Editorial

La pesca de arrastre debe ser proscrita

La indiscriminada masacre de peces pequeños, pulpos, rayas, anguilas, cangrejos y otras especies de la fauna marina causa irreparables daños a las zonas costeras

19 de febrero del 2014. Manifestación pacífica de camaroneros frente a las instalaciones de Incopesca en Puntarenas. Reclaman el vencimiento y la no renovación de los permisos de pesca y la forma en que se le han quitado las areas de trabajo por parte de las organizaciones ambientalistas. En la foto: funcionarios de Incopesca y Guardacostas revisan los excluidores de tortugas que los barcos camaroneros deben utilizar para protección de esos animales.
19 de febrero del 2014. Manifestación pacífica de camaroneros frente a las instalaciones de Incopesca en Puntarenas. Reclaman el vencimiento y la no renovación de los permisos de pesca y la forma en que se le han quitado las areas de trabajo por parte de las organizaciones ambientalistas. En la foto: funcionarios de Incopesca y Guardacostas revisan los excluidores de tortugas que los barcos camaroneros deben utilizar para protección de esos animales. albert marin

A pocos meses de vencer los últimos permisos vigentes para la pesca de arrastre, la Junta Directiva del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) planea dar un nuevo respiro a la técnica, prohibida en el 2013 por la Sala Constitucional para evitar graves daños ambientales. La sentencia dejó un portillo abierto para la emisión de nuevos permisos si los pescadores adoptan dispositivos capaces de reducir la captura incidental. Por ese portillo intenta transitar la administración del presidente, Luis Guillermo Solís.

La indiscriminada masacre de peces pequeños, pulpos, rayas, anguilas, cangrejos y otras especies de la fauna marina causa irreparables daños a las zonas costeras. Por eso los magistrados exigieron estudios científico-técnicos de la reducción de las capturas incidentales y el desperdicio antes de permitir la pesca del camarón mediante la técnica del arrastre.

Científicos y organizaciones ambientalistas se oponen a las pretensiones gubernamentales y citan la ausencia de los estudios exigidos por la Sala Constitucional, pero el gobierno defiende la reactivación de los permisos porque 3.750 habitantes de la costa Pacífica dependen de la actividad.

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