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Su corta vida había sido un martirio, hasta ahora

Niño con grave afección en la piel regresa a clases

Actualizado el 16 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Severa dermatitis le provocaba llagas, picazón, ronchas, hinchazón y mal olor

Gracias a nuevo tratamiento, pudo entrar a la escuela casi con normalidad

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Pital de San Carlos. A sus tiernos seis años, Osvaldo Ramírez Camacho sabe lo que es vivir sumido en el martirio y la desesperación desde el año y medio, cuando se le diagnosticó un extraño padecimiento en la piel que básicamente secuestró su salud y su tierna infancia hasta hace tres meses.

Vecino de El Sahíno de Pital, San Carlos, este pequeño, quien es el menor de cuatro hermanos, fue diagnosticado con “dermatitis atópica severa” en lo que constituye uno de los casos más graves en el país, según su madre.

El padecimiento provoca picazón, ronchas y llagas, esto en los casos normales; al pequeño se le adicionaban cortaduras, sangrado, hinchazón y un hedor insoportable. Todo junto convirtió su vida y la de sus allegados en un caos de impotencia y desesperación.

De acuerdo con la madre, Silvia Camacho, el olor llegó a ser tan fuerte que en muchas ocasiones ella tenía que quemar la ropa del niño y hasta la de cama, ya que no había detergente capaz de eliminar el hedor de las prendas.

Doña Silvia asegura que su pequeño vivía muerto en vida: el año pasado tuvo que sacarlo del kínder, pues no podía salir al sol, exponerse al polvo o jugar en la tierra, por lo que era casi imposible que se relacionara con otros niños.

La enfermedad también ocasionó que Osvaldo tuviera retardo en el crecimiento, bajo peso y estuviera en riesgo de desnutrición.

La piel llegó a picarle a toda hora, por lo que el niño se causaba heridas sangrantes al rascarse.

Una de las peores vivencias se daba a la hora del baño, ya que gritaba de dolor; tampoco podía dormir de seguido, pues los pies se le pegaban en las cobijas.

Desde hace dos años, fue atendido por varios especialistas pero los tratamientos no le habían servido de mucho.

Por fin, en noviembre del 2013 el niño fue visto por el dermátólogo Eric Rojas, quien le mandó un nuevo tratamiento que, en cosa de 15 días, tenía a Osvaldo llevando una vida casi normal, dijo la madre.

“Esta es una enfermedad incurable, pero con un buen tratamiento va a llevar una vida normal y a partir de los 12 años su estado va a mejorar aún más y el tratamiento será mínimo”, aseguró Rojas la primera vez que lo examinó. Desde entonces, el médico lo atiende de forma gratuita cada 15 días.

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Su madre narró que, debido a la enfermedad ya el niño no tenía posibilidades ni de estudiar a pesar de su entusiasmo por la escuela.

“Fue increíble verlo graduarse en el kínder como un niño normal, ya juega, corre, es casi normal”, dijo la mujer con entusiasmo.

El lunes anterior Osvaldo cumplió un sueño que hasta hace poco era casi una utopía: ingresar a primer grado.

Con un pequeño bulto lleno de cuadernos e ilusiones, ingresó al aula hecho un ajito y se encontró con todos sus compañeros.

“Me sorprendió cuando llegó, ni lo conocía, un niño totalmente cambiado, juega, corre y en el estudio es muy aplicado”, aseguró su maestra, Maribel Otárola.

Al preguntarle qué quiere ser cuando sea grande, él dijo que doctor, pero que antes tiene que aprender a leer y escribir.

Esta familia vive en estado de pobreza; a veces sacrifica los tiempos de comida para poder asistir a citas médicas en la capital.

La madre asegura que su hijo requiere una habitación especial con el fin de coadyudar a la efectividad del tratamiento, lo cual es imposible para sus posibilidades.

Osvaldo vive actualmente en una casa que tiene polilla y duerme, contrario a lo recomendado, en un cuarto muy caliente junto a sus tres hermanos.

En cambio, según las recomendaciones médicas, requiere cobijas acrílicas; un cuarto seco, muy ventilado y libre de polvo.

Si usted quiere colaborar con esta familia puede comunicarse al 87856964 con Silvia, la madre del niño.

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