Por: Carlos Soto Campos 13 marzo
Jonathan Saborío tiene un estudio de tatuajes en Tibás que funciona como la oficina de Black Line Productions. Por su parte, Cristian Arce se dedica a trabajar en ventas y marketing . JOSE CORDERO
Jonathan Saborío tiene un estudio de tatuajes en Tibás que funciona como la oficina de Black Line Productions. Por su parte, Cristian Arce se dedica a trabajar en ventas y marketing . JOSE CORDERO

A 14 años de su fundación, Black Line Productions se ha colocado como la productora de conciertos de metal más prominente en el país.

En su historial hay grandes nombres del power metal, como Gamma Ray y Avantasia; de death metal, como Cannibal Corpse y Deicide, o las leyendas del thrash metal Megadeth y Testament.

Que exista tan buena curaduría solo puede tener una explicación. “Somos gente metal trabajando para gente metal, explicó Cristian Arce, quien inició la empresa junto a Jonathan Saborío, en el 2013.

Para este 2017, Black Line Productions ya anunció seis espectáculos, muchos más de los que ha realizado en años anteriores. Y vienen más.

“Estamos en proceso de masificar los conciertos, trabajar en espacios más grandes, trabajar con grupos más grandes y abrirnos a más géneros musicales”, señaló Arce.

Origen. Este 13 de marzo, Black Line anunció a La Nación que su concierto más grande del año será con Helloween, precisamente la banda por la que iniciaron su aventura como productores.

Tras ver la primera presentación de los teutones en Planet Mall, en el 2003, se dieron cuenta de que el público de metal tenía ganas de ver a los mejores de cada género de cerca

“Trajimos al grupo Dismember y realmente fue una mala experiencia”, dijo Arce entre risas.

“No llegó la gente que necesitábamos, ni logramos cubrir ciertos costos, nos costó manejar la producción y la banda”, confesó Arce.

Sin embargo, esa experiencia les dio una probada de todos lo que representaba hacer un show internacional y aprendieron a escuchar a su público.

Cuando criticaron el sonido, lo mejoraron. Cuando criticaron la puntualidad, se volvieron más estrictos. Cuando fanáticos de otros países centroamericanos necesitaron comprar entradas, se las apartaron.

Público. Los fanáticos de metal, sostienen los productores, son bastante apasionados. Si se se abre la mínima posibilidad de que una de sus bandas predilectas pase por Latinoamérica, los inundan con mensajes en Facebook o correos.

“La escena metal en Costa Rica no difiere mucho del resto del mundo: son gente que en serio llevan la camiseta puesta y lo único que exigen es que se les dé por lo que pagan. Pero, en general, están muy divididos por subgéneros de metal , son pocos los que están dispuestos a probar todos los sabores que tiene el metal ”, comenta.

Esta variedad ha hecho que Arce y Jonathan Saborío traigan grupos de todo tipo, aunque no sean de sus favoritos. Ellos dicen ser fanáticos de los géneros más extremos y que por eso trataron de todas las formas de concretar shows con Deicide y Behemoth, pero no se limitan.

Con Deicide, Black Line vivió episodios complicados, cuando en el 2007, el entonces director de Migración, Mario Zamora, manifestó que el grupo solo podría ingresar como turista debido a los contenidos “satánicos” de sus letras.

El problema es ahora una anécdota y un lunar pequeño en la trayectoria de Black Line, quienes creen que los seguidores que tienen, son los mejores.

“El concierto se realizó después y el público de metal demostró lo mismo de siempre: que son personas respetuosas, de distintas procedencias y tan educadas como cualquier otra”, comentó Arce.