edificio de los Tribunales de Cartago cuando me apersoné a realizar una diligencia judicial junto a otro de mis hijos.

Él bien sabe qué fue lo sucedido y que no hay ningún montaje de nada. Para mí ha sido muy duro tener que denunciar a mi hijo, pero he llegado a ese punto extremo porque han pasado tantas cosas que he callado, que ya me es difícil tolerar.

Como se lo dije al periodista de La Nación, y hoy se lo digo una vez más a Juan Diego: como madre te perdono, sos mi hijo y te profeso un inmenso amor, pero te pido que, por favor, respetés la voluntad de Luis, tu padre, sobre la forma como se deben dividir los bienes que él nos heredó.

Quiero cerrar con esta nota la discusión pública de este incidente. Cuando uno no quiere, dos no pelean. Pido a la prensa ser respetuosa de mi inmenso dolor.

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