La competencia de cortometrajes en el Costa Rica Festival Internacional de Cine ofrece apertura a temáticas e interrogantes desde diversas perspectivas, estéticas y lenguajes audiovisuales.

 9 diciembre, 2017

El cortometraje ha sido muchas veces comparado con el cuento, tanto porque es realizado muchas veces por cineastas jóvenes al inicio de sus carreras, como por la necesidad de que genere historias breves pero a la vez potentes, impactantes, metafóricas.

No obstante, la diferencia principal es que el corto cinematográfico puede provenir de lenguajes como el documental, la animación, o la experimentación de algunas de esas vertientes audiovisuales, lo cual le confiere muchas veces una diversidad mayor que las ficciones estrictamente literarias.

Por eso, es muy loable que en un festival internacional de cine como el de Costa Rica, que ha ampliado su proyección y públicos en los últimos años, junto a los largometrajes –suerte de “platos fuertes” de la programación– se puedan observar cortometrajes de jóvenes realizadores y realizadoras que abordan problemáticas del contexto costarricense, pero también opciones de otras latitudes y realidades culturales.

Esa diversidad de los cortos seleccionados para competir en el festival se expresa no solo en la escogencia de trabajos relacionados con la ficción, el documental o la animación, sino también en el abordaje de temáticas –como la migración, la sexualidad, la juventud, la vejez– desde sensibilidades y visiones que traspasan cualquier pertenencia a lo “nacional”.

'Chaves en la foto', de Alejandro Bonilla, es uno de los cortometrajes costarricense en el CRFIC 2017.
'Chaves en la foto', de Alejandro Bonilla, es uno de los cortometrajes costarricense en el CRFIC 2017.
Otredades en lo "nacional"

Entre las piezas seleccionadas para el festival se encuentra Lili Zhen Álvarez (Carolina Mora), acercamiento testimonial y sumamente poético a una emigrante china en Costa Rica. Recurre al contrapunto permanente entre la precariedad del lenguaje hablado y una elíptica fotografía de iluminaciones y encuadres sutiles, que expone desde expectativas hasta añoranzas de una mujer joven. Al evidenciar el carácter escindido de cualquier migrante, este documental cuestiona estereotipos y prejuicios que extienden –y a veces estigmatizan– a esos migrantes por sus orígenes.

Otro corto que se encuentra en esa frontera o límite difuso entre ficción y documental es Jabalí (Xavier Irigibel), que se acerca, desde una expresiva fotografía junto a una excelente banda sonora, a un cazador que vive solitario y pobre –como una especie de jabalí salvaje– en un imponente espacio montañoso. Tiene ecos visuales y literarios en los cuentos fantasmagóricos de un Juan Rulfo o las angustias y paisajes de un Carlos Salazar Herrera.

Por otro lado, en El hilo (Pietro Bulgarelli), a través de una fotografía en blanco y negro con efectos de añejamiento cinematográfico, el realizador nos acerca a los fugaces recuerdos y los testimonios de una anciana chilena, que intenta atrapar sus precarias memorias personales y familiares desde una oralidad entrecortada y difusa.

Otro trabajo de ficción con una ambientación realista casi documental es Umbral (Federico Montero), sutil mirada al tema de la vejez y la muerte, en el que su director nos propone una narración concentrada en las vivencias cotidianas de su protagonista en un hogar de ancianos. Su propósito es sensibilizarnos sobre la inevitable vulnerabilidad del cuerpo, pero también la posibilidad de no perder la dignidad mientras exista vida.

Menos concentrada es la ficción La ocarina (María Inés Pijuán), que se acerca al universo simbólico de las representaciones zoomórficas, la música y la oralidad de los malekus, en contrapunto con las vivencias de una niña marcada por un entorno de violencia doméstica.

En una línea documental relacionada con costumbres y tradiciones, La familia de vejiga (Juan Manuel Montero) se aproxima de una manera más convencional a la fiesta de las mascaradas y vejigas en Barva de Heredia. No solo evidencia las restricciones que se han tratado de imponer a esa tradición de dar “vejigazos” de chancho a diestra y siniestra, sino el modo en que sus defensores evaden esas prohibiciones sanitarias modernas.

En otro contexto alejado de Costa Rica y desde un registro mucho más visual y poético, el documental El arte de desenterrar (Alessandra Baltodano), muestra terapias para niños en Estonia, en que se usan colores y actividades sensoriales para potenciar las capacidades creativas y emotivas de los pequeños.

Esas creatividades que dialogan se evidencian también en la animación Chaves en la foto (Alejandro Bonilla), donde el realizador combina dibujos animados, testimonios y poesía para acercarse al reconocido poeta Luis Chaves durante una charla en Alemania, Visualmente se recrean testimonios sobre la infancia, modos de escritura y los posibles vínculos con el realismo poético de sus textos.

Por otro lado, en la ficción Nado (Alejandro Ferlini) observamos los conflictos familiares de un joven que debe enfrentar el conservadurismo y el rechazo de sus padres por su homosexualidad. Debe enfrentarlos y asumir su propio camino e identidad junto a su pareja.

Finalmente, en Elena (Ayerím Villanueva), aborda los conflictos en torno a las sexualidades juveniles. El público encontrará las vivencias de una joven que debe enfrentar el rechazo y negación de su abuela, quien se opone a la atracción que esta chica siente por una amiga de infancia. Hay un acercamiento dramatúrgico a sus protagonistas, que enfatiza esos conflictos y dudas, así como un efectivo uso de los recursos escenográficos, visuales y sonoros. Este corto apuesta también por la necesidad de tomar decisiones acordes a nuestras preferencias sexuales y emocionales, por encima de las represiones familiares y sociales.

De esta manera, la muestra de cortos costarricenses seleccionados en este festival ofrece la pujanza y pluralidad que hoy caracteriza al audiovisual nacional, en especial el hecho por jóvenes cineastas; los diferentes contextos donde se forman y con los que interactúan y, sobre todo, apertura a temáticas e interrogantes desde diversas perspectivas, estéticas y lenguajes audiovisuales.

En programación

Programa 1: lunes 11, a las 6 p. m., en el Cine Magaly, y miércoles 13, a las 8 p. m., en el Teatro 1887 (Cenac): Lili Zhen Álvarez, Elena, El hilo, La ocarina y Chaves en la foto.

Programa 2: martes 12, a las 6 p. m., en el Cine Magaly y jueves 14, a las 8 p. m., en el Teatro 1887: Umbral, El arte de desenterrar, Nado, Jabalí y La familia de la vejiga.