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Viejo Estadio

Actualizado el 03 de abril de 2011 a las 12:00 am

Viejo Estadio goles y cambios de gobiernos enmarcaron la historia de la 'Tacita de Plata'

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Aquel viejo estadio que tantas vivencias generó a los costarricenses, se inauguró el 29 de diciembre de 1924 cuando era presidente Ricardo Jiménez (1924-1928). Su construcción fue supervisada por personajes como Ricardo Moreno Cañas, Eduardo Garnier, Manuel Manolo Rodríguez, Alberto Brenes y el general José María Pinaud.

Allí se celebraron 22 partidos de final del campeonato tico; cuatro Juegos Nacionales; juegos escolares, colegiales y laborales; actividades de atletismo, baloncesto, beisbol, boxeo, ciclismo, motociclismo y tiro; los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe de Futbol (1941, 1946, 1953 y 1961) y el Panamericano de Futbol (1960).

También se escenificaron el Norceca de Naciones de la Concacaf (1969), la Triangular Intercontinental Juvenil (1983), los Preolímpicos masculinos (México en 1968, Montreal en 1976, Moscú en 1980, Los Ángeles en 1984 y Atlanta en 1996), la Copa Uncaf de Naciones (1991 y 1999) y el Preolímpico femenino de la Concacaf (2004).

Uno de los grandes futbolistas ticos, el exguardameta Mario Flaco Pérez, hoy de 75 años, desarrolló su carrera en el viejo estadio. “Mi hermano Luis y yo vivíamos en Barrio México y atravesábamos los cafetales para llegar a La Sabana. Nos gustaba encaramarnos en los cipreses que estaban al costado oeste del Estadio Nacional [donde hoy está el Canal 7]. Allí había un boquete, entre las graderías norte y sur, desde donde podíamos ver los partidos porque los marcos estaban de este a oeste”, recordó don Mario.

Clásicos. En el coliseo de La Sabana se cumplieron nueve de las 14 eliminatorias en las que Costa Rica luchó para entrar en los campeonatos mundiales. La fase más gloriosa se produjo al ganar el primer boleto mundialista de nuestra historia, para ir a Italia en 1990, con el gol de Pastor Fernández a El Salvador (1 a 0, el 16 de julio de 1989).

“Esa anotación me inmortalizó, y hoy me genera mucha alegría y agradecimiento”, comentó Fernández. “Se podrá ir a más de un Mundial, pero ninguna generación celebrará una clasificación como lo hizo el pueblo aquella vez”, afirmó Fernández, quien imparte lecciones de futbol en colegios.

En este escenario se celebraron 13 traspasos de poderes entre 1949 y el 2006. Las excepciones fueron los traspasos de Mario Echandi (en 1958 en el Templo de la Música), de Abel Pacheco (en el Teatro Melico Salazar en el 2002) y de Laura Chinchilla (en La Sabana en el 2010).

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El estadio recibió célebres visitas, como las del piloto estadounidense Charles A. Lindbergh en 1928; del cuatro veces campeón olímpico y velocista estadounidense Jesse Owens en 1968; de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, en 1977, y del Papa Juan Pablo II en 1983. El estadio albergó también los conciertos de ¡Derechos Humanos Ya! (1988), Aerosmith (1994) y del tenor Luciano Pavarotti (2004).

Al antiguo Estadio Nacional se lo conoció con el apodo de la “Tacita de Plata”. Así lo bautizó el narrador mexicano Ángel Fernández hace más de cuatro décadas, tras un partido de la Concacaf entre Costa Rica y México, recuerda el periodista deportivo Miguel Cortés.

Era común que en dicha sede se celebrase el clásico entre el Saprissa y la Liga Deportiva Alajuelense, con 81 episodios entre torneos locales e internacionales. En muchas de esas citas se cumplió con la tradición de entregar un chompipe al jugador que anotara el primer gol.

Muchas controversias surgían en la rampa del estadio, a la salida de los vestuarios, cuando se armaban “pugilatos” verbales entre los locutores deportivos y personas a quienes entrevistaban.

La ‘milpa’. “En las transmisiones desde el Nacional se inventó la palabra ‘milpa’ [fuera de juego], que se hizo parte del lenguaje de los locutores deportivos”, recordó Cortés y agregó: “A la par de la cancha había un predio donde se sembraba maíz. Cuando un jugador estaba por ese sector, muy adelantado, se le decía ‘¡Está en milpa!’ por aquello del maizal”, detalla Cortés.

Aunque sea desagradable recordarlo, es verdad que en las gradas de sol nadie se escapaba de la quema de periódicos ni del lanzamiento de bolsas de orines, tiradas por los fanáticos que estaban arriba.

La gente ahorraba para ir, al final del año, a observar las series internacionales ante connotados clubes extranjeros. Cuando venían los clásicos de Costa Rica ante México, los juegos empezaban a las 11 a. m., pero el aficionado amanecía con abrigo y cobija haciendo fila en los alrededores de las boleterías.

Los espectadores se las ingeniaban para ingresar sin pagar. Era común eludir la vigilancia policial y entrar gratis a las graderías de sol, subiendo como escaleras los muros del sector oeste. Los niños llegaban a las de sombra con jugadores a quienes les llevaban el maletín.

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Roberto García Herrera, cronista de La Nación, viajaba con sus amigos desde Guadalupe. “No teníamos plata. Esperábamos a que abrieran las puertas para el segundo tiempo, a fin de entrar gratis. A veces teníamos suerte: nos poníamos junto a un adulto y le preguntábamos: ‘Señor, ¿me pasa?’.

Vendrán muchas actividades deportivas, culturales, políticas y religiosas en el nuevo Estadio Nacional de Costa Rica, en La Sabana. Las más próximas en el calendario del deporte tico son los Juegos Centroamericanos en el 2013 y la Copa Mundial Sub-17 femenino de FIFA en el 2014. El tiempo pasa, pero la historia siempre sigue.

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