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Lingüista y corrector de estilo

Fernando Díez Losada, maestro del idioma y columnista de 'La Nación', murió a sus 80 años

Actualizado el 16 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

La Tribuna del Idioma enmudeció

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Fernando Díez Losada, maestro del idioma y columnista de 'La Nación', murió a sus 80 años

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San José.Redacción. Ha quedado huérfana la apreciada columna La Tribuna del Idioma, que se publicó cada domingo durante 22 años en el diario La Nación.

Su padre, el lingüista Fernando Díez Losada, falleció este lunes a las 11:45 p. m. en el Hospital México tras un paro cardíaco. Poco antes había sufrido una neumonía asintomática.

En diciembre, Díez había cumplido 80 años. Él vivía con su familia en Tibás, y deja a su esposa, Marta Lira –con la que tenía 43 años de casado–, tres hijas (Marta Julia, María Fe y María José) y su único nieto, Luis Fernando Alabi, de 16 años.

Don Fernando siempre quiso ser periodista, asegura su hija Marta Julia, pero se inclinó por la lingüística.

“El hecho de laborar la mayor parte de su vida como columnista y asesor lingüístico en el diario La Nación , lo llenó de satisfacción porque pudo aplicar sus conocimientos al periodismo, otra de sus pasiones. Sus años más felices transcurrieron en el periódico”, añadió.

“Fernando fue un amigo y un maestro. Supo todo sobre el idioma español, y lo supo varias veces. Siempre compartió sus conocimientos, y no le importó cuán ingenua fuera una pregunta. Fue un árbol amistoso que no arrojaba sombra, sino luz. Nos dejó libros igualmente sabios, por los que caminamos aprendiendo otra vez las letras”, dijo Víctor Hurtado Oviedo, editor de la revista Áncora .

Vida en honor al saber. Fernando Díez nació en Valladolid (España) el 2 de diciembre de 1934. Se graduó en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid, y dominaba el latín, además de idiomas modernos.

Fue ordenado sacerdote y en los años 60 llegó a Nicaragua, donde fungió como profesor universitario. Luego, el Vaticano le concedió la dispensa de votos.

Al iniciarse los años 80, se trasladó con su esposa e hijas a Costa Rica, donde fue traductor y corrector del Banco Central.

Fernando Díez obtuvo la nacionalidad costarricense y se dedicó a la docencia universitaria, institucional y empresarial durante 25 años.

Díez publicó siete libros, que reúnen muchas de sus columnas de La Tribuna del Idioma.

Fernando Díez también publicó artículos en otros órganos de prensa, como la revista Pulso del Periodismo (La Florida, Estados Unidos), La Prensa (Buenos Aires, Argentina) y La Prensa (Panamá). El tema común fue el uso del idioma castellano.

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En el 2011, Díez presentó su último libro, Manual del español moderno, con el que aspiraba a aclarar las interrogantes más frecuentes entre las personas que hablan español, y con el que deseaba servir de guía a los que quieren aprender esta lengua.

“El Manual está dirigido a un público muy amplio, como estudiantes de secundaria y universidad, docentes, periodistas y todas esas personas que tienen dudas sobre gramática u ortografía y quieren mejorar la forma en que escriben”, explicó él mismo.

Es que el lingüista defendió siempre el buen uso del idioma. En una entrevista con La Nación en el 2013, dijo:

“En la práctica, el español informal o coloquial debe cumplir las normas gramaticales (morfología, sintaxis y ortografía), aun cuando el aspecto léxico tenga sus propios usos. Por ejemplo, si un costarricense conversa con otro y le dice: ‘El güila se dio un cañazo en la jupa cuando mejengueaba’, este será un mensaje que ambos entenderán dentro de una conversación informal; pero, en una nota periodística, aunque sea para el público costarricense, deberá escribirse: ‘Un niño recibió un golpe en la cabeza cuando practicaba fútbol’”.

“Si bien hizo del buen escribir un apostolado y no lo pensó para quebrar lanzas en defensa de esa misión, no fue don Fernando Díez un ortodoxo ni un inflexible. Tuvo la capacidad de entender los cambios que van afectando y moldeando una lengua, y los aplicaba. Se equivocan quienes pensaron que era uno de esos doctos apegados a ‘san diccionario’. Supo transigir cuando era posible y necesario”, opinó el periodista Víctor Hugo Murillo.

“Su proclividad a la enseñanza era tal que hacía cuanto esfuerzo fuese necesario para arrojar luz a las consultas que le hacíamos, y era capaz de escarbar en cuanto diccionario o texto tenía para alcanzar la respuesta”, dijo.

Sus restos son velados desde ayer en la funeraria La Piedad, 75 metros al sur del parque de Tibás, y sus honras fúnebres tendrán lugar este miércoles 16 de setiembre, a las 11 a. m., en la iglesia de San Juan de Tibás.

Su última columna, La Tribuna del idioma , fue publicada el pasado 13 de setiembre.

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