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Crítica de danza: Para iniciar el vuelo

Actualizado el 12 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Seguridad: La autora se apropia de sus ideas y las expone con claridad

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Crítica de danza: Para iniciar el vuelo

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La bailarina y coreógrafa independiente Inés Aubert presentó el espectáculo unipersonal titulado Aerovías 1.72 , el cual contó con el apoyo del programa Proartes para la producción y, a la vez, le permitió presentarlo en comunidades fuera del área metropolitana, antes de su estreno en el teatro de San José.

Esta obra es parte del proceso de exploración coreográfica que la creadora inició desde hace tres años, junto al bailarín Rodolfo Seas dentro de la agrupación Rescoldos. Aerovías 1.72 también permite observar a una intérprete plena que se adentra en la búsqueda de movimientos más personales, logrando un buen balance entre lo corporal y conceptual.

En este trayecto creativo que realizó Aubert, echó mano y se apropió de los principales elementos que se trabajan en la Danza–Teatro, tales como el vestuario de calle, el manejo de la voz, popurrí musical, repetición de secuencias, abundante utilería, entre otros.

Justo.   Aerovías 1.72  contó con buen ritmo y manejo de los elementos básicos de una composición coreográfica eficaz.  Cortesía Patricia Fernández
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Justo. Aerovías 1.72 contó con buen ritmo y manejo de los elementos básicos de una composición coreográfica eficaz. Cortesía Patricia Fernández

Y con los recursos de esta tendencia logró crear interesantes juegos de movimiento que los entrelazó con imágenes y situaciones que remiten a una danza más introspectiva.

La temática de Aerovías 1.72 pretende dar una mirada a la intimidad femenina y mostrar la complejidad del mundo interior que desea dialogar con la sociedad contemporánea, pero sin plantear una única respuesta o salida. Aubert nos señaló un mundo lleno de frustraciones y temores que crean tensiones en las relaciones humanas; sin embargo, lo hizo con cierto humor y jocosidad, que facilitaron su lectura y apropiación del mensaje.

Aerovías 1.72 , cuya duración es de un poco más de una hora, tiene varias escenas llenas de violencia, que contrastan con otras en las que predomina la sencillez de la existencia y eso contribuye a darle un buen ritmo dramático.

En relación al manejo espacial, la coreógrafa supo aprovechar bien todos las posibilidades del escenario seleccionado, y en él nos presentó diversas situaciones, muchas texturas y sensaciones contrastantes.

En esta aventura con sello personal, tanto la intérprete como la autora utilizaron los opuestos para sugerir posibles salidas.

Los elementos plásticos como el vestuario y la escenografía fueron resueltos por la misma autora. En ellos predominó la austeridad y efectividad. En el diseño de luces Gustavo Vargas intervino dentro de la misma sensibilidad de economía de recursos. Además, Aerovías 1.72 contó con el asesoramiento musical de Alex Catona , quien contribuyó a crear un collage musical con piezas de Amy Winehouse , Mikel Laboa, Daft Punk y sus propios sonidos, que fueron alternados con largos silencios.

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Finalmente, debo señalar que como intérprete en Aerovías 1.72 , vimos a una bailarina muy intensa, con solvencia técnica que asumió un trabajo sin muchas pretensiones, pero que desde el principio fue capaz de atrapar al espectador para poder llevarlo a volar por los territorios sugeridos. Aubert y su personaje se enfrentó a sus temores, se ubicó en los bordes para evitar la comodidad y nos sugirió la reflexión desde la danza.

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