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Página Negra: La maldad nunca duerme

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Un grupo de estrellas malignas encabeza el moderno cine de terror. Cada uno es más perverso que el otro, pero todos atraídos por el olor del miedo y el espanto

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El horror atrae al horror. Un áspero coro de gritos invoca un ejército de criaturas oscuras, nacidas en los vórtices del infierno. Vinieron de mundos extraños; están flacos, sedientos y tienen un hambre por los humanos; sus nombres hacen temblar al averno: Freddy Krueger, Chucky, It, el Guasón, Jasón Vorhees, y Hannibal Lecter.

Aunque son personajes de fantasía, inspiraron a monstruos reales. Martin Bryant, de 28 años, mató 35 personas en Australia, porque se lo pidió Chucky. James Holmes, quien asesinó a 12 inocentes en Denver – Colorado- durante la premier de Batman: el caballero de la noche asciende , disparó y gritó “¡Soy el Guasón'Soy el Guasón!”.

Wes Craven, creador de Krueger y Pesadilla en Elm Street , se basó en un caso real, publicado en Los Angeles Times , sobre la muerte de tres jóvenes que no podían dormir debido a las pesadillas que padecían.

El asesino en serie James Gumb, de El silencio de los corderos , tiene como referencia a Ed Gein, célebre criminal de Wisconsin, quien también sirvió de modelo para el loco de Norman Bates en Psicosis y al descuartizador de la motosierra, Leatherface, en La masacre de Texas .

Las películas de terror surgieron con el cine mismo el 28 de diciembre de 1895. Ese día los Hermanos Lumiére proyectaron, en el Salon Indiens del Grand Café del Boulevard des Capucines, una filmación sobre la gente y los carruajes en movimiento en la Plaza Bellecour, de Lyon.

El periodista Henri de Parville escribió: “ Una de mis vecinas estaba tan hechizada que se levantó de un salto y no volvió a sentarse hasta que el coche, desviándose, desapareció.”

El celuloide desencadenó las imágenes de vampiros, zombis, humanoides, asesinos psicópatas, muertos vivientes, criaturas demoníacas, brujas, seres del espacio, bestias depredadoras y fuerzas de la naturaleza, según Los grandes mitos del Séptimo Arte .

Los nuevos equipos de filmación, las crudas escenas de los telenoticieros sobre la Guerra de Vietnam, el terrorismo y los asesinos en serie abrieron el camino para que en los años 70 surgiera el slasher , subgénero cinematográfico que mostró sin asco ni pudor tripas, sangre, descuartizamientos, torturas y todo tipo de maldades.

Este ciclo arranca con Masacre en Texas , en 1974, de Tobe Hooper. En ella un loco despiadado –Leatherface– parte y reparte cuerpos con una motosierra. La cinta costó $160.000 y recaudó $30 millones alrededor del mundo, si bien por la violencia gráfica fue prohibida en Reino Unido y Australia.

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Los verdaderos crímenes de Gein y los de Elmer Wayne Henley fueron la base del guion. Cuando la policía allanó la casa del primero encontró muebles, lámparas y un chaleco cosido con piel y huesos humanos; cabezas disecadas y, según él, el cadáver de su madre le hablaba todas la noches antes de dormir.

Pesadilla fatal

Nadie controla lo que sueña. En Elm Street reina un sujeto de cara desfigurada, abrigo rojo y verde, sombrero ladeado –como Pedro Navajas– y un guante con cuchillas afiladas, que desguazan con la “delicadeza” de un carnicero las entrañas de adolescentes.

El Máster en Literatura y Filosofía, Wes Craven, engendró a Freddy Krueger inspirado en un extraño caso de varios jóvenes que, en el sudeste de Asia, no podían dormir y murieron durante unas pesadillas, según tres artículos publicados en Los Angeles Times .

Krueger es un demente, fruto siniestro de una monjita violada por un centenar de tarados en el asilo Westin Hills. Freddy liquidó a su padrastro, mató a su esposa, asesinó a 20 niños y, antes de ser quemado vivo por una jauría de padres de Springwood, tres demonios le prometieron vida eterna y convertir las pesadillas en realidad.

Un artículo de Scientific American , de 1982, reveló que los colores verde y rojo son los más impactantes a la retina humana y eso sugirió a Craven el tono de la indumentaria del ficticio criminal.

Lo esencial fue elegir el arma homicida. “La forma en como mata la naturaleza es con zarpas y colmillos.” explicó Craven en una entrevista al periódico El País .

Por eso, escogió la mano, como representación de la garra y transformó cada uno de los dedos en una cuchilla, especie de colmillos ancestrales. Esta mano-garra-colmillo forma parte del museo del terror, junto a la capa de drácula, el laboratorio del Dr. Frankenstein y las recetas culinarias de Hannibal Lecter.

En cuanto a su aspecto, Craven lo imaginó con los dientes fuera de la mandíbula; cuando le dolía la cabeza le salía pus y tenía la mitad de los sesos visible.

El asesino de las cuchillas, protagonizado por Robert Englund y más tarde por Jackie Earle Haley, tasajeó a 40 personas antes de ser decapitado –aparentemente– en el último filme del 2010.

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Además de los envidiables beneficios económicos que Freddy Krueger le aportó a la productora New Line Cinema, que estaba en la quiebra, fue la película en que debutó una naciente estrella juvenil: Johnny Depp.

Niño bueno

¡Con esa cara!...Y esos maravillosos y enormes ojos azules, la camisetita a rayas, un overol de mezclilla y el pelillo pelirrojo. ¿Quién lo diría? Incapaz de matar a una mosca, pero sí a 32 personas; a las que hizo picadillo con tijeras y puñales en una saga sangrienta de cinco películas.

Desde que saltó a la pantalla, en 1988, Chucky, el muñeco diabólico, ha sido, aparte de una máquina infantil de matar, fructífero negocio para la Metro Goldwyn Meyer y los Estudios Universal. Hasta el momento invirtieron $72 millones y generaron $176 millones, siendo La novia de Chucky , la más jugosa pues produjo $50 millones.

Don Mancini concibió el muñeco psicópata cuando tenía 22 años, interesado en analizar el impacto del mercadeo y la publicidad en los niños. De Mancini se sabe poco, pero de Chucky todo.

El nombre del criminal ficticio, encarnado en Chucky por medio del vudú, era Charles Lee Ray. Para inventarlo Mancini se inspiró en el de otros tres asesinos reales: Charles Manson, Lee Harvey Oswald y James Earl Ray. Manson lideró una banda que mató a Sharon Tate en 1969; Oswald tiroteó al presidente estadounidense John F. Kennedy en 1963 y James Earl Ray acabó con el activista Martin Luther King, en 1968.

Un total de 16 guionistas se encargaron de moldear la convulsa personalidad de Chucky, incluso lo casaron con su novia Tiffany. Es más, la dejó embarazada y en La simiente de Chucky , de 2004, su retoñito lo estrangula.

El impacto del muñeco fue más allá de las taquillas; sirvió de modelo para que Martin Bryant la emprendiera a balazos contra 35 personas, el 28 de abril de 1996, en el pueblo de Aurora, Australia.

Bryant, nacido en 1967, tenía el coeficiente mental de un niño de 11 años y arrastraba un grueso expediente psiquiátrico. Torturaba gatitos en la infancia; además, era adicto a la pornografía, la zoofilia y las películas sádicas, como las de Chucky.

La cacería de Martin comenzó en el café Broad Arrow; ahí mató a 12 personas en 15 segundos y a otras cinco a la salida. En el camino agregó 15 más a la cuenta y, previo a ser capturado vivo, asesinó a otras tres, antes de incendiar un hotel donde estaba refugiado.

Risas malignas

Ambos surgieron de las aguas: It, de las miasmas del macrocosmos, cuando el Universo apenas emergía; el Guasón, de una mezcla tóxica de químicos. Los dos adoptaron la forma de un payaso para aterrorizar a sus víctimas.

It, o Pennywise, es una creación literaria de Stephen King, que fue llevada al cine en 1991. Vino del espacio exterior en un asteroide y estuvo en hibernación hasta que –cada 27 años – despierta y engulle unos 25 niños. En la película, aparece en dos épocas: 1957-1958 y 1985, y se enfrenta a una pandilla de chiquillos llamada Los Fracasados.

Pennywise tenía la capacidad de oler el miedo, entrar en la mente de los pequeños y manipularlos, así los arrastra con sus mimos hasta las cloacas donde los devora.

Muchas de las obras de King encuentran asidero en el acoso infantil que sufrió por causa de su torpeza, enfermedades y problemas visuales. Casi todas están ambientadas, como It, en Maine, Estados Unidos, donde él pasó su infancia. También, diferentes personajes son escritores; en It es William Denbrough, quien logra destruirlo en su primer ciclo de asesinatos.

It escarba en los miedos ancestrales que surgen en el ambiente familiar; el hombre vive atemorizado desde niño, ya sea por el “señor del saco” o los fantasmas que viven bajo su cama y salen cuando duerme.

Entre esos espantos está un bufón psicópata, ser absolutamente destructivo, que graba en la cara de sus víctimas un rictus sardónico. Este villano es el caos, opuesto al orden que representa Batman.

La piel blanca, la boca roja y el pelo verde del Guasón, además de una fuerza extraordinaria, los obtuvo tras caer en una paila de productos químicos.

Este desquiciado criminal adquirió forma en la pantalla con César Romero, en la serie televisiva Batman de 1967. Sin embargo fueron Jack Nicholson, en 1989, y Heath Ledger, en 2008, quienes captaron los rasgos rocambolescos del personaje ideado por Jerry Robinson y dibujado por Bob Kane en 1940.

Ledger se encerró en una habitación durante varios días para compenetrarse con el personaje y encontrar la voz y la risa que caracterizan al payaso, explicó en una entrevista al New York Times , seis meses antes de suicidarse.

Además de estos actores, otros han imitado ese personaje, pero en la vida real. Así, James Holmes, asesino de 12 personas, incluyendo un niño de seis años, en un cine de Denver, Colorado, se presentó a la policía como “El Guasón, enemigo de Batman”. Un exconvicto que compartió celda con Holmes aseguró en una entrevista que este se comporta como The Joker.

Reyes del horror

Monstruo es la única palabra capaz de describir a dos de los más perversos asesinos del cine. Uno de ellos es Jason Vorhees, maniático del machete y la máscara de hockey; el otro es Hannibal Lecter, criminal gourmet que se almuerza a sus elegidos.

Jason tiene la fuerza de cinco osos, es inmortal y, a lo largo de 12 películas, destrozó a 158 personas, la mayoría campistas del siniestro Camp Crystal Lake, su coto privado de caza.

Su creador, Víctor Miller, tomó prestada la máscara del arquero del cuadro de hockey Red Wing, de los años 50. Le agregó pantalón gris, camisa oscura, botas negras y un gigantesco machete.

La presentación social de Jason fue en Viernes 13 , de 1980, primera de una docena de filmes que plantean los argumentos más inverosímiles para que Vorhess persiga y despanzurre jovencitos. Jason era un niño discapacitado al que una turba de acosadores lanzó a un lago donde se ahogó; regresó a la vida para cobrar venganza a punta de filazos.

Igual de violento pero más refinado es Hannibal Lecter, protagonista de una tetralogía literaria cuya estrella más fulgurante es El silencio de los inocentes . Llevada al cine en 1988 le dio el Óscar a Anthony Hopkins, por recrear al psiquiatra asesino.

Lecter es la forma más depurada del mal. Es un erudito de suaves maneras; bajito, fuerte, se mueve en silencio y sus ojos castaños apenas ocultan su aterradora mirada. Desde su celda, él ayuda a la tímida agente del FBI Clarice Starling a resolver varios casos criminales, mientras penetra en su interior para controlarla.

Harris estudió el modus operandi de varios asesinos en serie. Ed Gein, frustrado porque su madre le negó cambiarse de sexo, decidió matar mujeres para coserse un traje femenino. Por su parte, Ted Bundy asesinó unas 100 universitarias en los años 70. Otros fueron los caníbales: William Coyne, Jason Ricketts y Jeffrey Dahmer; esas fuentes de “inspiración” están descritas en el libro de David Sexton: El extraño mundo de Thomas Harris .

Estos personajes malignos nunca logran saciar su sed de sangre y el hambre de carne humana, por eso vagarán en las pesadillas de aquellos vencidos por el sueño.

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